Sinergia entre institucionalidad cultural y la academia.

Seminario Internacional
Políticas culturales de Estado
Las artes y la cultura como herramientas de transformación social y desarrollo
2, 3 y 4 de diciembre 2009
Aula Magna, Centro de Extensión UC



Panel Red de estudios en cultura, sinergia entre institucionalidad cultural y la academia.
Viernes 4 de diciembre de 2009
Intervención Prof. Dr. Cristian Antoine,
Académico e Investigador Escuela de Periodismo, Facultad de Humanidades, Universidad de Santiago de Chile.


1. Presentación. Durante un largo tiempo el estado chileno actúo como un solitario rapsoda en el escenario de la concepción de las políticas culturales.
Aunque a veces nos cueste creerlo, Chile no es la excepción de todas las cosas. El Estado en Chile tradicionalmente ha manifestado una actitud activa en materias de política cultural, asumiendo en el transcurso de la historia el deber de estimular el desarrollo cultural del país.
Históricamente, nuestra Estado ha tenido un rol preponderante en el campo cultural. Al principio de nuestra historia republicana el Estado consideró que parte fundamental de su labor “civilizadora” comprendía expandir la cultura y formar el “gusto” a través del arte.
Durante las primeras décadas del siglo XX, su labor de mecenazgo entregó un importante apoyo económico y un subsidio directo en el campo principalmente de las artes, que, podríamos decir, caracterizó casi completamente las primeras aproximaciones a una política cultural más o menos consciente por parte del Estado. Pero se trataba aún de acciones puntuales, especialmente en lo referido al proceso fundacional de grandes instalaciones culturales como la biblioteca nacional, el archivo nacional, los primeros museos nacionales y algunos grandes teatros públicos.
La generación de organismos administrativos de fomento y apoyo a la cultura de carácter permanente, especialmente aquellos que se dirigen tanto a la protección del patrimonio histórico como a las creaciones del ámbito de las artes, las ciencias y las humanidades ( vg. la DIBAM, creada en 1929), constituye un hito en nuestra breve historia de las políticas culturales.
Al concluir la Segunda Guerra Mundial y comenzar a difundirse el concepto de “derechos culturales” inscrito en la carta de las Naciones Unidas, se acentuó la necesidad de la acción estatal en los ámbitos de la Educación y Cultura, como también el apoyo y la preocupación desde el Estado, por el papel cultural de las nacientes industrias de la entretención (principalmente radio, televisión, el periodismo y el cine).
Con los setenta, el problema cultural se convirtió en ineludible para los Estados. Había sido la Conferencia de Venecia sobre Políticas Culturales (UNESCO, 1970), la que había llamado a los países a realizar reuniones continentales para esclarecer una posición ante las Políticas Culturales regionales, señalando, entre otras, la necesidad de que se las estudie e investigue acuciosamente. La aparición del modelo del Ministerio de Cultura francés (1959) era ya un punto de referencia obligado en América Latina, pues se desarrolla en los momentos en que el Estado asume roles más preponderantes en la economía, creando organismos centralizados de planificación cultural dotados de gran poder (Saint Pulgent, 1999)[1].

Es oportuno mencionar aquí que son estos mismos los años en que desde los Estados Unidos, el avance general sobre las ciencias sociales aplicados a la resolución de los problemas de gobierno y su evaluación (David Garson, 1992; De Gregorio, 2003; Fina, 2005), estaban desembocando en aquella que con el tiempo se conocería como “ciencia de las políticas públicas” (Ballart, 1997).
Así, por una parte veremos como desde los años ochenta en adelante, la discusión por el papel y límites del Estado en la formulación de las Políticas Culturales; la preocupación por un cualitativo incremento en la participación de la sociedad en su conjunto y el papel destacado de la comunidad universitaria en las acciones relativas a su formulación, corre casi en paralelo con el desarrollo de las metodologías y estrategias para la “medición” de la eficiencia y la eficacia de las decisiones gubernativas en tal sentido.
Los últimos años del siglo y la presente década han estado caracterizados por la consolidación de la institucionalidad cultural. Pese a que no ha sido particularmente intenso en nuestro país un debate más doctrinal sobre la idea de una mayor ausencia/prescindencia del Estado en materias culturales[2], la propia evolución del tema está en cierto sentido obligando a reflexionar sobre que tan necesario/ oportuno/ conveniente resulta que el Estado asuma un papel más activo en la formulación (y autoevaluación) de las políticas culturales que implementa.
De alguna forma se asume también (este seminario es buen testimonio de ello) que el Estado ya no es el único actor que interviene en la formulación y gestión de las políticas culturales. Y que es necesaria/ oportuna/ conveniente la participación de más interlocutores en ella.

