Mediación y comunicación de la cultura





Para las ciudades y sus habitantes, los equipamientos y espacios para la cultura y las artes ofrecen actividades y servicios que contribuyen a la satisfacción de los derechos culturales del ciudadano. Un aspecto no menor para poder garantizar esos servicios es contar con un eficiente programa de comunicación que asegure un flujo continuo de mensajes. No obstante la relevancia que la comunicación adquiere entonces para el éxito en la satisfacción de los derechos culturales, parece ser ésta una función tradicionalmente relegada en las corporaciones culturales locales. Hoy en Chile se está desarrollando una importante infraestructura cultural, tanto pública como privada. No obstante, la mayoría de las instalaciones que actualmente existen, suele desarrollar funcionalidades únicas y excluyentes, sin pensar en las audiencias, no conocen las necesidades de su público.
¿Es la comunicación un elemento clave para su concepción y funcionamiento?, ¿esta gestionada eficazmente? ¿La comunicación en las organizaciones culturales se realiza con criterios de planificación estrictos, destinados a asegurar una eficiente provisión de mensajes a las audiencias, actuando como una auténtica mediación?
Para las ciudades y sus habitantes, los equipamientos para la cultura y las artes ofrecen actividades y servicios culturales de valor . Su presencia contribuye a la satisfacción de los derechos culturales del ciudadano. No obstante su relevancia, parecen descuidar uno de los aspectos cruciales vinculado con la difusión cultural: la necesidad de contar con eficientes mecanismos de comunicación con sus audiencias que aseguren a los ciudadanos poder contar con un flujo eficiente de mensajes que les permitan adoptar las mejores decisiones en su diario vivir. ¿Será acaso la hora de considerar que la gestión de organizaciones de servicios culturales deba asumir con propiedad la condición de una mediación cultural? Una mediación donde las capacidades comunicativas de los centros culturales y casas de cultura sea un aspecto determinante de sus posibilidades de alcanzar sus objetivos. ¿Es posible que este enfoque de la comunicación de organizaciones culturales centrado en la mediación cultural suponga un campo laboral emergente para los egresados y titulados de las carreras de Comunicación?

I. Ciudad y servicios culturales municipales
La implicación de la cultura en el campo social no es un hecho nuevo, pues se han realizado ya algunas investigaciones (ROUOT, 1999; PUIG, 2000; BRILL, 1992; AUGE, 1993) destinadas a analizar los fenómenos culturales y su cruce con algunos otros campos sociales, políticos y urbanos .
En otros estudios (LOPEZ DE AGUILETA, 2000) se ha destacado la capacidad de la ciudad y la comuna como generadora de identidad, pues es en el municipio donde la persona primero reconoce su propia cultura . El ámbito en el que primero se estructura la identidad colectiva (ANTOINE, 2005ª) ..
Se ha sostenido que esta idea central de que la ciudad es el espacio donde cuaja la cultura necesita ser asumida por todas las instancias públicas para que los gobiernos de las ciudades dispongan de las competencias y de los recursos necesarios, de manera que la gestión pública de la cultura definida a través de las políticas culturales sea más efectiva . En efecto, el campo de acción de las políticas culturales (ACHUGAR, 2003; FRANCH, 2000; IBAÑEZ, 2003) ha venido expandiéndose y, junto con éste, el reconocimiento de que a la par del desarrollo del arte, las políticas culturales inciden en la economía, la política, la vida social, estimulando la inversión interna, creando empleos, apoyando exportaciones e impulsando la competencia internacional . Asimismo, son un importante factor potencial de cohesión social: contribuyen a la integración de grupos minoritarios, pueden promover la armonía, mejorar la calidad de vida, renovar zonas urbanas y apuntalar programas de mejoramiento de la seguridad . Pero no basta con reconocer la existencia de derechos culturales a los ciudadanos (ANTOINE, 2004, 2005), es necesario contar con unas estructuras y un tipo de organización social que los haga visibles y operativos . La CEPAL ha declarado que los ciudadanos reconocen la existencia y validez de la aplicación de sus derechos culturales en la medida en que participan de ellos en la escala que les es más próxima . Esa escala nos parece que corresponde a la de las instalaciones para la provisión de servicios culturales en la comuna.
Se ha destacado (BORJA y MUXI, 2001) el rol que los centros culturales y espacios públicos para la cultura representan en las ciudades modernas para la construcción de ciudadanía . No obstante su relevancia, se trata aún de un área poco estudiada en nuestro medio, realidad que contrasta con la dedicada atención que han recibido por ejemplo en España, donde LORENTE (1997) los ha analizado en su vinculación con la creación de valor arquitectónico, MORENO JIMENEZ (1991) desde sus emplazamientos geográficos y, HERNANDEZ (1997) ha propuesto una metodología para el levantamiento de datos sobre ellos .
