“El Estado no hace el arte, lo acompaña”




Cuatro expertos en economía analizan estrategias de gestión cultural
“El Estado no hace el arte, lo acompaña”
El riesgo de la domesticación de la cultura por parte de los aparatos estatales. Ventajas y desventajas de la ley de mecenazgo. El rol del sector privado. Todo bajo la lupa de especialistas de Argentina, Brasil y Chile.

La cita es en un bar en la esquina de la facultad de Ciencias Económicas. A escasos cincuenta metros y en pocos minutos más, se va a desarrollar el seminario internacional “Aportes financieros del sector privado a las artes”, con auspicio del Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

En la mesa se encuentran José Carlos Barboza de Oliveira, ingeniero brasileño, especialista en incentivos fiscales; Cristian Antoine, chileno, director del magister en Gestión Cultural de la Universidad Santo Tomás; Carlos Elia, director del posgrado en Administración de Artes del Espectáculo, de la UBA, y Héctor Schargorodsky, director del Observatorio Cultural de la Facultad de Ciencias Económicas. Lo novedoso: cuatro especialistas en economía analizaban estrategias de gestión cultural.

–¿Qué puede hacer el Estado por la cultura?

Antoine: –Me encantaría cambiar la pregunta por “¿qué debe hacer el Estado por la cultura?”. Y la respuesta es garantizar, desde el punto de vista jurídico, un amplio marco para que las actividades culturales fluyan de manera natural en beneficio de las personas. Eso significa que, en algunas sociedades, el Estado debe intervenir más y en otras menos. Pero yo preferiría un Estado menos interventor, porque si bien hay más riesgos de ausencia, le otorga más responsabilidad a los particulares. Cuando el Estado financia las obras, los artistas asumen una actitud más pasiva. Y eso no los convierte en protagonistas de su propio desarrollo personal.

–Pero, generalmente, ¿las actividades artísticas se ahogan por falta de financiamiento?

A.: –Sí y no, depende de qué sociedad estamos mirando. El cuidado del patrimonio histórico, por ejemplo, lo debe hacer el Estado, que es quien tiene más recursos. Pero para mí tiene que generar un buen marco legislativo y procurar una buena educación a la ciudadanía para que pueda disfrutar del arte, desde el ámbito escolar y secundario. Muchas veces, ocurre que se pierde la producción de los artistas porque no hay quién la consuma.

–Brasil tiene experiencia en la financiación del arte por parte de los privados. ¿Cómo funciona la ley de mecenazgo?

Barboza de Oliveira: –En rigor, en Brasil hay un sistema de mecenazgo, porque hay leyes federales, estaduales y municipales. La federal, que es la más importante porque maneja más recursos, trabaja bien. Pero hay que entender que un incentivo, un financiamiento, no puede ser generalizado, tiene que estar dirigido a algunas cuestiones puntuales. En Brasil, lo que ocurre es que las empresas subvencionan actividades donde ya hay mercados, así, aumentan la concentración del mercado cultural y de las clases más ricas. Entonces, es más interesante pensar dónde va a incentivar el Estado. De los lugares donde funciona el mercado, el Estado debe retirarse. La maquinaria pública interviene en la etapa de desarrollo donde no existen incentivos privados. Pero la ley no puede hacer que el Estado recule en el área de Cultura, porque eso perjudica a la sociedad. El apoyo debe ser de forma particularizada, por sectores geográficos y sectores sociales.

–¿Qué ventajas y desventajas encontraron en la ley de mecenazgo?

B. de O.: –Hay una ventaja en movilizar fondos del empresariado hacia la cultura, y una desventaja: que produjo una concentración de las manifestaciones en los sectores urbanos y en las esferas artísticas que les interesaron a las clases dominantes.

–Si el Estado como árbitro se retira del mercado cultural y se rige por las decisiones de las empresas y del mercado no cultural, ¿no segmenta la cultura?

