50 Años del Ministerio de la Cultura de Francia 26 de Julio 1959 / 26 Julio 2009: (Algunas Fichas)






















Cuatro Principios Centrales


Fuente : La France á la loupe (La política cultural de Francia), 2007, Ministere Affaire Etrangeres

"La política cultural de Francia cubre los sectores del espectáculo vivo, los museos, el libro y la lectura, la lengua francesa, el cine, las artes plásticas, los archivos, la arquitectura y el patrimonio, la acción cultural para promocionar la cultura francesa en el extranjero y la acogida de las culturas extranjeras en Francia, los medios de comunicación. Pendiente de la protección del patrimonio nacional, la política cultural también sostiene activamente la creación contemporánea y favorece la diversidad cultural.

PROGRAMAS DEL MINISTERIO DE CULTURA Y COMUNICACIÓN
La política del Ministerio de Cultura y Comunicación se articula en torno a tres grandes programas de diversas implicaciones:
·la conservación, transmisión y valoración de nuestro patrimonio. Una parte importante de las financiaciones culturales públicas se destina al mantenimiento de los monumentos, las colecciones de museos, los archivos y las bibliotecas (875 millones de euros).
·apoyo a la creación artística, que concierne al espectáculo vivo, el libro y la lectura, las artes plásticas y las industrias culturales (906 millones de euros),
·la democratización de la cultura, la transmisión del saber, la acción internacional (479 millones de euros).

FINANCIACIÓN DE LA CULTURA
En Francia, la cultura siempre ha recibido financiación pública. El Presupuesto dedicado a la cultura representa el 1 % de los Presupuestos del Estado. Una parte importante de dichos créditos nacionales se transfiere a las entidades locales, que otorgan créditos que representan más del doble del presupuesto total del Ministerio de Cultura. Además de esta financiación pública, el Estado fomenta el mecenazgo privado de particulares y empresas (Ley n° 2003-709 de 1 de agosto de 2003).
El Estado protege la especificidad de los bienes culturales, como los libros, aplicando un IVA reducido.

ACCIÓN CULTURAL EN FRANCIA: DESCENTRALIZACIÓN Y DEMOCRATIZACIÓN DE LA CULTURA
La política de desarrollo de la cultura se propone ampliar los públicos y repartir mejor la oferta cultural en el territorio francés. Su tarea es facilitar el acceso al mayor número de personas al patrimonio arquitectónico y artístico y las obras de creación contemporánea. Las acciones de desarrollo cultural se realizan en asociación con las entidades territoriales. Se crean antenas de grandes establecimientos nacionales, como la del Centro Georges Pompidou en Metz, el Museo del Louvre en Lens. Se están realizado otros estudios de descentralización, en particular sobre la Biblioteca Nacional de Francia o el Museo de Orsay.
Como consecuencia del desarrollo de la enseñanza artística y cultural, y del reconocimiento de la diversidad de prácticas artísticas, se han multiplicado los objetivos de financiación pública. La cultura se ha integrado en el pluralismo cultural aproximándose a los distintos públicos, y se ha convertido en un factor de cohesión social. Entre las manifestaciones culturales organizadas anualmente, las Jornadas del Patrimonio -que abren el acceso a monumentos o sitios habitualmente cerrados al público-, y la Fiesta de la Música suscitan una gran participación de los franceses.