2. Desarrollo. El qué, el cómo y el quiénes de los académicos e investigadores que contribuyen al diseño y formulación de las políticas públicas para el sector cultural en AL.
Si como hemos visto es necesaria una triangulación entre Estado, la academia y el sector privado para el fomento de los estudios e investigación sobre aquellos temas que contribuirán al diseño y formulación de las políticas públicas, no es menor la actual convergencia en la discusión por el papel y límites del Estado en la formulación de las Políticas Culturales y la preocupación por un cualitativo incremento en la participación de la sociedad en su conjunto.
Paralelamente, la comunidad universitaria manifiesta más y mejores competencias para intervenir en las acciones relativas a su formulación, desarrollando metodologías y estrategias para la “medición” de la eficiencia y la eficacia de las decisiones gubernativas en materias de arte y cultura. Pero quedan aún muchos aspectos pendientes. Quiero poner el énfasis en demostrar (de cara a la mayoritaria presencia de gente joven en la sala), que no son pocos los académicos que están estudiando e investigando sobre políticas culturales en nuestro continente; que sus métodos son apropiados y sirven para tomar mejores decisiones y que, si en algo han pecado, es que no hemos sido lo suficientemente hábiles en contribuir a dar mayor visibilidad a nuestro trabajo. Pero la marea está cambiando.
Vamos por parte, partamos primero por las personal, luego mencionare los mecanismos, para terminar, señalando los fines.

