Fundraising universitario. A la caza de las donaciones.





1.- Actualidad de las Donaciones.
Pese a que evoca tiempos pretéritos, el mecenazgo es en la actualidad una práctica bastante común y una herramienta concreta en el arsenal de recursos de comunicación que las empresas disponen para garantizar vínculos de colaboración con su entorno que contribuyan al sostenimiento de su reputación y al acrecentamiento de su imagen. Circunscrito dentro del amplio espacio de la filantropía con causa, (Bremner, 1988) la acción de los mecenas corporativos es un elemento clave para comprender uno de los fenómenos más dinámicos de la vida empresarial moderna.
La filantropía opera entre personas o entidades que donan y personas u organismos que reciben recursos para grupos, comunidades y organizaciones, bajo ciertos principios reconocidos a nivel internacional: Contribución voluntaria a iniciativas; Apoyo sin prejuicios y sin discriminación; Respeto a la libertad y a la dignidad de las personas u organizaciones apoyadas; Identificación con causas sociales, culturales, ecológicas.
En la sociedad moderna, el mecenazgo, denominado por algunos también filantropía (Arbaláez; Bermúdez Guerra, 2008; Bremner, 1988), se asocia a apellidos sonoros como Rockefeller, Getty, Ford o Carnegi u a organizaciones como el Rockefeller Center, La Fundación Ford, el Museo Getty o el Carnegie Hall, en cuanto referentes directos de esta alianza entre la sociedad, el Estado y el empresariado que retorna a la comunidad lo que a través de ella ha ganado, con la ayuda de un pequeño empujón representado en el estímulo fiscal.
A la sombra de esta posibilidad aparece esa especie de ingeniería del ego en que se construyen museos, se invierte en las escuelas y universidades, pabellones de hospitales o en pinacotecas que son donadas a los museos (Arbaláez s/f).
La práctica del mecenazgo se ha asumido como una preocupación permanente de las empresas interesada en encontrar nuevos mecanismos de comunicación con sus públicos. Existe baste consenso entre los especialistas (Antoine, 2009b; Bustamante Belaunde & Marrou Loayza, 1993; Capriotti, 2007; Esmoris, 2008; Labariega Villanueva, 2008) para comprenderlo también como una modalidad de financiamiento de la Cultura que alivia las presionadas arcas públicas, obligadas a atender necesidades más acuciantes para su población.
En una extensión del llamado “principio de colaboración”, se asume que son muchos los llamados a resolver los problemas sociales (y culturales), porque son muchas y diversas las necesidades que demandan la atención correspondiente. Y porque además, los medios de que disponemos para dar respuesta a esas exigencias resultan insuficientes, es imprescindible la cooperación (Zabarte, 1998).
Tradicionalmente las relaciones positivas entre el sector público y el sector privado se han ido fraguando a través de la función de fomento consistente en que el primero incentiva y apoya las actividades proyectadas y desarrolladas por el último. Un ilustre jurista español -Jordana de Pozas- definía dicha función como la "acción de la administración encaminada a proteger o promover aquellas actividades, establecimientos o riquezas debidas a los particulares y que satisfacen necesidades públicas o que se estiman de utilidad general, sin usar de la coacción ni crear servicios públicos. (Zabarte, 1998)"
Desde el punto de la vista de la comunicación estratégica (Minguella, 2001), (Burkardt, sf) el mecenazgo se considera entre las principales formas de información externa de notoriedad para las empresas modernas, e incluye:

“…publicidad, promoción en el lugar de venta, donaciones (ayuda humanitaria o logística a artistas, para causas humanitarias, a asociaciones sin fines de lucro, etc.)
EN, patrocinios (financiación de iniciativas culturales o deportivas); intervenciones en manifestaciones, coloquios; artículos sobre la empresa publicados en revistas técnicas; acciones de ‘difusión’ que se realizan destacando a determinados empleados en diversos organismos o favoreciendo la emigración interna; demostración de productos y visitas a la empresa; presencia en escuelas, universidades, institutos de enseñanza; presencia de stands de la empresa en ferias y exposiciones, etc.”(Bartoli, 1992)


Entre las formas tradicionales que asumen los aportes de mecenas a las universidades, muchas tienen que ver con distintas acciones englobadas bajo la categoría general de “Donativos” (donation), los que pueden incluir, entre otros, las siguientes modalidades (Kelley, 1994):
Subvención (grant ) Es un regalo en efectivo, normalmente de instituciones como una fundación .
Aportación/ contribution, suele referirse más bien a la aportación en dinero hecha por un particular.
Donación o donación en especie / in-kind donation, es la entrega de objetos, alimentos, máquinas.
Ayuda Técnica / technical assistance , es el regalo de un servicio, como el capacitar a los dirigentes de un nuevo programa.