ACCIÓN CULTURAL DE FRANCIA A ESCALA INTERNACIONAL
La acción cultural en el extranjero a favor de la francofonía y de la influencia cultural francesa depende esencialmente del Ministerio de Asuntos Exteriores, que administra más del 80 % de los créditos de la acción cultural exterior de Francia, y del Ministerio de Cultura. Esta
acción se traduce por la presencia de una red cultural francesa en el extranjero: los servicios culturales de las embajadas, los 151 institutos franceses y centros culturales, los 283 centros de la Alianza Francesa. La creación de la cadena francesa de información internacional, France 24, y la participación francesa en el proyecto de biblioteca digital europea forman parte de los proyectos que se proponen consolidar la atractividad de Francia. En marzo de 2007, se celebró un acuerdo cultural entre Francia y los Emiratos Árabes Unidos sobre el proyecto del Museo Universal Louvre-Abu Dabi, que abrirá sus puertas en 2012. El acuerdo contempla muchas cooperaciones entre ambos países, tiene una duración de treinta años y su costo es de 1.000 millones de euros. Francia ha reafirmado recientemente su compromiso a favor de la diversidad cultural al ratificar en la UNESCO la Convención sobre la protección y la promoción de la diversidad de las expresiones culturales, que entró en vigor el 18 de marzo de 2007. En el marco de la LOLF (Ley Orgánica de las Leyes de Finanzas), dos programas de la misión «Acción exterior de Francia», dirigidos por el Ministerio de Asuntos Exteriores, conciernen a la política cultural de Francia: «Influencia cultural y científica» y «Audiovisual exterior».
La dimensión cultural se sigue poniendo de relieve en los vínculos que unen a Francia con los demás países. En Francia, a escala nacional o local, se organizan con regularidad eventos sobre un país o sobre obras y artistas de países extranjeros, para crear intercambios entre las culturas extranjeras y el público francés. La agencia CulturesFrance (ex AFAA), cuyas misiones definen conjuntamente los ministerios de Asuntos Exteriores y de Cultura, y que recibe fondos de ambos ministerios, tiene un importante papel en la difusión de la creación contemporánea en el extranjero y en la organización de las temporadas culturales extranjeras en Francia y francesas en el extranjero".




Modelos Gubernamentales (Bodo, 2004)
"... el primer modelo de intervención directa operante en una democracia fue, en 1959, el Ministerio para la Cultura Francesa guiado por André Malraux. Sin embargo,desde antes, más exactamente en 1946, el gran economista John Maynard Keynes había inspirado el primer caso de intervención indirecta, proponiendo al gobierno británico la creación del Arts Council of Great Britain, del cual además fue el primer presidente. La idea de que la intervención del Estado en el espacio de la cultura y de las artes (aunque la protección del patrimonio histórico artístico no hacía parte de las competencias propias de la agencia) no tuviese que depender directamente de la administración, sino que se confiara a un organismo público parcialmente independiente, se basaba en la teoría del arm’s lenght principle. Según dicha teoría, entre el gobierno y la administración de los recursos a las artes era prudente y oportuno conservar la “distancia de un brazo”.
En los años siguientes, cuando –a partir de la mitad de la década de los sesenta– la creación de dispositivos públicos pertinentes de intervención institucional y financiera en el sector 2 de la cultura se volvió una exigencia común para la mayoría de los países, éstos siguieron, más o menos de cerca, los modelos propuestos por Inglaterra y Francia.
El modelo de una intervención por medio de una agencia enfocada principalmente en las artes tuvo seguidores en los países nórdicos y escandinavos, así como en Japón y, sobre todo, en los Estados Unidos. En este último país, gracias al efecto catalizador producido por la creación en 1966, y durante la presidencia Johnson, de la agencia federal para la cultura – el National Endowment for the Arts –, todos los otros 52 estados de la Unión construyeron una amplia y ramificada red de Arts Councils públicos destinados al apoyo de las artes.

Fuente:Carla Bodo, Políticas culturales: modelos gubernamentales, 2004



La Reinvención de la Política Cultura (Rodríguez, 2005)
"En su obra L’invention de la politique culturelle (1996), Philippe Urfalino caracterizó la instauración de la política cultural en Francia, con la creación del Ministerio de Cultura de Malraux en 1959, como el momento en el cual la acción cultural del Estado adquirió por primera vez una misión específica y una coherencia de fondo. En palabras de Urfalino, el departamento de Malraux se atribuyó una misión propia del Estado: dispensar, en aras de la igualdad y de la unidad nacional, la universalidad [de la ciudadanía] a través de las artes (...) Malraux retomó la concepción kantiana del arte como ‘comunicación sin concepto’ para hacer de él un substituto de la religión en una sociedad dominada por la racionalidad científica. El choque estético, sin mediación, sin pedagogía, se suponía capaz de comunicar a todos, fuese cual fuese su condición social, la universalidad de las experiencias de la humanidad. Malraux se apropió también del ideal de la Educación popular de abrir el acceso de todos los franceses a ‘la cultura superior’. Definida así por la conjunción de una filosofía del arte, de un fundamento en un proyecto de reforzamiento de la identidad nacional y de un proyecto social, la misión del nuevo
ministerio lo distinguía de los departamentos de los cuales procedía su cuerpo administrativo (Bellas Artes, Educación nacional, Industria). (Urfalino, 1996, p. 327).
El análisis que lleva a cabo Urfalino en su libro muestra cómo la evolución posterior de la política cultural en Francia ha seguido una trayectoria de desestructuración progresiva, desde el establecimiento de la nueva filosofía de acción propuesta por Jacques Duhamel, ministro de Asuntos culturales de 1971 a 1973, y hasta la difusión de unas nuevas orientaciones por Jack Lang, a partir de 1981. La filosofía del “desarrollo cultural”, propuesta por el ministro
Duhamel, resultaba ya, de hecho, mucho menos coherente que la de Malraux, en cuanto que se caracterizaba justamente por la multiplicidad y la confrontación. “El desarrollo cultural – señala Urfalino (1996, p. 330) – parte de la constatación de un ‘cisma cultural’ (J. Rigaud) entre los creadores y la población”. Ante esa situación, la misión del Estado sería la de apoyar la “cultura plural” (de Certau), de los creadores profesionales y de los grupos sociales y, sobre todo, la de favorecer su confrontación. Era la idea de la “democracia cultural”.
Pero será el deslizamiento de la política cultural de Jack Lang hacia la legitimación economicista de la acción cultural lo que producirá la reinvención de la política cultural a escala local".