2.1. ¿Quiénes?
Hemos dicho que no son pocos los académicos que han contribuido y están contribuyendo al análisis y formulación de las políticas culturales. Lamentablemente no es este el momento y tampoco dispongo del tiempo requerido para mostrarles con detalle las múltiples y variadas formas que asume la relación entre la academia (los investigadores más bien) y el Estado (los legisladores y decisores concernidos en la adopción de decisiones sobre lo público) en materias culturales.
En el ámbito universitario son varios los investigadores que han participado y contribuido a los estudios sobre políticas culturales y consumo cultural en América Latina. Por nombrar algunos tenemos a Marcelino Bismal, Valerio Fuenzalida; Mabel Piccini y Ana Rosas Mantecón, entre otros. “Ellos mantienen el debate y trabajo teórico-empírico sobre diversas dimensiones de las políticas culturales, “lo han hecho desde el espacio de la academia pero también con apoyo de las instituciones de gobierno” (Almanza, 2005).
Una mirada limitada sólo a nuestro continente, debiera incluir necesariamente una relación que contemple además las figuras señeras de Néstor García Canclini y Jesús Martín Barbero, cuyos trabajos e investigaciones desde los años 70 hasta nuestros días, se han traducido en aportes sustantivos para la conformación de un marco epistémico básico (e ineludible) en la reflexión sobre las políticas culturales al sur del Río Grande.
En particular los estudiosos sobre políticas culturales tienen una deuda con el profesor e investigador argentino, nacionalizado mexicano hace varios años. La obra de García Canclini está siendo estudiada incluso más allá del contexto latinoamericano ((Morris, 2000) donde ha sido un referente obligado las últimas dos décadas.
El libro en el que García Canclini ofició como editor en 1987, "Las Políticas Culturales en América Latina", ha sido considerado (Mejia, 2009) como un hito en la evolución de las políticas culturales de América Latina. El año en cuestión se ha tomado como fecha referencial y punto de partida para explicar algunos de los profundos cambios ocurridos en estas materias en el continente. Algunas de estas modificaciones han influido en la concepción, formulación y aplicación de la política cultural de los Estados.
Mientras que el español nacionalizado colombiano ya hace algunos ya, Jesús Martín Barbero, nos anima a estudiar las construcciones simbólicas del sentido en numerosos trabajos que han inspirado el que(hacer) de Ministerios y Consejos Nacionales de cultura allí por donde posemos la mirada en Hispanoamérica.
Hace unos momentos hemos tenido ocasión de compartir con un buen amigo de Chile y un muy buen exponente de esta necesaria sinergía que debe producirse entre comunidad universitaria y actores concernidos en la determinación de las políticas públicas en cultura.
Eduardo Nivón Bolán ha formado parte desde 1989 del Programa Cultura Urbana que dirige el Dr. Néstor García Canclini. Bajo el marco de ese programa ha realizado estudios sobre consumo cultural, cultura urbana, movimientos sociales y política cultural. Profesor del Departamento de Antropología de la Universidad Autónoma Metropolitana, coordinador por la UAM del Posgrado en Políticas Culturales y Gestión Cultural y miembro del Sistema Nacional de Investigadores de México, participa como especialista en el Consejo Académico de la Fundación Cultural del Centro Histórico[3].
En un reciente trabajo el autor propone que la construcción de políticas públicas de cultura es una condición de nuestro proceso de consolidación democrática, pues ésta requiere la creación de agentes sociales autónomos, con sentido de futuro, respeto y tolerancia hacia la pluralidad cultural, que es precisamente lo que la cultura provee a la sociedad como ningún otro campo de la vida social lo realiza (Eduardo Nivón Bolán, 2006).
Le asiste el convencimiento de que “en la actualidad, el campo de acción de las políticas culturales ha venido expandiéndose y junto con éste, el reconocimiento de que a la par del desarrollo del arte, las políticas culturales inciden en la economía, la política, la vida social, estimulando la inversión interna, creando empleos, apoyando exportaciones e impulsando la competencia internacional. Asimismo, son un importante factor potencial de cohesión social, contribuyendo a la integración de grupos minoritarios, pueden promover la armonía, mejorar la calidad de vida, renovar zonas urbanas y apuntalar programas de mejoramiento de la seguridad. No obstante lo anterior, debemos reconocer que la política cultural no se agota en el reconocimiento e impulso de los vínculos íntimos entre la actividad política, económica y social, y el arte y la cultura”(Eduardo Nivón Bolán, 2002).
Es cierto que la atención por la evaluación de las políticas culturales en Argentina ha tenido como sujeto/objeto de atención la realidad de Buenos Aires, en su condición de capitalidad cultural, pero ello no ha sido obstáculo para el desarrollo de aproximaciones locales y regionales que recogen sensibilidades distintas a las porteñas (Pallini, 2008) en la elaboración de políticas culturales autónomas y participativas que den cuenta de la problemática actual que atraviesa el sector.
Es destacable el esfuerzo recopilador que ha hecho también por décadas el profesor Edwin Harvey, un especialista en legislación cultural comparada que, desde un óptica propia del derecho administrativo, ha compilado en numerosas e importantes publicaciones buena parte sino la totalidad de las leyes que evidencian una preocupación del estado por la vida de las artes y la cultura (Harvey, 2007).
Desde su cátedra Unesco en Derechos Culturales en la U. de Palermo, la monumental obra del profesor Harvey es fuente ineludible de consulta en cualquier país del subcontinente que esté tramitando alguna ley para el sector.
No obstante, estos últimos años el predominio en materias de investigación sobre políticas culturales y sus posibilidades de cumplir o no con aquello que se han propuesto los decisores políticos, ha estado dominado en Argentina por la presencia de una nueva generación de sociólogos y economistas, entre los que destacan Octavio Gettino, Graciela Schmilchuk; Rubens Bayardo; Ana Wortman y Mariana Baranchuk, entre otros.
Nos parece importante refrendar aquí el aporte concreto a esa sinergía protagonizado por Octavio Getino, especialmente desde que comenzó a desarrollar sus actividades académicas en el que ahora es el Observatorio de Industrias Creativas, un organismo especializado que forma parte de la Dirección General de Industrias Creativas, de la Subsecretaría de Inversiones del Ministerio de Desarrollo Económico del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, y que probablemente sea el mejor concebido y más completo instituto latinoamericano dedicado a la evaluación de las políticas públicas en cultura.
Sin querer abusar de vuestra paciencia, sería mezquino no mencionar el aporte que desde la academia han hecho a la investigación, evaluación y desarrollo de las políticas culturales de sus propios países los profesores universitarios e investigadores Carlos Guzmán Cárdenas (Venezuela); Juan Luis Mejia (Colombia); Diana Guerra Chirinos (Perú) Albino Rubim (Brasil); Agustín Courtoisie (Uruguay), entre otros muchos que conforman parte sustantiva del “colegio invisible” de investigadores y académicos interesados en las políticas culturales en América Latina.