Como modalidad específica de la filantropía corporativa actual, las contribuciones de la empresa y los particulares al desarrollo de centros académicos no son una novedad. Algunos países (vg. Estados Unidos, Australia, entre otros) encuentran en los aportes del sector privado (Hahn, 2007; Levy, 1995) la principal fuente de financiamiento de la educación superior (Bruininks, 2008).

La práctica de donativos a universidades es una experiencia común en la historia de las universidades norteamericanas:

“Otro de esos ejemplos es el de Justin Rockefeller, de la quinta generación de la familia del multimillonario estadounidense John Davinson Rockefeller, y cofundador de Generación Engage, una fundación que busca combatir la apatía política entre los jóvenes de Estados Unidos. Este empresario de 29 años, que se graduó en Ciencias Políticas en la Universidad de Princenton, al instalar el Foro PODER de Filantropía dijo que hay una tradición en la familia relacionada con la donación de recursos que surgió del patriarca John Davison R., quien en 1845, con un ingreso total de US$45, decidió donar US$5 porque consideraba que cada derecho implicaba una responsabilidad. Por eso se constituyó el fondo de los hermanos Rockefeller, el fondo de la familia Rockefeller, así como la fundación que lleva el mismo nombre. Afirmó que la mejor inversión en democracia es buscar la mayor participación de los jóvenes y fomentar el surgimiento de líderes. “No es cierto que sean apáticos o desinteresados, y eso lo demuestran los más de US$2 millones que hemos recaudado de 11 millones de usuarios jóvenes”, dijo Justin Rockefeller, quien indicó que la mala noticia es que hay mucho trabajo por hacer…”(Poder, 2008)

Las donaciones privadas a universidades estadounidenses alcanzaron los 31.600 millones de dólares en 2008, la cifra más elevada jamás registrada (Thomas, 2009). De acuerdo al informe, los estadounidenses también donaron 3.900 millones de dólares para ayudar a estudiantes de países en desarrollo que cursaron estudios en Estados Unidos durante el año académico 2007-2008. Esta cifra supone un aumento del cinco por ciento en relación al periodo 2006–2007.

De allí que no sea extraño constatar que entre quienes recibieron algunas de las más grandes donaciones efectuadas por mecenas en Estados Unidos en los últimos años, figuren prestigiosas instituciones culturales, entre ellas, museos y universidades (Gearhart, 2005; Hahn, 2007; Worth, 2002). Hay ocasiones en que los benefactores prefieren el anonimato[1].
Algunas universidades de Chile también se han beneficiado con estos aportes provenientes desde fundaciones norteamericanas. Pilar Molina (2000) ha hecho una interesante recopilación de esas contribuciones en la década pasada (Molina A., 2000). Estos aportes de fundaciones norteamericanas fueron fundamentales para desarrollar durante el régimen militar, a juicio de la autora, toda la “cultura alternativa” y, aunque no lo señala explícitamente, es probable que correspondan a la categoría de “grants” esbozada por Kelley:
 Fundación Ford: 1984 ½ millón de dólares, 1999, 5 millones de dólares en Chile. En 1999 entregó 91 mil dólares al Instituto de Bioética de la PUC para investigar la vulnerabilidad social en los países del Cono Sur. En 1998 había entregado 100 mil dólares al Departamento de Sociología de la U de Chile en apoyo al programa de investigaciones en áreas de gobernabilidad. En 1999 hizo un aporte de 750 mil dólares al departamento de Ingeniería Industrial de la U de Chile. En 1999 entregó 26 mil dólares a la U. Alberto Hurtado para producir un video sobre la solidaridad y 296 para apoyar la edición de un libro sobre la reconciliación política y la amnistía en Chile.
 Fundación Andrew Mellon: concentra sus donaciones en las universidades y becas. Durante 1996 entregó a la PUC casi 300 mil dólares, a la U de Concepción 180 mil y a la U. de Chile 320 mil. En 1998 entregó a la PUC 550 mil y luego otros 285 mil dólares.
 Fundación Tinker, en 1998 entregó al Centro de Estudios Públicos 156 mil dólares, 300 mil al Centro de Estudios Científicos de Santiago (Claudio Teitelboim) y 37 mil dólares a la Fundación Chile.
 Fundación Star: En 1999 donó 250 mil dólares a la Universidad de Los Andes, repitiendo una subvención que ha entregado en otras ocasiones.
 Fundación Hewlett, contribuyó en 1999 con 300 mil dólares a la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la U de Chile, para su centro de Economía Aplicada. Y le entregó otros 50 mil para la reunión de la Asociación Económica de Latinoamérica y El Caribe. A la Facultad de Derecho de la U. Católica de Temuco le entrego ese mismo año otros 300 mil para un proyecto de dos años de duración. En el 98 dono 215 mil dólares a la Universidad Alberto Hurtado
 Fundación McArthur, contribuyó el 98 con 110 mil dólares a la Red Latinoamericana de Botánica de la U de Chile