A la fecha, no se ha publicado un catastro del estado actual de las instalaciones culturales del país. Contrasta ello con la atención que han recibido los estudios sobre fundaciones y otras áreas de la acción cultural contemplados en trabajos como los del propio Ministerio de Educación en la Cartografía Cultural . No obstante, un esfuerzo de difusión destacable es el que hace el portal culturachile.cl. Allí se encuentra la sección ESPACIOS CULTURALES, donde se entrega información de los diferentes recintos abiertos a la cultura, como museos, centros culturales, bibliotecas y centros deportivos – culturales. Para la lista está incompleta.
La falta de datos “duros” es un escollo para la planificación eficiente de los recursos, como lo hizo notar en su oportunidad la División de Cultura del Ministerio de Educación en su diagnóstico sobre la actividad cultural de los municipios del país y, en su momento, la propia Comisión redactora del informe “Chile está en deuda con la cultura” .
La provincia de Santiago es una de las seis provincias en las cuales se divide la Región Metropolitana de Santiago, siendo la que alberga a la mayoría de la población de la región, como así también a 31 de las más de 35 comunas que conforman el llamado Gran Santiago. La actividad económica de la Provincia produce cerca del 30% del total del país, tanto por tener dentro de su área la capital del Estado como por su céntrica ubicación. El sector primario o agrícola representa menos del 3,5% de las actividades según el censo, cifra que se mantiene hasta la actualidad con ligeras variaciones. Las actividades secundarias o industriales, por su parte, hacen un aporte de un 21% al PIB regional. Por último, la contribución del sector terciario o de servicios al PIB regional fluctúa alrededor de un 76%. De acuerdo a los datos arrojados por el censo realizado el año 2002, la Provincia de Santiago contaba con 4.728.443 habitantes, de los cuales 2.244.497 son hombres y 2.483.946 mujeres. La densidad de población es la más alta de todo Chile, con 2.304,83 hab/km², siendo la comuna más densamente poblada la de Lo Prado y la más populosa el suburbio capitalino de Maipú con 468.390 habitantes. El 98,92 % de la población es urbana. La tasa de crecimiento anual se calcula, para el año 2005, de un 0,9 %. La esperanza de vida es idéntica a la nacional: 80 años, 78 en el caso de los hombres y 82 en el caso de las mujeres, la tasa más alta de Latinoamérica.


II. Los equipamientos culturales
Los equipamientos de la cultura (KALEIDOS, 2002) son infraestructuras en el sentido que acogen una gama más o menos amplia de actividades y servicios culturales .
Desde una perspectiva más doctrinaria, los equipamientos suelen ser edificios de uso comunitario que disponen de una determinada dotación y están orientados a la prestación de ciertos servicios . Se trata ciertamente de una construcción con una repercusión espacial que tiene una presencia física en el paisaje urbano. ELIZAGARATE (2003) ha señalado que son un elemento estructuralmente configurante de la ciudad . Los tipos de equipamientos son Teatros, Bibliotecas, Museos, Cines, Salas de Exposiciones, Escuelas de Música, Salas de Ensayo, Casas de Cultura, entre otras. Los equipamientos culturales contribuyen a niveles más altos de competencia, creatividad y seguridad, así como a la cohesión social, promoviendo una mejor comprensión de culturas y distintas generaciones de la sociedad. Asimismo, animan a los ciudadanos a participar más activamente en el desarrollo colectivo, provocando una mayor conciencia de identidad y favoreciendo o creando tradiciones locales . Son espacios de consumo colectivo o comunitario, que nacen para el uso público y ejercen de espacio de socialización. Desde el punto de vista del edificio, una de las cuestiones claves es la ubicación. Su ubicación es un asunto primordial (XABIDE, 2000), y más en el sector cultural, pues una política cultural debería mantener un equilibrio entre equipamientos de proximidad y equipamientos de centralidad .