2.2 ¿Cómo?
Ésta sección se refiere a los métodos y procedimientos más habituales utilizados por los investigadores para estudiar, analizar y evaluar las políticas culturales de los estados contemporáneos.
Como es dable suponer, la aproximación académica al estudio de las políticas públicas en cultura considera una muy amplia gama de modelos teóricos y prácticas de campo (Clements, 2007), siendo muy complejo establecer un cuadro resumen de las mismas.
En las secciones precedentes observaremos los aspectos más relevantes de algunas prácticas evaluativas en políticas culturales, como una manera de sintetizar algunas experiencias y trayectorias significativas en el área. Parecen predominar dos tipos de enfoques, aquellos basados en aproximaciones más holísticas que enfatizan metodologías cualitativas con fuerte predominio interdisciplinar y, los que desde una perspectiva más restrictiva, usando estrategias cuantitativas, desarrollan técnicas estadísticas con fuerte base numérica.
Si los primeros construyen “mapas culturales” (García Canclini, 2004), los enfoques cuantitativos promueven la construcción de “indicadores culturales”(Weinstein, 2005).


2.2.1 Los Mapas Culturales
En los últimos años los términos “mapas culturales” y “cartografías culturales” han venido a nombrar proyectos muy diversos, tan diversos cuanto pueden serlo las acepciones de “mapa”, “cartografía” y “cultura”.
Aunque en la jornada de ayer el profesor Tomassini nos recordaba que fue de la pluma fecunda de Ferdinand Braudel desde donde surgió uno de los primeros “mapas culturales”, en un sentido más estricto los mapas culturales constituyen una herramienta metodológica (Nacional de Colombia, sf) que a partir de un cuidadoso trabajo etnográfico que tiene como soportes la observación participante, las entrevistas, las encuestas estructuradas y ejercicios de participación colectiva, en torno a un lugar, identifican códigos, símbolos e imaginarios de los habitantes de ese sitio o lugar[4]. Con los mapas culturales se busca localizar y situar en un espacio geográfico los elementos que intervienen en las relaciones de los actores sociales, con su entorno y con ellos mismos. En otras palabras se trata “de ubicar sobre un plano cartográfico, la distribución espacial que en la vida cotidiana tienen códigos, símbolos e imaginarios, explicando el significado y determinando la prioridad que, para los grupos y sectores sociales en cuestión, tiene cada uno de los elementos identificados”(Niño Murcia & Chaparro Valderrama, 1998.).
Con los mapas culturales se obtiene además del plano con las convenciones establecidas de antemano, la descripción y explicación de los elementos allí señalados, su historia y significado, en un contexto espacio-temporal determinado.

De acuerdo a la orientación que se le quiera dar al mapa, se destaca el aspecto que se debe investigar, por ejemplo, la relación de los jóvenes con las autoridades de la comunidad, o de los niños con los espacios públicos del barrio o localidad.
En este contexto los mapas culturales se constituyen en documentos que permiten sistematizar la información cualitativa de un lugar, al mismo tiempo que retratan la vida cotidiana de sus gentes. Como se realizan en un espacio geográfico y en un tiempo determinado, es necesario actualizarlos periódicamente para captar las transformaciones culturales que se van registrando en el tiempo, dado que la cultura es un proceso vivo en constante construcción.
En cualquier caso, son nociones que parecen ganar cierta popularidad dentro de la academia y las agencias culturales del Estado (Lobato Vico & Quintero Rivera, 2008). Desde planos urbanos para facilitar el turismo cultural, hasta reflexiones teóricas en torno a la modernidad periférica, pasando por inventarios lingüísticos, tradiciones musicales o rutas migratorias, estos mapas culturales buscan, de alguna manera, establecer coordenadas de localización en escenarios cambiantes. Buena muestra de ellos son los estudios realizados con participación activa de las universidades locales que aglutinan a los investigadores y disponen los tiempos necesarios para proyectos de largo aliento, como en los casos del mapa cultura de Chicago hecho por la universidad del mismo nombre (Lalande, 2006), los de Québec (Baeker, 2002), Valencia (SARC, 2009) y Barcelona (Clari & Muñoz, 2008).
Es precisamente la experiencia de la Universidad de Barcelona, en particular la de su Facultad de Economía y Hacienda Pública, la que ha ocupado un papel destacadísimo en la promoción de esta estrategia de intervención pública en lo cultural. Probablemente el símil más cercano sea el ya mencionado Observatorio de Industrias Creativas de la Ciudad de Buenos Aires que mantiene estrechas relaciones con la universidad del mismo nombre.
Veamos rápidamente la segunda de las estrategias mencionadas.