Por otra parte, son las Donaciones Efectuadas a Universidades al amparo del Art. 69 de la Ley 18.681 son las que habitualmente en Chile aparecen como vinculadas a las acciones de mecenazgo por parte de las empresas y particulares.

En virtud de esta norma aprobada en 1987 el primer lugar de los planteles chilenos en recibir mayor cantidad de aportes de la empresa privada es (al año 2008) la U. de Los Andes (Mönckeberg, 2003). Con donaciones por $ 5.413 millones de pesos- la universidad capitalina creció un 48% entre 2005 y 2007 ocupando tradicionalmente los primeros lugares del ranking (Redacción, 2008).
El establecimiento ubicado en San Carlos de Apoquindo es el que más aporte privados recibe, superando incluso a la PUC y a la U. de Chile (Rojas & Zambrano, 2008).
En 2007, las donaciones a las universidades sumaron $20mil 225millones. Cifra que supera el aporte estatal a través del AFI[1]. La Universidad Católica, Los Andes, de Chile, del Desarrollo y la Alberto Hurtado siguen liderando este ranking, concentrando más del 80% de los ingresos por este ítem[2].


La U. de Chile consiguió $ 4.500 millones, se ubicó tercero en la lista de instituciones que más donaciones reciben, después de la U. Católica y la U. de los Andes. Gran parte del espectacular crecimiento del plantel se debió a BHP Billiton, operadora de Minera Escondida y Minera Cerro Colorado.




De los 4.500 millones que recibió la institución en 2007, el 75% provenía de esa empresa. Según informó BHP, el destino de los recursos de Minera Escondida fue para implementar el programa Magíster en Gestión para la Globalización. En tanto, la U. Alberto Hurtado creció gracias a los aportes de la familia Hurtado Berger, quienes donaron para la construcción del campus que abarca una manzana completa en Alameda con Almirante Barroso.
Desde que comenzó a manifestarse la crisis económica global, al interior de las universidades chilenas previeron que 2009 sería un año complicado para captar recursos(CEIF, 2009)[3].
Los institutos profesionales también reciben frecuentes donaciones. El ejemplo más emblemático -aunque no el único- es el del Instituto Nacional de Capacitación Profesional (Inacap), el más grande el país, cuyo consejo directivo está integrado por algunos prohombres del gran empresariado como Walter Riesco, José Antonio Guzmán Matta, Andrés Santa Cruz López y Hernán Somerville (Padilla, 2003).
Tratándose de las donaciones a universidades, se ha destacado que este mecanismo tributario ha significado un respaldo decisivo al propósito de lograr una educación superior de calidad, pluralista y solidaria (Poblete, 2009). Esto no es privativo de una institución ni de un sector, pues se trata de un objetivo nacional, común, definido por el Gobierno, el Parlamento, las universidades y todos los demás entes vinculados a los fines públicos.
Así, el mecanismo tributario es un instrumento de distribución de recursos que apunta al corazón de los principios constitucionales de servicialidad del Estado, subsidiariedad e igualdad y que, por lo mismo, debe ser protegido y valorado. Su vigencia operativa, que debiera extenderse muchísimo más, permite hacer realidad la formación humana, profesional e intelectual y la movilidad social de miles de jóvenes.
“También es una cuestión de pluralismo. La distribución de recursos que alienta esta fórmula de donaciones estimula el desarrollo de variadas iniciativas. Las opciones para los donantes son múltiples. Libremente elegirán proyectos de su interés por prestigio, ideario y confianza en el donatario, en su buena administración de los recursos, en su seriedad, en la inexistencia de proyectos aparentes” (Pobrete, 2009).