Schargorodsky: –Sí, y te aparece otro problema, que hay actividades de la cultura que a las empresas no les van a interesar, y por lo tanto es un riesgo de que desaparezcan de la agenda. Por eso el Estado debe apoyar las manifestaciones más débiles y servir como facilitador a aquellas áreas que sí tienen apoyo. Debe ser una combinación de los dos factores.

B. de O.: –Es necesario discutir sobre la cultura en una facultad de Ciencias Económicas. Es bueno pensar a la cultura con una visión general de la economía. Y es necesario analizar los recursos y los beneficios para intervenir en la cultura. En términos económicos, pero en una visión macro. Es muy importante analizar la distribución de los bienes culturales. Para esto, hay tres etapas: el financiamiento de la cultura por parte del Estado, la articulación con las empresas privadas a través de la ley de mecenazgo y, por último, lograr la eficacia de muchas industrias culturales como generadoras de riquezas.

A.: –¿Qué pasa si el Estado se retira? No hay existencia histórica de un país en el que el Estado no intervenga en la cultura. Es decir, no hay posibilidad de que la maquinaria estatal no regule el mercado del arte, por eso es una pregunta retórica, en algún sentido. Las diferencias son significativas, pero debemos avanzar para generar un ambiente en el que Estado y privados puedan asociarse para procurar bienes culturales. No sólo el Estado se preocupa por el bien común, también lo hace una empresa cuando invierte en la sociedad. Si recibe un rédito publicitario o impositivo, bien, no hay problema, hay que reconocerlo. Muchas veces nuestros Estados no entregan ese protagonismo a los individuos y deciden qué hacer con nuestros impuestos, no hay democracia impositiva, es resultado de una actitud paternalista que no reconoce la mayoría de edad a los contribuyentes.

–El arte tiene como motor de funcionamiento la ruptura y lo contestatario. Todo Estado que ocupó demasiado espacio lo domesticó, lo terminó convirtiendo en una herramienta de poder, como en el caso del realismo socialista. ¿El mundo privado no corre el riesgo de ser domesticado y mercantilizado?

Elia: –El Estado no hace el arte, en todo caso lo acompaña. Hay que equilibrar. Por ejemplo, las artes plásticas son un gran negocio, pero hay otras áreas que no son redituables. Cuando yo veo que el Estado compra obras de arte, me preocupo, porque no es necesario.

B. de O.: –La generalización provoca una visión turbia. Hay que hacer un seguimiento particular, porque la presencia del Estado es fundamental. Como así también la formación de recursos humanos para la cultura: hay que dar cursos especializados, crear escritores, directores de cine, hay que lograr que la educación normal genere interés por la literatura, formar un equipamiento cultural, con cines y teatros, pero fuera de los centros urbanos. Menos del cinco por ciento de los municipios brasileños tiene salas de cines, menos del siete por ciento tiene salas de teatro. El Estado es fundamental para y en la periferia. En la producción cultural, el Estado no es importante, lo puede hacer el mundo privado, pero sí debe garantizar la posibilidad de que surjan vanguardias, que no tienen respuestas económicamente. Debe garantizar la equidad de la posibilidad de consumo cultural.

–¿Es decir, inyectar demanda más que la oferta?

B. de O.: –Hay que trabajar muy bien la demanda. Un libro equivale a un diez por ciento del salario mínimo, es imposible para un obrero leer un libro. La entrada a los museos es gratuita, pero la posibilidad de comprender esas obras, no; tiene acceso físico, pero no cultural.

–¿Cómo se inyecta demanda?

A.: –El Estado tiene una responsabilidad generando leyes, como el fomento del libro, de la música. Hay un marco legislativo, un sustrato que tiene que ver con la creación de fondos y asignación de recursos. El Fondar (Fondo de las Artes), que asigna recursos, pero no controla el destino y muchas veces tiene propuestas artísticas muy rupturistas y que generan polémica y una institucionalización que acompañe esta legislación.

DIARIO CRITICA
Argentina
18 de julio de 2008

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