2.2.2 La construcción de indicadores culturales
Autores como Néstor García Canclini, George Yudice, Daniel Mato, entre otros, identificaron no sólo la necesidad de construir indicadores culturales, sino que plasman la importancia de cruzar e interrelacionar dichos aspectos.
El control de gestión y la evaluación de los programas gubernamentales son fundamentales para asegurarse el éxito en cualquier política pública. Pero difícilmente puede realizarse una correcta evaluación si ésta no se integra en la planificación, pues ambas actividades son fases de un mismo proceso de diseño y gestión estratégica(Bonet, 2001 ).
La evaluación de la acción pública, considerada desde este punto de vista, se convierte en una importante herramienta de gestión dado que considera los resultados reales en relación a los distintos niveles de objetivos planteados. Este sistema de monitorización valora ex post los programas que se han desarrollado, y determina lo que se ha hecho y cómo se ha hecho a partir de una planificación de los resultados ex ante. De esta forma el gestor público puede valorar el éxito de un programa no únicamente por la valoración ciudadana del mismo (evaluación política) sino también en función de la programación prevista y del uso de los recursos utilizados (evaluación gerencial). Para ello requiere de indicadores.
Un indicador es sinónimo de indicio, de evocación, de signo, deberá reflejar adecuadamente la naturaleza, peculiaridades y nexos de los procesos que se originan en una actividad cultural(Escuder Valles & Carrasco Arroyo, 2007). Entre indicador y dato estadístico debe existir una distinción clara, la diferencia estriba en que el indicador tiene siempre un referente, desde un marco conceptual a una política cultural que se desea medir, y un significado que constata hechos, comportamientos, y formas de vida pasadas y presentes (Romero Volcán & Rosillo Villena, sf; Rotbaum, 2006; Soto Labbe, 2009).
La ciencia estadística es el instrumento para la elaboración de esos indicadores culturales. Así, el panorama metodológico existente abarca diferentes procesos para su cálculo, desde el más simple e intuitivo al más complejo, dependerá del fenómeno a observar y del objetivo por el cual se realiza la medición. Las técnicas más usuales permiten obtener una serie de datos objetivos, a partir de los cuales se puede configurar un sistema capaz de describir y explorar la realidad cultural del territorio, así como evaluar las acciones implementadas por las políticas culturales. En definitiva el indicador es un medio al servicio público para mejorar la calidad de vida y bienestar de los ciudadanos.

2.3 ¿Para qué?
Bueno, para evaluar las políticas públicas. Para hacerlas mejores y más eficientes. Para saber en definitiva que nuestro dinero está siendo bien invertido y que cada peso que se gasta en cultura rinde por dos o por tres. Como se mencionó en la jornada inaugural, el gobierno no gasta “su dinero” en cultura, el que gasta es “nuestro dinero” y, salvo que alguien sea muy insensato, es razonable exigir que se ocupe bien.
Evaluar los efectos de las intervenciones públicas contribuye a mejorar la racionalidad instrumental de la implementación de las políticas públicas(Rausell Koster, 2004), permitiendo conocer mejor la realidad sobre la que el decidor estatal interviene, instando a la realización de análisis de la eficacia de la acción gubernamental.
Sabemos muy poco sobre las relaciones causales en el ámbito de la cultura, funcionamos a base de consensos y tópicos no demostrados empíricamente. Analizar las políticas públicas que el Estado de Chile realiza en el ámbito cultural nos permitirá responder si lo estamos haciendo de la mejor manera posible en la implementación de las políticas culturales, si lo que estamos haciendo con los recursos del erario corresponde a los criterios de equidad que debiera informar la aplicación de las políticas públicas y, si en efecto esas intervenciones públicas contribuyen a la participación y a la democracia cultural.
No obstante, habida cuenta la poca experiencia local en evaluar independientemente las áreas de intervención del sector público, los campos del arte y la cultura, tienen aun experiencia escasa en Chile.
Lo que ocurre es que sobre políticas culturales se habla mucho, se escribe poco y se investiga menos aún. De alguna manera, las políticas culturales forman parte todavía de la región más débil de las políticas públicas.