Los primeros tienen un carácter local, territorial, de servicios básicos para la acción cultural, dirigidos al consumo local; mientras que los equipamientos de centralidad son edificios únicos, con dimensión de capitalidad y de no territorialidad, destinados a atraer a todas las personas interesadas, normalmente con una arquitectura singular y de gran tamaño (XABIDE, 2001ª) . Así, mientras la centralidad es necesaria para alcanzar una posición competitiva (la Estación Mapocho, por ejemplo), la proximidad garantiza la atención del ciudadano. A los primeros GUMUCIO (2003) los concibe como “edificios o sitios con cierto grado de polivalencia que, teniendo titularidad pública municipal y, por lo general, un ámbito de influencia limitado dentro del territorio de un municipio, prestan servicios, con cierto nivel de integración, de carácter educativo, cultural, social de “atención al ciudadano”, deportivo o de participación ciudadana, con independencia de su modelo organizativo” . Su misión es la de actuar como: soportes para la articulación urbana; elementos para la integración social y vínculo para la vertebración de la comunidad (XABIDE, 2001b) .
Dentro de los equipamientos de proximidad incluiremos también a los Centros Culturales Comunitarios. Los Centros Culturales Comunitarios, son organizaciones que no tienen fines de lucro y gozan de personalidad jurídica y pueden constituirse mediante lo que la legalidad vigente estipula como Organización Comunitaria Funcional, según aparece en la Ley Nº 19.418, sobre Junta de Vecinos y demás Organizaciones Comunitarias .
Entre las cuestiones que todo equipamiento debe tener en cuenta destaca la necesaria referencia a las necesidades que intenta cubrir. Aquí lo interesante es reconocer que no todas las necesidades se cubren en los equipamientos, aunque estos suelan prestar su concurso a cuatro aspectos de relevancia: espacial, cultural, político y simbólico .
La tradición anglosajona reconoce diferencias entre los denominados Centros Artísticos Comunitarios (Community Centres), de implementación primordial en el Reino Unido y los países de órbita anglosajona, las Casas de la Cultura (Maisons de la Culture), en Francia; y los Centros Cívicos (Centri Civici) en Italia.
En un reciente estudio sobre los Arts Centres, en el Reino Unido (MIRALLES-SABOYA, s/f) estos se definen como organizaciones artísticas que reúnen las siguientes cinco condiciones: a)La existencia de un programa y de una política orientada hacia más de una forma artística o cultural, b) La utilización de más de un espacio para el desarrollo de las actividades artísticas y culturales; c) La existencia de unas mínimas estructuras e inputs profesionales; d) Su uso fundamental no debe formar parte de los servicios de educación formal o de educación de adultos y, e) No debe estar subvencionado prioritariamente como espacio teatral .
A nosotros nos parece que entre esas mínimas estructuras e inputs profesionales deben estar las comunicacionales.

III. Las casas de Cultura
Es interesante seguir la evolución de las Casas de Cultura, por ser el concepto más extendido en el medio local cuando se alude a equipamientos culturales de proximidad. Especialmente cuando tenemos en cuenta de que hoy en Chile está en pleno auge el desarrollo de la infraestructura cultural, tanto pública como privada, y que dentro de este contexto una tendencia dominante ha sido la creación de centros culturales . En efecto, una de las medidas del actual gobierno dice relación con completar el programa de infraestructura cultural para el Bicentenario, implementando en Chile al menos un centro cultural en cada comuna de más de 50 mil habitantes .
Las Casas de Cultura, son espacios en los cuales se desarrolla, fortalece y recrea la actividad cultural y artística de una comunidad. Son lugares propicios para la participación ciudadana (ANTOINE, 2005), el encuentro y la convivencia, y por lo tanto generadores de tejido social y de una ciudadanía democrática construida a partir de la vivencia cultural . En las casas de la cultura se desarrollan procesos de formación, creación, difusión, investigación y organización de procesos artísticos y culturales .
En cuanto equipamiento cultural, las casas de cultura se constituyen como una respuesta social, cultural y/o educativa en momentos de transformación profunda de las relaciones entre la comunidad y sus instituciones . Los distintos modelos de equipamientos existentes emergen de una tensión fundacional entre sus tres grandes finalidades políticas, a saber: a) el equipamiento como instrumento para la producción de una gama más o menos extensa de servicios, orientados a amplias capas de la población; b) el equipamiento como casa común, ya sea en su faceta de contenedor pasivo de colectivos y entidades, o en su papel de contenedor activo de iniciativas y proyectos; y, c) el equipamiento como artefacto susceptible de contribuir en la construcción del tejido social (fortalecimiento de la sociedad civil, vertebración de la comunidad, etc.)
Son equipamientos con carácter territorial (ALDANONDO, 2003) que realizan una actividad social y cultural prioritaria y diversificada, con dotación para realizar actividades de difusión, formación y creación en diferentes ámbitos de la cultura, así como dinamización de entidades . Preferentemente dedicadas a la promoción y difusión de la cultura, a través, de la organización de actividades de exhibición, formación e intercambio cultural .
