Economía de la Cultura



Invitado hace unos días a la ciudad de Concepción a exponer sobre las relaciones entre Economía y Cultura por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de Chile (CNCA) , tuve ocasión de desarrollar algunas ideas sobre esta trascendente cuestión de nuestra época. Tras el debate con los asistentes a la zonal del CNCA quedó en el aire la necesidad de contar con más información que nos permita comprender las complejidades de culturizar la economía y no economizar la cultura.

Copio aquí algunas de las ideas desarrolladas en el coloquio penquista.

Lo primero es lo primero. Es necesario comprender que la cultura genera riqueza, empleo, valor añadido, exportaciones y atrae turismo. Conocer la dimensión económica de la cultura nos permite entender como se crea el valor económico, comprender como se comportan los agentes culturales y entender los flujos financieros que existen entre los distintos actores culturales.
Romanticismo estructural.
Es cierto que tradicionalmente ha existido un divorcio entre el mundo de la cultura y el mundo de la economía. A lo largo del siglo XX los artistas han luchado por proclamar la libertad del arte frente a las lógicas extrañas de la política y la economía. No obstante, el paradigma dominante es el económico.

El gestor cultural puede contribuir al mejoramiento de un proyecto cultural, no desde la perspectiva estética o artística, sino en relación con la viabilidad económica del mismo. Hay un divorcio entre quienes se ocupan de la economía y quienes se dedican a la cultura. La cultura y la economía han caminado de manera separada por largo tiempo, explica Xavier Greffe, un destacado economista galo para quien el mundo artístico ha sido particularmente reticente a admitir que se le apliquen argumentos económicos. No muchos son los economistas que también han tenido la sensibilidad para abordar el mundo del arte.

Para los economistas, la cultura, como cualquiera de los bienes y servicios que se transan en una sociedad monetarizada, tiene costos, productores y consumidores y, debe medirse y cuantificarse a través de metodologías estadísticas y econométricas específica. Desde mediados de los años sesenta se ha consolidado la economía de la cultura como una subdisciplina que trata de aproximarse a los procesos de la creación, producción, distribución y consumo de bienes y servicios culturales.

•En 1973 se fundó la Association for Cultural Economics International (ACEI).
•Cuatro años más tarde, el profesor William Hendon de la Universidad de Akron fundó el Journal of Cultural Economics que se ha convertido en la publicación de referencia para la disciplina.
Evaluación de impacto
•Dado lo incipiente de la disciplina, en los estudios empíricos de Economía de la Cultura la perspectiva dominante ha sido la de evaluar los impactos económicos de la cultura; impactos directos e indirectos, sean de alcance global (incidencia en el PBI del valor agregado por el conjunto de las actividades culturales), sean de un alcance limitado a los efectos de una actividad específica (por ejemplo: un festival o un museo) sobre una determinada localización geográfica.

Lo paradojal es que la cultura se tornó en un tipo de mercancía. Subsiste la creencia generalizada de que existe algo muy especial en ciertos productos y eventos culturales (sea en las artes plásticas, en el teatro, en la música, en el cine, en la arquitectura o más ampliamente en las formas de vida, en la herencia, en la memoria colectiva o en las comunidades afectivas) capaz de separarlos de las mercancías comunes como las camisas o los zapatos” (David Harvey)

La atención que la economía presta desde los 80 a la cultura y a las actividades artísticas es consecuencia del desarrollo de las industrias culturales y el turismo cultural. El nacimiento de la economía del arte como disciplina independiente dentro de la ciencia económica moderna se puede fechar con exactitud. Comenzó con el libro de Baumol y Bowen publicado en 1976 titulado
Performing Arts – The Economic Dilemma, «El dilema económico de las artes escénicas».
El dilema aparece debido a que un creciente nivel de bienestar económico o ingreso per capita, que lleva a un aumento de la demanda de representaciones, conlleva un mayor coste de las representaciones escénicas. Como resultado de ello, las artes escénicas se encuentran con dificultades financieras cada vez mayores.
Parece que, precisamente por ser la sociedad más próspera y debido al aumento de esa prosperidad, son cada vez más las dificultades para mantener estas artes escénicas.

Progresivamente, se fueron sentando las bases de una “economía de la cultura”, gracias a los trabajos de diversos autores: William Baumol, William Bowen, Gary Becker, George J. Stigler, Alan Peacock, Peter J. Alexander, la Escuela de Elección Pública, entre otros.
Al reconocimiento de la economía de la cultura, como ámbito específico de la ciencia económica, han contribuido tres factores:
La propensión de las actividades culturales a generar flujos de ingresos y de empleo,
La necesidad de evaluar las decisiones culturales, que implican recursos económicos, y
En el plano teórico, el desarrollo de la economía política hacia campos nuevos.

Tras la publicación del libro de Baumol y Bowen comenzó a florecer la economía de la cultura en los países anglosajones, y buen ejemplo de ello son los libros de Moore, American Theatre (1968), de Peacock y Weir, The Composer in the Market Place (1975), y de Netzer,Subsidized Muse (1978).
Muy poco después, Blaug (1976) recopiló la primera antología, y Throsby y Whithers escribieron el primer libro de texto sobre La economía de las artes escénicas (1979).
•Baumol y Bowen analizan los problemas financieros que enfrentan las instituciones responsables del espectáculos en vivo. Consideran que la diferencia entre los gastos e ingresos ganados (“Earning Gaps”), es probablemente la mejor forma de medir las restricciones financieras de estas instituciones.

•En 1973 se fundó la Association for Cultural Economics International (ACEI).
•Cuatro años más tarde, el profesor William Hendon de la Universidad de Akron fundó el Journal of Cultural Economics que se ha convertido en la publicación de referencia para la disciplina.
•Desde fines de los setenta, un número creciente de economistas especializados, participa anualmente en las Conferencias Internacionales en Economía de la Cultura.








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