3- Que queda para Chile
Primero, es necesario recomponer las confianzas. El CNCA estuvo concentrado estos últimos años en consolidarse institucionalmente; por levantar los cimientos y cuando uno construye no esta de buen animo para recibir visitas. Pero a siete años de instalado, es el momento de abrir la casa.
Es cierto también que las visitas (y aquí me refiero especialmente a las universidades) están un poco ansiosas. Han sido demasiados años alejados y el tiempo va haciendo que las prioridades cambien. Yo tengo en particular muchas expectativas en esta “red de especialistas en políticas culturales” que ha comenzado a articularse en torno a la oficina de Estudios que mantiene el Consejo y que, en gran medida ha contribuido, a la Encuesta de Consumo Cultural que se ha presentado ayer y al seminario en el que estamos hoy.
Pero estos acercamientos actuales entre el CNCA y las universidades son recientes. Muy atrás de observan los años en que un grupo destacado de intelectuales, políticos y académicos, liderados por el profesor Manuel Antonio Garretón, contribuyeron a comienzos de los noventa a realizar la propuesta que culminó en la creación del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes[5]. Años después, una nueva Comisión Asesora Presidencial en materias Artístico Culturales, y que fuera presidida por Milán Ivelic, crítico de arte y académico, sentenció en su informe final que “Chile está en Deuda con la Cultura”.

Segundo, quedan aún algunas deudas por pagar.
Las dificultades en el desarrollo de las Ciencias Sociales y Humanidades en nuestras universidades, no sólo han obedecido a factores externos al ámbito académico, sino que también son consecuencia de la realidad institucional que se vive al interior de la academia. Son propias de ello, la clara orientación hacia la investigación “dura”, con evidencia de resultados cuantificables, que imponen los sistemas oficiales de investigación a las Universidades; la excesiva rigidez en las delimitaciones temáticas y la incapacidad de diálogo interdisciplinar con las ciencias tradicionales, las que generan, por lo demás, mayor cantidad de conocimiento con implicancias sociales.
Se necesita un gran esfuerzo como país para volver a situar a las Humanidades, las Comunicaciones y las Ciencias Sociales en la posición que se merecen en el concierto de las epistemias actuales, marcadas por el diálogo, las redes y las búsquedas de encuentros[6].
No hay en Chile un “observatorio de políticas culturales” como los que hemos mencionado. No hay ninguna unidad independiente del Estado capaz de evaluar con competencia las políticas culturales que el país necesita. Nadie parece estar construyendo indicadores culturales (más allá del INE), ni mapas, ni ningún instrumento evaluativo.
Se mencionó ayer que la cifra de investigadores en cultura bordea las 20 personas. Me parece que son mucho menos.
Se cuentan con los dedos de una mano los proyectos de investigación con fondos públicos dedicados a estas materias. Fondecyt se creó en 1981 para promover el desarrollo de investigación científica y tecnológica básica en el país, pronto a cumplir tres décadas de funcionamiento, figuran en su repositorio institucional solo 18 investigaciones consignadas baja la rubrica “políticas culturales”, de las cuales sólo 2 son auténticamente estudios aplicados. La primera de ellas se hizo en 1985, la segunda se aprobó 23 años más tarde[7].
No hay ningún proyecto vinculante con este tema en los Fondos de Corfo para innovación. De los diez chilenos consignados en ConnectCP, una base de datos mundial equivalente a un 'QUIÉN ES QUIÉN' de la gestión y la investigación en políticas culturales[8], sólo cuatro son profesores universitarios y hasta dónde sé, no se conocen entre ellos y por lo mismo no desarrollan investigaciones compartidas, ni trabajan temas complementarios a la estrategia de la actual institucionalidad cultural. ¿Cómo podrán actuar sinérgicamente tal como espera el CNCA?