Como promotores de una mejor calidad de vida, las instalaciones culturales tienen a su favor el ser infraestructuras conocidas, fáciles de ubicar, legitimadas socialmente y poseer, en general, una buena imagen . En contra, suelen carecer de espacios adecuados para el encuentro, pocas disponen de otros servicios tan necesarios para sus usuarios como estacionamientos, seguridad, restoranes y cafés, tiendas de recuerdos y souvenirs, guarderías infantiles, etc . La mayoría suele desarrollar funcionalidades únicas y excluyentes, sin pensar en las audiencias, no conocen las necesidades de su público, no son polivalentes ni están bien gestionadas . MARCO-SERRANO (2006) ha propuesto una estrategia para monitorear la eficacia de estas y otras organizaciones culturales, mientras CANCINO y ROMAN (2005) han desarrollado indicadores para la evaluación de las políticas que los rigen . Incluyendo las de comunicación.





IV. La gestión de la comunicación
La comunicación en organizaciones culturales es una cuestión transversal relacionada con todas las áreas de funcionamiento de la entidad. Esta situación es específica de estas organizaciones (VIDAL-CREIXAMS, 2003), que tienen en la coherencia entre su misión y sus actividades su principal fuente de legitimidad . Esta coherencia tiene una relación directa con la comunicación que la organización necesita establecer con todos los colectivos involucrados: el voluntariado, la base social, los profesionales, los financiadores, la administración pública, los beneficiarios. La comunicación interna ha de permitir la participación de las personas involucradas en la organización y en su funcionamiento. Y esta comunicación ha de ser coherente con la comunicación que realice la entidad para captar audiencias o recursos. La comunicación es un elemento clave para su concepción y funcionamiento, debe ser gestionada eficazmente.
La Gestión de la Comunicación (LOSADA DIAZ, 2004; BARTOLI, 1992; POZO, 2000) ha adquirido un papel protagónico en el actual panorama laboral, por ser un reto y una habilidad gerencial, al sensibilizar y socializar tradicionales procesos y/o prácticas profesionales e institucionales, mediante la integración de la comunicación con otras disciplinas como el mercadeo, la administración, la economía, la antropología y la sociología, entre otras . De esta manera, la Gestión de la Comunicación aspira a replantear y posicionar conceptos y acciones (PIÑUEL, 2000), que trasciendan el diseño de procesos de cambio y conciencia social (DIAZ FREJEIRO, 2006), el sentido de pertenencia, convivencia y tolerancia (PEREZ, 2001); para lograr efectos de resonancia positivos y sostenibles dentro del entorno socio cultural (MINGUEZ ARRANZ, 1999) .
VIDAL (2003) ha recomendado que la comunicación en las organizaciones culturales se realice con criterios de planificación más estrictos, destinados a asegurar una eficiente provisión de mensajes a las audiencias . En el medio local, recientemente GALAZ (2007) ha avanzado en el diseño de estrategias de comunicación para un Museo local y, HERRERA y otros (2007) en un estudio aplicado de comportamiento organizacional para un centro cultural .
Un reciente estudio en España sobre el papel de la comunicación en la gestión de espacios culturales, demostró que la mayoría de estos nuevos espacios culturales no tienen autonomía económica, y por tanto dependen de la generosidad de los presupuestos anuales de los diversos gobiernos autonómicos, diputaciones o ayuntamientos a la hora de elaborar su programación de contenidos . Esta dependencia político-económica les deja muchas veces con las manos atadas para hacer un espacio cultural más vivo, más dialogante con su tiempo y más integrado con la realidad social de sus respectivas ciudades. Centros de arte y cultura no parecen estar verdaderamente esforzándose en educar e incrementar el nivel de criterio del público. Parece como si no quisieran tener consumidores de cultura con capacidad de sentido crítico, con más gusto y con más criterio, parece que a los centros culturales no les gustara comunicarse con sus audiencias. CELAYA y VIÑARAS (2006) constatan que suelen ser organizaciones poco preocupadas por la utilización más eficiente de las Nuevas Tecnologías de la Información (TIC’s) .
Se ha recomendado (MACIA, 2003) que asociaciones y fundaciones culturales cuenten con un profesional que coordine y dé unidad a las tareas de comunicación . El Director de Comunicación debe conocer a fondo el entorno en el que actúa su organización y mantener una adecuada relación con los medios de comunicación. Su tarea consiste en establecer un adecuado plan de comunicación que contemple estrategias específicas para este tipo de organizaciones, cuyo objetivo (VIDAL, 2003) no es la cuenta de resultados sino la buena gestión de los servicios que prestan . Para VIDAL (2006) es esencial segmentar bien los públicos destinatarios y conocer sus necesidades para poder establecer el plan de actuación . Según recientes estudios (AZPITARTE, 2006), las organizaciones el tercer sector destinan una media de entre el 3 y el 5 por ciento a tareas de comunicación .