Se ha ido imponiendo en el mundo el concepto de eficiencia emprendedora en la filantropía, es decir, la asociación de buenas ideas con la eficacia empresarial para resultados concretos. En 2006, los privados norteamericanos donaron voluntariamente el equivalente al 2 % del PGB, 300 mil millones de dólares, en iniciativas espontáneas de ayuda comunitaria (Ebensperger, 2007) . Ya en 1835, Alexis de Tocqueville observaba esa tendencia a buscar soluciones desde la comunidad en vez de depender del Estado.
Uno de los mecanismos más frecuentes de estímulo es a través de las legislaciones que contemplan rebajas en los impuestos a quienes “donan” a causas de interés común.
2.- Modalidades de aplicación de franquicias tributarias
La promoción del mecenazgo a través de leyes que hacen posible las deducciones de impuestos no es novedad en los países desarrollados. Algunos autores están analizando el tema desde una perspectiva jurídica (Corredoira, 1993; Corredoira y Alfonso 1991; Irarrázabal, 2000; Real Pérez, 2003), entregando interesantes aportes acerca de la singularidad legal de este fenómeno social[1]. Allí donde se ha asumido la necesidad de que el sector privado –empresas y personas- participe en el financiamiento de las iniciativas culturales y artísticas. Como sinónimo de “patrocinio cultural” (Antoine, 2005; Capriotti, 2007; Esmoris, 2008; Islas, 2004; Rodríguez Centeno, 2004), el mecenazgo de las empresas, acogiéndose o no a la legislación disponible que otorga beneficios tributarios a las “donaciones”, es en la actualidad una fuente complementaria de recursos para muchas organizaciones culturales.
En efecto, la aprobación en Chile de la Ley Valdés en 1990 permitió dar un salto al país en materias de participación del sector privado en el financiamiento y gestión de las actividades culturales, aportando una suma promedio anual cercana a los 3 mil millones de pesos (De la Cultura y las Artes, 2005).
Por franquicias tributarias se entienden los beneficios tributarios otorgados a las personas naturales o jurídicas que efectúen donaciones con fines educacionales, culturales o de otra índole que la ley estipule (Irarrázabal, 2000). De acuerdo a la literatura internacional, hay tres modalidades de aplicación de las franquicias tributarias a las donaciones (Antoine, 2009a):
• Crédito tributario (tax credits)
Parte o la totalidad de la donación se constituye en un crédito tributario en contra de los impuestos a pagar en un determinado período, por lo tanto se reduce el monto de impuestos que el contribuyente debe pagar. Los créditos tributarios otorgan a los contribuyentes la misma preferencia tributaria para una contribución del mismo monto, de este modo son más equitativos desde el punto de vista de la política tributaria. Por ejemplo, en el caso chileno, si se aplica una tasa pareja de crédito tributario del 50%, será similar el crédito para todos los donantes, independiente de la tasa de impuestos a la que estén sujetos.
• Rebaja de la base imponible (tax deductions)
Consiste en considerar toda donación o parte de ella como un gasto tributario que permite una rebaja parcial de la renta imponible, produciéndose en consecuencia una menor tributación. El ‘precio’ de la donación será significativamente más barato en el caso de los donantes que se encuentran afectos a altas tasas de impuestos.
• Reembolso tributario (tax rebate)
El reembolso tributario opera en algunos países como en Gran Bretaña y consiste en que el contribuyente puede designar a una determinada institución sin fines de lucro para que reciba parte de los impuestos que está pagando. El Tesoro Público, entonces, le reembolsa directamente a la institución beneficiaria esa parte de los impuestos. En general, se estima que este tipo de modalidad no produce incentivos relevantes a los donantes ya que éstos no ven reducidos sus impuestos.

