El Patrón de la Cultura


PERIODISTAS INVITADAS:
Pamela Pama, Camila Vázquez y Fernanda Araya
El ejemplar estilo de intervención estatal en Francia:
El Patrón de la cultura
· Comenzó con el mecenazgo y el patrimonio hace más de medio siglo y aún sigue siendo el modelo cultural más codiciado del mundo. Esto, por el solo hecho de haber demostrado que las políticas culturales de financiamiento del Gobierno central y local, no sólo pueden hacer que el arte, la, danza, el teatro, y todas las demás disciplinas estén al alcance de todos, sino también que los mismos artistas puedan vivir y comer de la cultura.
Por F. Araya / P. Palma / C. Vásquez

No se trata de hacer de un Marcel Marceau un vendedor de silencios tan característico de la pantomima, ni que Edith Piaf ofrezca su voz al mejor postor, sino que entender que la cultura genera riqueza, empleo y que la Gestión Cultural contribuye al proyecto cultural no desde la estética o la artística, sino que desde la viabilidad económica. Y que la intervención del Estado en mayor o en menor medida, puede determinar la eficiencia de este. Esto es algo que tiene absolutamente claro el modelo francés, el que hoy es mirado como un ejemplo a seguir.

Francia con todo su esplendor artístico, su diversidad cultural, sus parajes impregnados de museos, esculturas y de un idioma particular, es un referente mundialmente indiscutido sobre dinámicas de políticas culturales, pasando por fuertes intervenciones estatales hasta la inclusión del sector privado. Hoy, la gestión cultural francesa puede ser clasificada dentro de un estilo de intervención donde el Estado es partícipe de la elaboración de políticas culturales, el denominado estilo de intervención Arquitecto. Sin embargo ¿podemos determinar que esta mediación estatal sea la más apropiada para ejercer políticas culturales? o bien ¿Es Francia realmente un referente en administración de la cultura?

Cultura de todos y para todos
La política cultural de Francia y el desarrollo de la misma ha sido un marcado debate durante muchos años. Esto debido a la peculiaridad que guarda su estructura, en gran medida, la relación entre el poder y la sociedad francesa.

Un hecho que logra explicar esta contrariedad es la estructuración de las elites en el centro, aspecto que deja a las otras localidades en una diferencia abismante respecto al desarrollo de la cultura. Esta característica logra dividir los intereses en sectores y desarrollar poderes asimétricos respecto a las políticas culturales.

Pese a esto, el modelo de las políticas culturales en Francia se ha caracterizado fuertemente por la fase monárquica de su historia, donde se ha mantenido constante la relación entre la sociedad y el poder, estableciendo desde el siglo XVII el modelo Mecenas, es decir, que se paga por cultura, pero a partir de un cuerpo autónomo.

No es por nada que la estructura cultural de este país haya sido imitada por varias otras ciudades europeas y en general de todo el mundo. Un caso actual es la BBC de Inglaterra, o TVN de Chile, canales públicos, estatales, pero no del gobierno.

Actualmente el modelo francés se caracteriza por uno cuya intervención es denominada de tipo Arquitecto lo que quiere decir que el Estado es partícipe de la elaboración de políticas culturales, crea las condiciones paga y ejecuta aunque deja participar al sector privado en la concreción del proyecto cultural.

“El modelo cultural francés sigue siendo un modelo a seguir, porque es totalmente justificado que el Estado intervenga en este sector con políticas públicas que ayuden la creatividad, la difusión, las expresiones, la comercialización de la producción cultural”, aseguró el consejero de cooperación y acción cultural del Instituto Chileno Francés (ICF), Philippe Valeri.

Definir una política cultural para Francia comienza desde la creación del Ministerio de Cultura a finales de los años cincuenta ( hecho pionero en temas de administración cultural) época en la cual se dio un importante espacio al análisis de las estructuras que se estaban desarrollando en el país respecto a la cultura. La fundación de un verdadero Ministerio de la Cultura logró establecer el nuevo voluntarismo del Estado, el cual se traduce en la ampliación de sus servicios culturales y el hecho de controlar un nuevo sector de la vida social, pero este se ceñía a un mecanismo centralizado. Con los años y, por la necesidad de hacer de Europa una unidad internacional, aquel sentido fue desapareciendo.