Muchas Gracias


REFERENCIAS Y FUENTES CONSULTADAS

Almanza, V. (2005). Los Estudios sobre el Consumo Cultural: Algunas Observaciones Metodológicas. [PAPER]. Revista Razón y Palabra(47).
Baeker, G. (2002). Measures and Indicators in Local Cultural Development. Municipal Cultural Planning Project. 2009, from http://www.culturalplanning.ca/mcpp/mcpp_indicators.pdf
Ballart, X. (1997). Gestión pública, análisis y evaluación de políticas. Revista de estudios políticos(97), 223-247.
Bonet, L. (2001 ). Dos Fases Indisociables de la Gestión Cultural: Planificar y Evaluar. [Paper]. Revista Periférica(2), 41-50.
Clari, M., & Muñoz, M. (2008). La entrada de las Bibliotecas de Barcelona en el "mapa" cultural, o de como hacer de la necesidad, virtud (Report). Barcelona.
Clements, P. (2007). The Evaluation of Community Arts Proyects and the Problems whit Social Impact Methodology. JADE, 26(3), 11.
Crisol, R. (2009). Convenio de desempeño para el fortalecimiento de las humanidades, ciencias sociales y las artes en la red Crisol (Usach, Umce, Uls) (Propuesta). Santiago de Chile: Facultad de Humanidades, Universidad de Santiago.
David Garson, G. (1992). De la ciencia de políticas al análisis de políticas públicas. Veinticinco años de progreso. In L. Aguillar Villanueva (Ed.), Antología de Políticas Públicas (pp. 149-180). México, DF: Miguel Angel Porrúa.
De Gregorio, A. (2003). ¿Es posible evaluar la política cultural? Una reflexión en torno a la evaluación institucional de la política cultural de Puerto Real. [Ensayo]. Periférica(4).
Escuder Valles, R., & Carrasco Arroyo, S. (2007). La observación y el análisis entre dos realidades en cultura. Paper presented at the V Congreso Internacional Cultura y Desarrollo. Retrieved from www.cultydes.cult.cu/5/doc/37.doc
Fina, X. (2005). Nuevos modelos institucionales para la política cultural. Paper presented at the I Conferencia Internacional sobre polìticas culturales. Retrieved from http://www.kultura.ejgv.euskadi.net/r52-20726/es/contenidos/informacion/politicas_culturales/es_pol_cult/adjuntos/pol_culturales.pdf
García Canclini, N. (2004). Diferentes, desiguales y desconectados. Mapas de la Interculturalidad. (Vol. ). Barcelona: Gedisa.
Lalande, R. (2006). Mapping Cultural Participation in Chicago (Report). Chicago: University of Chicago.
Lobato Vico, M., & Quintero Rivera, M. (2008). Mapas culturales y estadísticas: ¿para qué? [Paper]. Mapa Cultural de Puerto Rico Contemporáneo, 1-7.
Mejia, J. L. (2009). Apuntes sobre las políticas culturales en América Latina, 1987-2009. [Paper]. Revista Pensamiento Iberoamericano. OEI(4).
Morris, N. y. P. R. S. (2000). Néstor García Canclini ou la confrontation avec l'impact de la post-modernite. [Paper]. Hermes(28), 7.
Nacional de Colombia, U. (sf). Mapas Culturales, Herramientas metodológicas para el trabajo en educación ambiental. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia.
Niño Murcia, C., & Chaparro Valderrama, J. (1998.). Usos, Costumbres e Imaginarios en el Espacio Público. El Sector Jerusalén. Bogotá: Tercer Mundo Editores, Observatorio de Cultura Urbana.
Nivón Bolán, E. (2002). México: la política cultural de los gobiernos del Distrito Federal 1997-2006. Notas para un balance. In M. M. A. Lacarrieu (Ed.), La (indi)gestión cultural. Una cartografía de los procesos culturales contemporáneos (pp. 175- 215). Buenos Aires, Argentina: CICCUS/La Crujia.
Nivón Bolán, E. (2006). La Política Cultura. temas, problemas y oportunidades. (1 ed.). México, DF: Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.
Pallini, V. (2008). El Rol del Estado en las Políticas Culturales. Retrieved 2 de diciembre de 2008, 2008, from http://www.naya.com.ar/articulos/politica05.htm
Rausell Koster, P. (2004). El envés de la cultura. (10 años de economía de la cultura en Valencia). Valencia.
Romero Volcán, E., & Rosillo Villena, J. C. (sf). Escasos indicadores culturales Un problema cultural? RRPPNet Portal de Relaciones Públicas Retrieved 14 de julio de 2009, 2009, from http://www.rrppnet.com.ar/indicadoresculturales.htm
Rotbaum, G. (2006). Las Encuestas sobre consumos culturales en Argentina y la ciudad de Buenos Aires. [paper]. Observatorio Industrias Culturales de la Ciudad de Buenos Aires(4), 120.
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Sánchez, L. C. (2009, 18 de junio de 2009). La cultura enriquece. Excelsior. Retrieved from http://www.exonline.com.mx/diario/noticia/comunidad/expresiones/la_cultura_enriquece/665276
SARC. (2009). Mapa Cultural de la Provincia de Valencia from http://www.mapaculturaldevalencia.es/
Soto Labbe, M. P. (2009). Investigación, indicadores y polìticas culturales en Chile. Paper presented at the Encuentro Nacional de Gestores Culturales. Retrieved from http://inthepomlife.blogspot.com/2009/10/encuentro-de-gestores-culturales-5.html
UNESCO. (1970). Primera Conferencia Intergubernamental sobre los aspectos institucionales, administrativos y Financieros de las Políticas Culturales. Venecia (24 de agosto- 2 de septiembre de 1970) (Report). Venecia, Italia: Unesco.
Weinstein, J. (2005, 30 - 31 de mayo ). Las estadísticas y los indicadores culturales. Paper presented at the Seminario Internacional Chile en la Tarea de Medir el Desarrollo Económico y Social alcanzado, Santiago.