“Las franquicias canalizadas por la vía de la Ley de Donaciones con Fines Culturales, Ley de Donaciones con Fines Educacionales y Ley de Donaciones para Educación Superior han producido una adicionalidad de recursos en los sectores correspondientes, ya que en la práctica estos sectores han podido acceder a más recursos de los que tradicionalmente les canaliza el Estado”. (p.3) RES. Donaciones a universidades e Institutos profesionales se han quintuplicado desde 1988 a la fecha, alcanzando los $15.000 millones en 1997, equivalentes al 100% del Aporte Fiscal Indirecto entregado por el Estado a las corporaciones de educación superior en 1996 (Estudios y Consultorías, 1999).

Existen algunos estudios que demuestran que la disposición a donar de las empresas no está totalmente predeterminada por las franquicias disponibles, ya que sólo una proporción de las corporaciones que efectivamente donaron optaron por hacer uso del sistema. En Canadá, por ejemplo, según datos del Canadian Center for Philanthropy, del total de donaciones efectuadas por la empresa, solamente un 40% se destino para obtener los beneficios tributarios que otorgan las franquicias legales. Mientras en Argentina, un estudio de Gallup-Universidad de San Andrés (1998), revela que según la percepción de los empresarios en general las franquicias existentes no son un incentivo relevante respecto a la disposición de donar por parte de las empresas.
Entre las 11 motivaciones que la empresa puede tener para donar, el ‘aprovechar las exenciones impositivas’ ocupó el lugar décimo. Del mismo modo, al consultar respecto a los motivos por los cuales las grandes empresas no realizan donaciones mayores, la alternativa más recurrente fue ‘falta de conciencia/solidaridad’ con un 51% de las preferencias, mientras que la alternativa ‘mala legislación para donaciones/falta de incentivo fiscal’ sólo obtuvo un 6% de las opiniones. Con respecto al grado de cumplimiento de diversos resultados a través de las donaciones filantrópicas, un 75% de los entrevistados afirmó que el ‘aprovechar las exenciones impositivas ´se cumplió ‘poco/nada’. Lo que revela que probablemente, en la mayoría de los casos ni siquiera se utilizaron las franquicias que la ley permite”.
No obstante estas leyes existen y están siendo utilizadas. En particular nos interesa la Ley de Donaciones a Universidades e Institutos Profesionales ((Nº 18.681, art. 69), promulgada en diciembre de 1987, norma que permite a los contribuyentes descontar del pago de impuestos las sumas de dinero donadas a universidades e institutos profesionales estatales y privados reconocidos por el Estado.

Tiene como objetivo financiar la adquisición de bienes inmuebles y de equipamiento o la readecuación de la infraestructura existente de dichas instituciones, así como financiar proyectos de inveSe observa que las donaciones totales anuales han ido aumentando con el transcurso de los años, ya que en 1988 ascendían a $3.264 millones ($ de 1998), mientras que en 1998 esta cifra es de $14.440 millones, creciendo un 17% real anual en promedio durante los 11 años considerados.
En términos desagregados este crecimiento ha sido relativamente mayor en el caso de las universidades privadas (55% real anual promedio) y de los institutos profesionales privados (57% real anual promedio), mientras que en el caso de las universidades tradicionales el crecimiento ha sido de un 14% real anual promedio.
Existen estudios locales (Guajardo, 1993) que tras analizar las donaciones frente a la ley sobre impuesto a la renta, han puesto en evidencia que en la práctica se presentan situaciones que han escapado a la regla general que el legislador ha querido nombrar. Ej. Universidades realizan servicios a empresas como estudios o proyectos, prospecciones, etc., las cuales legalmente debieran ser pagados como tales. Son cancelados por las empresas bajo la forma de una donación, constituyendo para el donatario o universidad un ingreso no constitutivo de renta evitándose de esta forma el pago de impuesto por concepto de IVA en caso de factura, o 10% de retención si se hubiera emitido boleta de servicio; al mismo tiempo el donante puede hacer uso de esta donación como franquicia tributaria contra los impuestos correspondientes.



