¿Qué hacer con el Diario La Nación?



Yo lo habría vendido hace tiempo, pues un diario en propiedad del Gobierno, de cualquier Gobierno, a parte de ser un anacronismo, es un riesgo evidente de que será usado para cualquier propósito menos para hacer Periodismo.
Pero veamos por parte este asunto.
No seamos hipócritas, el Periodismo es comunicación persuasiva, es decir, es comunicación para convencer a otros de algo que al emisor-gestor del periódico le interesa, ya sea como visión del mundo, como ideología o como interés. Así ha sido siempre, así lo seguirá siendo. No me preocupa que los diarios tengan un interés. Más me importaría que no lo tuvieran o que simularan no tenerlo intentando engañar a sus lectores con una pretendida objetividad. Pero esos diarios tienen un dueño que se juega su inversión en cada edición del periódico. Si se vende, funciona, sino se vende, otro lo reemplazará en el gusto de las audiencias. Pero un diario del Estado juega con otras reglas, ellos nos quiebran, se benefician de la publicidad estatal, de exenciones tributarias y prebendas arancelarias que les permiten acceder a papel, tinta y maquinarias en condiciones muy favorables. Esos diarios mantienen negocios paralelos casi monopólicos, como la también inveterada costumbre nuestra de publicar las leyes en papel.

Empresas relacionadas
En otras ocasiones se ha hecho presente la dudosa forma en que la Empresa Periodística La Nación S.A. ha creado un holding de negocios relacionados a partir de la impresión del mismo diario y a partir del monopolio que mantiene sobre el Diario Oficial conferido por decreto el año 1934. La duda existe debido a que el objeto social de la Empresa Periodística La Nación no incluye la prestación de servicios a terceros en los giros de distribución, elaboración de bases electrónicas y otras actividades que se ejercen a través de un conjunto de siete empresas vinculadas. Se ha puesto en evidencia tambièn que para realizar y participar en actividades empresariales contempladas en el objeto y giro social contenidos en su estatuto social, La Nación debería estar obligada a cumplir las disposiciones contenidas en el artículo 19 Nº 21 de la Constitución Política, en virtud del cual, para realizar cualquier actividad o crear una empresa distintas a las reconocidas en sus estatutos al año 1980, habría requerido la autorización del poder legislativo, por ley calificada. Cosa que no ha ocurrido, hasta donde sabemos.

Anacronismo
Nadie podía haber intuido lo que a la postre sería la historia de este diario que nació gracias a la iniciativa de los senadores Eliodoro Yáñez, Augusto Bruna, Abraham Gatica y Alfredo Escobar, todos adherentes al Partido Liberal, a comienzos del siglo XX.
Actualmente, la Empresa Periodística La Nación S. A. es propiedad en un 69% del Fisco de Chile (quienes nombran a cuatro miembros del directorio, entre ellos al presidente), en un 29, 52% de Inversiones Colliguay S.A (quienes designan a tres integrantes del directorio) y de otros 27 accionistas con el 1,27%, siendo todas estas últimas acciones de carácter preferente- en tanto el Estado tiene sólo un pequeño número de acciones tipo A dentro de su posesiones-, lo cual significa que de venderse el diario, esta sociedad de accionistas minoritarios tiene la primera opción de compra.
Pero se asume que es un diario de gobierno y no solamente un diario “oficialista”. La principal diferencia estriba en la estructura de la propiedad. La Gazette que Renaudot puso al servició de los luises a partir de 1623, era de su propiedad, aunque orientada políticamente por el gobierno francés. Eso es un periódico “oficialista”, mientras que la Nación chilena es de la propiedad del Estado, es decir, de quienes lo administran en el Gobierno.

La circunstancia histórica por la cual atraviesa actualmente el Diario La Nación no deja de ser paradojal. Ahora les preocupa a algunos críticos locales que el periódico esté en manos “de la derecha”. Son los mismos que callaron 20 años cuando el Diario estuvo en manos de una coalición de centro izquierda. Dónde estaban reclamando por su propiedad cuando el diario protagonizó algunos vergonzosos ejemplos de proselitismo políticos. A veces el sesgo oculta el seso.

Seguramente este Gobierno mantendrá el status quo. Hay razones políticas de peso para ello. Pero que no queden dudas. Son razones políticas. No por ello ilegitimas, pues el Gobierno está en su derecho de ejercer su imperio en los asuntos en que le compete. Pero que nos digan que hay razones profesionales para ello. ¿Un diario cultural? Podría ser, pero tampoco la gente lo leería, pues ya son pocos los que leen la prensa. Yo propondría convertirlo en un diario-escuela. Porque no licitarlo a una escuela de Periodismo para que sus alumnos hagan la práctica en un escenario real, como los campos clínicos de Medicina. Y si ello podría interpretarse como lesivo a los intereses de otras escuelas con menos capacidad de pago o lobby, que el mismo diario habrá sus puertas a los alumnos de Periodismo para Prensa, a los de fotografía, publicidad, ingeniería comercial, secretariado y muchas más. Que dicte un Máster en Periodismo Profesional, al más alto nivel, y con precios accesibles para que los colegas puedan perfeccionarse. Eso sería servir al país. Con el dinero de todos.



Fuentes
Especiales de La Nación, E. (2010, 12 de febrero). Nace un diario de avanzada social y cultural. La Nación. Retrieved from http://www.lanacion.cl/nace-un-diario-de-avanzada-social-y-cultural/noticias/2010-02-11/113718.html
Libertad, I. (2007). La Nación: Una práctica totalitaria. Santiago, Chile: Instituto Libertad.
Matus, A. (2009, 1 de Julio de 2009). La Nación Gate I: cómo se privatizó el diario de Gobierno. El Mostrador. Retrieved from http://www.elmostrador.cl/index.php?/noticias/articulo/la-nacion-gate-como-se-privatizo-el-diario-del-gobierno/
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