V. La gestión de la comunicación en los centros culturales chilenos
En 2006, el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA) desarrolló un estudio titulado Diagnóstico de la Gestión Cultural de los Municipios de Chile . Entre las conclusiones se destaca que la naciente institucionalidad cultural local es poco formal, dado que sólo la mitad de los municipios posee una estructura para realizar tareas exclusivamente culturales. El resto de los municipios combina la función cultural, con otras funciones no necesariamente vinculantes y se destina escaso personal a las labores en cultura y éste es inestable en sus cargos. Solo una pequeña fracción del personal tiene perfeccionamiento formal en gestión cultural. Una investigación universitaria reciente (FUENTEALBA et. al. 2006) demostró que de las 32 comunas de la provincia de Santiago, sólo 16 mantienen “casas de la Cultura” . La pesquisa demostró preliminarmente que la mayoría de las casas de cultura no cuentan con medios de comunicación propios para la difusión de sus actividades y, cuando existe el responsable de materializar las políticas de comunicación de las organizaciones, en su mayoría este no es un profesional del Periodismo o las Comunicaciones. Un reciente debate volvió a poner en evidencia los problemas derivados de la falta de profesionalismo en la gestión de los centros culturales municipales . En efecto, las Casas de la cultura y centros culturales, correspondieron al 12,1% de las unidades municipales encuestadas, cuentan con un porcentaje importante de unidades cuyos encargados no poseen experiencia en gestión cultural ni municipal (59,1%), ni perfeccionamiento en gestión cultural (82,1%), contándose un 43,8% de encargados con dos años o menos en el cargo. A su vez, sólo un 31,3% cuenta con un plan de desarrollo, y existe un porcentaje importante sin registro de organizaciones culturales y creadores (15,6%) y poca relación con organismos internacionales .
La situación parece no haber cambiado en demasía desde el estudio que en el 2000 publicó el Ministerio de Educación y que demostró que solo la mitad de los municipios en Chile contaban con dependencias exclusivas para la cultura y, que al frente de las mismas, sólo 46% de los responsables tenían título profesional .

VI De la gestión cultural a la mediación cultural
El papel fundamental del gestor en la organización cultural (ANTOINE,2003) es el de facilitar y fortalecer el desarrollo cultural, en su calidad de mediador entre los fenómenos expresivos y creativos y los distintos públicos . Su objetivo fundamental es crear canales que promuevan la participación de la comunidad en la dinámica cultural territorial, lo que a su vez retroalimenta y estimula los fenómenos creativos y los hábitos culturales de la comunidad, procurando el mantenimiento del equilibrio que se debe producir entre la creación y participación y el interés social del desarrollo al acceso de la comunidad al conjunto de los fenómenos culturales. La gestión cultural se orienta (BOIX-VICHE, 1990) a promover la creación cultural y a relacionar a los creadores con los medios y canales de producción y difusión así como con el ciudadano, receptor último del resultado del proceso creativo.
La mediación cultural del arte, por su parte, toma en cuenta al sector cultural, sus profesionales, sus artistas, sus obras y sus bienes y sabe entregarlos a la población, a los públicos diversificados y numerosos . Los mediadores son especialistas encargados de la relación entre todas las formas de arte, de cultura, de patrimonio y la población.
El trabajo de mediación, por su naturaleza favorece el diálogo permanente con el público, en un colegio, en un liceo, en una universidad, en un escuela de música, en una comunidad empresarial, en una comunidad de barrio, en el seno de una asociación, o de un grupo amateur de teatro, música, circo, danza.
Las relaciones entre la gestión cultural y los ámbitos profesionales específicos de las profesiones informativas, tienen alguna exploración en el medio local, pero sin alcanzar resultados concluyentes. Para el Periodismo, se ha destacado hace algunos años a dicho ámbito como una ampliación del campo profesional (DIAZ-MARTIN, 2000) , mientras que para las Relaciones Públicas, se le ha comprendido (DIAZ-OSSA, 2000) como una re interpretación de la propia profesión al interior de los departamentos de comunicación corporativa.
Al destacar los aspectos de « mediación cultural” que tiene la propia actividad del gestor, se avanza en la concepción de un nuevo modelo de gestión cultural que enfatiza los aspectos de “comunicación” y “difusión” de la cultura y las artes por sobre los de “administración” de los mismos, en el sentido como CABRERO (2005) lo ha explicado ya con cierto detalle .
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