[1] Especialmente en lo referido a la naturaleza de la "donación" que, como causa material del mecenazgo, se discute si es o no razonable que de origen a "contrapartidas" por parte del donatario y sí tiene o no un "animus" desinteresado. Sobre el particular: (Montes Salguero & Pérez-Prendes y Muñoz de Arracó, 1987)

[1] Datos aportados por el Ministerio de Educación y las casas de estudio revelan que el año 2008 el sistema recibió $18 mil millones, un 8,34% menos que lo recaudado en 2007, con lo cual las donaciones -que venían en ascenso desde 2004- cayeron a niveles parecidos a los de la crisis asiática. Todo en apenas tres meses.

[2] La Universidad del Desarrollo (UDD), por ejemplo ha ido incrementando sus donaciones de $ 118 millones en 2005 a casi $ 1.200 millones en 2008. Mantienen un programa de búsqueda de benefactores para sacar adelante el edificio de postgrado, el cual costará unos US$ 16,5 millones. Para ello están recibiendo el aporte de importantes empresarios a cambio de denominar aulas, laboratorios y bibliotecas, con el nombre de los benefactores, en un ejercicio que han implementado en el pasado otras instituciones, como la UC, los Andes y la Universidad de Chile.

[3] Aunque algunos expertos esperaban que se produjera una caída aguda en las donaciones durante el año 2008, debido a las dificultades económicas, la realidad parece orientarse en otra dirección. Aunque en Estados Unidos por ejemplo, epicentro de la crisis, las donaciones bajaron en un 5,7 por ciento en 2008, luego de ajustes inflacionarios, el nivel registrado fue casi tan elevado en relación con el producto bruto interno (PBI) como el año anterior (2,2 por ciento en 2008 frente al 2,3 por ciento en 2007). “Con Estados Unidos sumido en la recesión en 2008 no cabía duda, a juicio de todos, de que las donaciones benéficas disminuirían”, dijo Del Martin, presidente de la Fundación Giving USA. “Sin embargo, lo que consideramos excepcional es que, a pesar de la situación económica, particulares, empresas y fundaciones aportaron más de 307.000 millones de dólares a causas que apoyan”. Cfr. Thomas, 2009.

[1] Misterioso mecenas dona millones a universidades lideradas por mujeres. Un verdadero puzzle tratan de resolver los allegados al mundo de la filantropía en Estados Unidos ante la presencia de un misterioso donante que beneficia a las universidades. La universidad de Michigan fue la última beneficiada. El jueves recibió un giro por US$ 10 millones del anónimo benefactor que intriga a los filántropos… Noticia, El Mercurio 25 de marzo de 2009.
[2] Datos aportados por el Ministerio de Educación y las casas de estudio revelan que el año 2008 el sistema recibió $18 mil millones, un 8,34% menos que lo recaudado en 2007, con lo cual las donaciones -que venían en ascenso desde 2004- cayeron a niveles parecidos a los de la crisis asiática. Todo en apenas tres meses.

[3] La Universidad del Desarrollo (UDD), por ejemplo ha ido incrementando sus donaciones de $ 118 millones en 2005 a casi $ 1.200 millones en 2008. Mantienen un programa de búsqueda de benefactores para sacar adelante el edificio de postgrado, el cual costará unos US$ 16,5 millones. Para ello están recibiendo el aporte de importantes empresarios a cambio de denominar aulas, laboratorios y bibliotecas, con el nombre de los benefactores, en un ejercicio que han implementado en el pasado otras instituciones, como la UC, los Andes y la Universidad de Chile.
[4] Aunque algunos expertos esperaban que se produjera una caída aguda en las donaciones durante el año 2008, debido a las dificultades económicas, la realidad parece orientarse en otra dirección. Aunque en Estados Unidos por ejemplo, epicentro de la crisis, las donaciones bajaron en un 5,7 por ciento en 2008, luego de ajustes inflacionarios, el nivel registrado fue casi tan elevado en relación con el producto bruto interno (PBI) como el año anterior (2,2 por ciento en 2008 frente al 2,3 por ciento en 2007). “Con Estados Unidos sumido en la recesión en 2008 no cabía duda, a juicio de todos, de que las donaciones benéficas disminuirían”, dijo Del Martin, presidente de la Fundación Giving USA. “Sin embargo, lo que consideramos excepcional es que, a pesar de la situación económica, particulares, empresas y fundaciones aportaron más de 307.000 millones de dólares a causas que apoyan”. Cfr. Thomas, 2009.

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