Fuente: Arturo Rodríguez Morató, La reinvención de las Políticas Culturales, Sociedade e Estado, Brasília, v. 20, n. 2, p. 351-376, maio/ago. 2005


Les apories de la démocratie culturelle (Autissier, 2006).
"Dans les années 60, l’insistance mise sur la démocratisation entend concilier soutien aux arts labellisés comme participant de la « haute culture » et accès du plus grand nombre. Cette politique repose sur le primat de la « haute culture », comme mode d’éducation3 pour le plus grand nombre. On neutraliserait ainsi l’effervescence artistique en s’efforçant « d’intégrer » au système ses représentants les plus en vue. Certains États membres se livrent à des appréciations chiffrées de l’assistance au spectacle, de la visite des musées, de la lecture. Support de la légitimation des politiques publiques, ces estimations laissent dans l’ombre toute une partie de l’activité culturelle et artistique. Surtout elles ne rendent pas compte des paramètres sous-jacents qui caractérisent la relation aux œuvres. La démocratie culturelle surgit alors comme contestation de la démocratisation culturelle, mais également porteuse de considérations qui supposent résolu le problème. La démocratie culturelle britannique s’efforce de réconcilier les deux acceptions du mot culture — artistique et anthropologique — en postulant que les individus ou les communautés pouvaient prendre leur vie en main grâce à la culture (Owen, 1998). En bref, là où la démocratisation culturelle peine à articuler politique artistique et culturelle, la démocratie culturelle émergente, d’abord soucieuse de favoriser l’accès de diverses minorités à l’espace public, aboutit, malgré elle, à fabriquer des contre-pouvoirs et des « niches identitaires alternatives », dès lors exploitables ou récupérables par des idéologies très diverses, allant du régionalisme linguistique et culturel à la culture « des jeunes » via le populisme de gauche comme de droite (Maffesoli, 2000). Pourtant le terme et la pratique sont repris dans une perspective intégratrice en Allemagne, en Autriche, en France ou en Italie — souvent à l’échelon local pour ne citer que ces quelques exemples. Ce nouveau principe donne lieu à des initiatives intéressantes, dans le domaine de la reconnaissance des langues régionales ou minoritaires comme en Finlande, Italie, Suède, Autriche, Belgique, Italie et Espagne. À titre d’exemple, en Autriche, par exemple, les droits culturels et linguistiques des minorités croates et slovènes ont été constitutionnellement reconnus dès 1955. Le gouvernement espagnol a engagé dès 1977, une reconnaissance culturelle et linguistique de certaines communautés reconnues comme « historiques » : la Galice, l’Andalousie, le Pays basque et la Catalogne. Enfin, le gouvernement italien a reconnu dès 1947, l’existence de régions à « statut spécial » : Sardaigne, Sicile, Frioul-Vénétie-Julienne, Val d’Aoste. Conséquence : la création d’écoles, de stations de radio et de télévision, de journaux et d’éditions dans les langues des régions concernées.

Fuente:Anne Marie Autissier, Politiques culturelles des États européens : pour une nécessaire refondation. 2006

Comentarios

Entradas populares de este blog

Cambios en la legislación sobre financiamiento privado a la cultura en Chile

Acceso a la cultura: La comunicación en los espacios culturales.

Exigencias y desafíos a los investigadores en comunicación