“Ya no es como antes, como cuando recién comenzó el interés por la cultura, después de la guerra. Ya no tenemos esa visión centralizada en el Estado. Éste sigue siendo por supuesto un actor importante, pero también las regiones son importantes”, manifestó Valeri.

La instalación de este ministerio dio parte de sus frutos durante los primeros diez años de su funcionamiento, tiempo durante el cual se generó la modernización de las políticas del patrimonio cultural, pues uno de los grandes fundamentos de la cultura en Francia ha sido la conservación del patrimonio y la diversidad de la misma.

Traspasando fronteras

Las iniciativas que han surgido para promocionar el avance cultural en Francia son variadas. Existe una diversidad de programas y fondos que destina recursos para el “mercado cultural”. Philippe Valeri asegura que el Fondo Nacional de las Artes (FONDART) chileno, es una copia de las iniciativas Francesas.

De hecho, la dinámica de postulación es similar, ya que se presenta un proyecto, y hay un jurado -conformado por artistas-, que es el encargado de dirimir cuáles serán los trabajos ganadores.
En esta misma línea existe un fondo llamado “Adelanto y Ganancia sobre las Culturas” que a juicio de Valeri, es muy exitoso, ya que éste recibe entre un 10 y un 15% del Producto Interno Bruto de la “madre patria”, para potenciar la producción nacional cinematográfica.
Es tal la preocupación estatal por la difusión cinematográfica, que en la actualidad, es el mismo centro nacional del cine tiene un fondo para financiar películas extranjeras: El Fondo Sur, el que incluso, dentro de sus último concurso, según Valeri ha seleccionado a un proyecto chileno, dejando en claro que de alguna manera el interés del estado francés por potenciar la cultura es tal, que incluso ha traspasado fronteras.

Frente a esto, Philippe Valeri grafica que existen muchas organizaciones, colectivos y agrupaciones que no podrían existir sin la subvención del Estado, entre ellos el Cirque du Soleil. “Las subvenciones provienen de parte del Ministerio de Cultura o de parte de una agencia francesa que se llama “Cultures France”. Esta organización es la encargada de ayudar a las compañías de teatro, por ejemplo, a venir a Chile cuando se celebra “Santiago a Mil”. Esta misma agencia, también promueve a Francia en otros países”.

Un ejemplo claro del apoyo estatal fue la visita de “La Pequeña Gigante” de la compañía Royal de Luxe, la que a su vez instaló un colectivo teatral itinerante chileno-francés llamado “La gran Reyneta” y conocido por una de sus obras magistrales “Roman Photo”.

Efectivamente Francia es un modelo a seguir y proyectos como Balmaceda1215 o Estación Mapocho son ejemplos claros de inspiración en las dinámicas de gestión en Francia. Por otro lado, el país de la Marsellesa cada vez se abre más al tercer sector para financiar nuevos proyectos, sin embargo, como señalan los expertos y experimentados en el tema, la necesidad de explotar la cooperación privada sigue siendo una tarea inconclusa.


Proteger: Esa es su consigna
Como sostiene Philippe actualmente para Francia la protección de la diversidad cultural es importante,”pues creemos que existe un riesgo de monopolio anglosajón. De hecho, en el 2006 se firmó en el marco de la UNESCO un convenio internacional que fue ratificado por bastantes países, incluido Chile, quien lo hizo el 16 de septiembre de este año”, asegura el experto, tras destacar que este es un tratado internacional sobre la protección y promoción de la diversidad cultural.

Desde el momento en que se patentaron las ideas del Ministerio de la Cultura que se gestó un consenso ideológico en base a la necesidad de crear una política cultural y una democratización de la misma. Esta nueva dinámica de desarrollo cultural basado en el reconocimiento de la pluralidad y de la horizontalidad en las formas de expresión, traería de la mano la necesidad de generar más gastos públicos, porque hasta fin de los años 60, el Estado ya gastaba cerca del 0.6%.

“La legitimidad que tiene la intervención del estado de Francia en la cultura es algo que existe hace más de medio siglo y ya está repartida en el mundo. Hoy interviene de forma general, porque las 20 regiones también participan en el sector cultural, de hecho la mitad de dinero proviene de la región y la otra mitad del estado. Cada una aporta un 1%”, sostuvo Valeri.