[1] Aunque en la versión original del organigrama del “Ministerio de Estado a cargo de los Asuntos Culturales” creado en Francia en 1959, no figura un departamento de “estudios” propiamente tal.
[2] En buena parte por la ausencia de una masa crítica de especialistas en estas materias tanto en el Gobierno como en las Universidades y, en general, por la escasa atención que la legislatura ha puesto a propiciar una mayor discusión sobre estas temáticas. Los medios de comunicación tampoco han abierto mayores espacios, salvo muy contadas excepciones, a la discusión sobre la formulación y evaluación de las políticas culturales. Una especie de “consenso silente” se ha impuesto para aprobar tácita o explícitamente las iniciativas que en materias culturales han impulsado los gobiernos de la Concertación por la Democracia en Chile desde los 90.
[3] Creada en enero de 2008 por la Secretaría de Cultura del gobierno mexicano, la Fundación es un fideicomiso privado que busca articular a la iniciativa privada, la administración pública y los creadores y artistas locales en el diseño, ejecución y evaluación de las políticas públicas culturales, con una visión que proyecta al arte y la cultura como generadores de recursos aplicables a la creación de proyectos. El Consejo Académico está dedicado a la investigación cultural y es integrado por Néstor García Canclini, Eduardo Nivón, Rosalia Winocur y Ernesto Piedras. Un Convenio con el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), pretende medir y analizar el estado de la cultura en la ciudad principal de México y su impacto y contribución al desarrollo económico. Cfr.(Sánchez, 2009).
[4] Me refiero a la conferencia “Arte, Cultura y Desarrollo”, dictada por Tomassini durante el primer día de actividades del presente seminario. Braudel describió en varias obras el horizonte social, económico y cultural de la España de Felipe II.
[5] La Comisión planteó igualmente la necesidad de incrementar el presupuesto nacional para cultura, aspecto queí se concretó poco después con la creación del Fondo Nacional de Desarrollo de las Artes (FONDART).
[6] En tal sentido me parece muy relevante la iniciativa Crisol levantada hace unas semanas por la USACH, la UMCE y la U. de La Serena. Cfr (Crisol, 2009)
[7] Cfr. http://www.fondecyt.cl/578/propertyvalue-57377.html fecha consulta 26 de noviembre de 2009
[8] Cfr http://www.connectcp.org/index.php?lang=es. Fecha consultaoviembre de 2009

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