8.8 EN CAPITAL FILANTROPICO



La contribución en dinero de los chilenos de a píe es el verdadero triunfo tras la exitosa campaña “Chile ayuda a Chile” realizada entre el 5 y 6 de marzo y donde gracias al aporte de todos los chilenos se logró duplicar la meta establecida inicialmente de $15 mil millones hasta totalizar los S30.212.775.555 (según el último cómputo de tablero), para ir en ayuda de las zonas más devastadas del terremoto que azotó al centro-sur del país.
En efecto, los héroes de la jornada fueron las personas, pese a que muchas veces nuestra vista se posa en las empresas. En ello influye el formato de programa en televisión que suele dar más protagonismo al redoble de tabores con que un apresurado gerente de asuntos públicos anuncia sudoroso ante las cámaras, la cifra final del aporte de la empresa tal y cual.
Las personas sumaron más del 60 por ciento del monto recaudado, confirmando de paso que los chilenos tenemos bastante “capital filantrópico” al cual acudir en situaciones finales y, de paso, tendencias mundiales que apuntan también a reconocer que el peso de la filantropía es cargado por la espalda de millones de contribuyentes anónimos. Por mucho que brillen los Gates, los Rockefeller o, a nuestra escala, los Farcas.

El capital filantrópico alude a esa condición socio-piscológica que dispone a la población de un país a la contribución desinteresada en causas de bien común, donaciones y filantropía, con y sin estímulos directos a su promoción por parte de agentes interesados. Vendría a ser equivalente a una suerte de “capacidad de dar” que los pueblos manifiestan y que, naturalmente varía de país en país y de cultura en cultura.
Muchos especialistas apuestan a ver que en varios países occidentales durante las próximas décadas se producirá un aumento sustancial de donativos de particulares, principalmente a razón de una enorme transferencia de riquezas proveniente de la generación de los "baby boomers".

El grado de generosidad varía en función del país, de un 1% en Estados Unidos a 0,6% en Canadá y Gran Bretaña y 0,35% en Australia.
Conspiran contra el desarrollo de esta cultura de la filantropía una serie de factores. Entre ellos, una tendencia creciente a trocar la filantropía empresarial por aportaciones vinculadas a objetivos comerciales; niveles relativamente bajos de riqueza personal; ausencia de una tradición de donativos personales como condición sine qua non para el desarrollo cultural e insuficiente inversión por parte de las organizaciones culturales, en actividades de desarrollo y recaudación de fondos (Fishel).
Se requerirán quizás nuevos modelos. Uno de éstos es el llamado "venture philantropy" o "capital filantrópico". En el Reino Unido se están también ensayando otros modelos que reflejan lo que se está haciendo en este campo en los Estados Unidos. En Australia y Europa se destaca la posibilidad de incrementar el potencial filantrópico cultural mediante una recaudación de fondos más profesional y la emergencia de mecanismos innovadores y flexibles que propicien una mayor vinculación entre donadores y destinatarios culturales, por ejemplo.


Hay poca información sobre nuestros indicadores locales. Hay que destacar sí el esfuerzo que desde hace un par de años viene haciendo la Fundación Trascender que anualmente, desde el 2007, contribuye con un Estudio Nacional de Voluntariado (Trascender, 2007).

A partir de esos datos sabemos que $3.443 pesos mensuales, el equivalente a un kilo de carne, es lo que dona en promedio el 90,4% de los chilenos.

Según la encuesta, el porcentaje de chilenos que dona dinero es bastante alto: 90,4% de la población. Y lo hace de las maneras más diversas: colectas callejeras, campañas particulares, dando limosna a los que piden en las calles, comprometiéndose a aportes mensuales con entidades de caridad o donando parte del vuelto en las compras en supermercados y farmacias. No solo el porcentaje es alto, sino que se distribuye en forma transversal en todos los grupos socioeconómicos y edades… Todos por igual, sin importar de dónde vengan. No obstante, el porcentaje de personas que hacen un aporte mensual regular y fijo a una organización social es bajo. Muy bajo. Solo un 27%.

No sabemos bien qué motiva a las personas a donar dinero. La verdad es que las motivaciones son diversas, pero se pueden resumir en una especie de combinación de respuestas del ámbito emocional y racional. Todos donan, incluso lo que tienen poco, o casi nada.

Es nuestra responsabilidad estimular al máximo las potencias positivas que animan a la solidaridad colectiva. Nuestra legislación debe reconocer el mecenazgo como tal, ampararlo y estimularlo al máximo. Deben adecuarse las normas que rigen a las fundaciones e iniciativas de promoción del voluntariado que a veces, vista la torpeza de algunas normas y la miopía de los políticos que no entienden que la fortaleza de las instituciones está en las personas y no en las superestructuras, se sienten bastante solas en la labor que realizan.

Anima a nuestro pueblo una suerte de cultura solidaria que nos ayuda a asumirnos como parte de la sociedad y sentir que pertenecemos a una comunidad donde la suerte de los que viven en condiciones más adversas nos concierne a todos. Ese es un enorme capital del que disponemos. Marcó 8,8 el 27F.






Fuentes
Fishel, D. Australian philanthropy and the arts: How does it compare? [Paper]. International Journal of Arts Managment IJAM, 4(2).
Trascender, F. (2007). Estudio Nacional de Voluntariado 2007 (Report). Santiago: Fundación Trascender.

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