Pero la presencia de André Malraux, como el primer ministro de cultura francés, fue la que movilizó la descentralización del aparato cultural, pues agilizó la apertura regional de la cultura hacia otros espacios del país. “Actualmente en Francia hay 100 departamentos o casas de cultura, cada uno por provincia, las que nacieron después de la política de descentralización que aplicó Malraux”, sostuvo Philippe Valeri.

No obstante, para que Francia se desarrollara en materias culturales, se necesitó la intervención de uno de los ministros más emblemáticos de los años 80: Jack Lang, quien obtuvo, de acuerdo a sus gestiones, la duplicación del gasto cultural, llegando a un 1%. El nuevo presupuesto permitió el crecimiento de varios sectores culturales y también desarrollar nuevas relaciones entre las regiones.

Una parte importante de dicho presupuesto es el que se transfiere a entidades locales, otorgando créditos que representan más del doble del presupuesto total del Ministerio de Cultura. Sin olvidar que, por otro lado y sobre la base del mismo fin, el Estado fomenta el mecenazgo privado de particulares y empresas culturales para aportar en desarrollo de las artes y la cultura.

Entre 1982 y 1995 las orientaciones por sectores cambiarían. Se firmó una norma que asegura el precio único del libro, una política de grandes obras en equipamiento, además de La Creación de Direcciones Regionales del Ministerio de Cultura (las DRAC) dentro de cada región. Se reconocen nuevas prácticas culturales como el rock, la gastronomía, el rap y la moda. “La tradición francesa dice que cada ciudadano tiene un derecho cultural. En el caso de los libros hay una política bien conocida, que se llama el precio único del libro, que dice que cualquier sea el lugar donde se vende el libro tiene que tener el mismo precio. Es decir, que el Estado subvenciona a los pequeños vendedores que tiene menos clientes, para que venda al mismo precio que lo hace un drugstore”, asegura el consejero.

Hoy en Francia las regiones se han dado cuenta de su deber por intervenir en el sector cultural, debido a que la cohesión social, la lucha contra la exclusión y permitir que todos tengan la oportunidad de participar de la vida social y cultural es un derecho que son capaces de vislumbrar. Esta es finalmente la idea central de la intervención estatal, desde sus inicios. “Las leyes implantadas por el Estado francés para aumentar el poder en las regiones, han hecho que hoy las regiones decidan cómo van a implementar una casa de la cultura, hoy se logró que las regiones sean autónomas”, enfatizó Valeri.

XVIII. A nivel simbólico, hace también referencia a una cierta forma de continuidad en la relación entre cultura y poder que fue la marca de la fase monárquica (el “mecenazgo”), y la fase moderna de desarrollo de las políticas culturales durante el siglo XX, un sello necesario para llevar a cabo las políticas de los proyectos culturales como forma de riqueza regional, tanto espiritual como económica.

En Francia se realiza la cultura en lugares abiertos a la comunidad, como es el caso de un museo de artes primarias construido con dinero del Estado, se trata del Musée du quai Branly. Este es un espacio centrado en el arte precolombino, ubicado en el centro de París, cuya inversión fue millonaria y la cooperación estuvo siempre abierta a todos los países interesados, respecto a la protección de las artes primarias. Según Philippe, la preocupación del gobierno Francés por rescatar este tipo de espacios, es lo que hace valer la expresión cultural francesa, “cualquiera sea ella” y por supuesto también la viabilidad económica que puedan tener los proyectos.

Actualmente en Francia, el ministerio de la cultura está interesado esencialmente en el patrimonio cultural, el que es financiado por el Estado y a su vez recibe dinero de la UNESCO, todo esto para resolver de una mejor manera la gestión de las políticas culturales del país.

Uno de los programas destacados en este país europeo, consiste en la remodelación de las obras. Es por esta razón que se generó la instancia de crear las leyes "Lang” en 1981.

Si bien, en Francia sigue siendo muy fuerte la intervención pública de parte del Estado, en lo que respecta a financiamiento, este tipo de iniciativas no se puede hacer sin el apoyo de la gente, de las empresas, de fondos internacionales, como el de la UNESCO, porque para el Estado el problema es siempre la plata. “No se puede bajar el presupuesto del Ministerio de Cultura en Francia, sin que fuera un drama público” explica Valeri. Por lo que se hace necesario conseguir o recaudar fondos tal vez de otra manera alternativa a la participación del Estado.

Actualmente en Francia existen muchas empresas que intervienen en el sector cultural, como es el caso de fundaciones de empresas nacionales que protegen la danza. En el caso del cine, la Fundación Gan, de la reconocida Compañía de Seguros, es quien interviene y aporta a su desarrollo. Por otro lado se encuentra la Fundación D´Assaolut, una empresa de aviones que interviene en varios sectores artísticos, especialmente en proyectos de artes escénicas.

Philippe declara que gracias a todas las gestiones que se han realizado en el país, “hoy se puede vivir de la cultura”, aunque aún se lamente de que ésta aún no pueda ser un mercado autónomo. “La cultura es un bien que puede ser autosuficiente, pero en Francia aún no se logra ejecutar con claridad”, sostuvo el coordinador.

Al parecer, la fortaleza del Estado Francés está en que artistas y organizaciones artísticas están liberadas de la dependencia del éxito popular a


El teatro, la música y el cine: Los más favorecidos por la “Madre Patria”
· El teatro callejero, específicamente en colaboración con el Festival Santiago a Mil (Generis Vapeur en 2006, Royal de Luxe en 2007, Groupe F en 2008), y también el teatro contemporáneo con el desarrollo del Festival de Dramaturgia Contemporánea Europea, programa “Circa Latina” de las artes del circo y callejeras.

· La música barroca en el marco del proyecto “Los Caminos del Barroco” que une formación y difusión; intercambio entre la P. Universidad Católica y el Conservatorio Nacional Superior de Música y de Danza de París. También los Encuentros de Compositores contemporáneos organizados en colaboración con el Instituto GOETHE , el Centro Cultural de España y la Pontificia Universidad Católica (bienal).
· Las artes visuales en las que, junto con la organización de exposiciones (Rodin en 2005, Signes d’Existence en 2007, se han establecido acuerdos entre la Escuela Nacional Superior de Bellas Artes y la Escuela del Fresnoy para el intercambio de profesionales y artistas.
· En el campo del cine se privilegia la promoción de la producción francesa a través de la organización de ciclos (CINEUC) y la participación en festivales como SANFIC, FIDOCS, Festival del Film Independiente, de creciente éxito; Festival Internacional del Cine Documental; Festival del Cine Europeo. También se promueve el cine chileno en Francia en los festivales importantes. Además se favorece la formación cineastas de Chile que son becados, gracias a la cooperación existente con la FEMIS o la Escuela Louis Lumière.

Cooperación cultural con Chile
De acuerdo a la señora Liliane Arnoldi, secretaria del servicio de cultura de la embajada de Francia en Chile, la ayuda que brinda el Gobierno francés a nuestro país, se caracteriza “prioritariamente por desarrollarse en estrecha colaboración con las fuerzas vivas del medio artístico chileno, como lo son Santiago a Mil, el Teatro Municipal, y el Centro Cultural Matucana, junto a los festivales que se realizan en distintas universidades chilenas , universidades chilenas y las corporaciones culturales de las municipalidades.
Pero según Arnoldo, Francia enfatiza su gestión cultural en Chile, enfocado en una política cultural pública. Esto lo hacemos mediante nuestro apoyo al CNCA, a través de visitas de expertos, invitaciones de responsables chilenos a Francia y por medio de nuestra colaboración con la nueva Cineteca Nacional en particular, el desarrollo del INA - Instituto Nacional del Audiovisual y del CNC , al Centro Nacional del Cine y a la Biblioteca Nacional.
Pero sin lugar a dudas destaca que la principal ayuda está enfocada en apoyar a los jóvenes artistas chilenos, ya sea en el campo de la formación de la música Barroca, del nuevo circo, del teatro callejero, y con los programas de asistentes en Francia, con unos cupos reservados anualmente para artistas chilenos.

Fernanda Araya: Bailarina, amante del arte y las letras. Estudió Periodismo precisamente porque su mayor anhelo es consagrarse como escritora.

Pamela Palma: Actriz por esencia. Su desplante e histrionismo lo ha reflejado en cada uno de los artículos que ha publicado en el semanario chileno The Clinic.

Camila Vásquez: Apasionada por el cuidado de los animales y del medio ambiente. Al momento de escribir lo que más le gusta es describir ambientes, y hacer sentir partícipe al lector, de sus escritos.

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