Investigación y políticas culturales en Chile: un estado del arte (resumen)



Intervención preparada para Seminario: Consumo cultural, investigación y políticas culturales en Chile, Centro Cultural de España en Santiago, 9 de diciembre de 2010.




Resumen

En Chile, en los últimos 20 años, el desarrollo de la actividad cultural ha experimentado cambios, innovaciones, reformulaciones y avances conformando una realidad inédita partir de la generación de la nueva institucionalidad cultural. Paralelamente a los esfuerzos de los gobiernos democráticos por desarrollar políticas culturales desde la institucionalidad dispuesta, se ha ido produciendo un fenómeno socio-económico-cultural que tiene en mayor o menor medida a cada vez mas amplios sectores de la población chilena accediendo a bienes artísticos y culturales. Los estudios realizados en el país han puesto en evidencia que estamos en presencia de una redefinición de los "públicos" de las distintas experiencias culturales.

Existen algunos trabajos que han destacado algunas consecuencias en las políticas culturales destinadas a la extensión del consumo. Los fundamentos teóricos y el desarrollo de las políticas culturales en Chile a contar de los 90 han sido objeto de atención de investigadores universitarios, algunos de ellos están siendo actualmente financiados por FONDECYT y por tesistas como parte de sus trabajos finales. Del mismo modo, las políticas culturales en democracia han sido reseñadas por algunos de sus directos promotores o por agentes responsables de organizaciones culturales relevantes del país.

La ponencia resume las líneas centrales de la contribución que la investigación aplicada en cultura ha generado en el diseño, implementación, evaluación e impacto de las políticas culturales.

I. Presentación


La investigación sobre políticas culturales, audiencias y consumo en Chile es poco frecuentada y estimulada. Aún queda por asumir el reto de obtener un estatuto de mayor reconocimiento, avanzar en un mejor perfilamiento académico e influencia en los procesos docentes y en la generación de esos espacios que nos permitan cooperar en la formulación de las políticas públicas para del sector.

En la mayor parte de los países desarrollado, al menos desde los años ochenta en adelante, la discusión por el papel y límites del Estado en la formulación de las Políticas Públicas; la preocupación por un cualitativo incremento en la participación de la sociedad en su conjunto y el papel destacado de la comunidad universitaria en las acciones relativas a su formulación, corre casi en paralelo con el desarrollo de las metodologías y estrategias para la “medición” de la eficiencia y la eficacia de las decisiones gubernativas en tal sentido.

Los últimos años del siglo y la presente década han estado caracterizados por la consolidación de la institucionalidad cultural. Pese a que no ha sido particularmente intenso en nuestro país un debate más doctrinal sobre la idea de una mayor ausencia/prescindencia del Estado en materias culturales, la propia evolución del tema está en cierto sentido obligando a reflexionar sobre que tan necesario/ oportuno/ conveniente resulta que el Estado asuma un papel más activo en la formulación (y autoevaluación) de las políticas culturales que implementa.

Por “estado del arte” aludo aquí a ese trabajo de revisión que se debe hacer antes de iniciar un proyecto, con el fin de que el conocimiento que se produzca, efectivamente tenga un carácter novedoso. “Revisar lo que se ha trabajado en torno a un tema específico, las herramientas metodológicas empleadas, las conclusiones alcanzadas y las sugerencias propuestas; permite dar un paso adelante en la acumulación del conocimiento, desde una perspectiva académica” .

No existe una definición de consenso sobre lo que son las políticas públicas. La noción de política pública tiene acercamientos descriptivos y teóricos; algunos más cercanos a los teoremas sobre el poder, el consenso y el conflicto. Otros, más interesados en el quién, cómo y para qué se detenta el poder político.

(Gelambi, 1999), sostiene que precisar cuales son los elementos constitutivos de una política publica constituye una operación altamente compleja tanto a nivel teórico como a nivel operativo. Las políticas públicas serían entonces elementos institucionalizados del sistema político (Bañón Martínez, 2003) que tratan de los elementos más visibles, cotidianos y familiares del sistema político para los ciudadanos. Una política pública normalmente implica algunas cosas más que una sola decisión. Normalmente implica más de una decisión: decidir que existe un problema, decidir que ha de interesar su solución, decidir la mejor manera de proceder, decidir legislar sobre el tema, decidir como evaluar.

Es fundamental entonces la articulación entre el diseño y la implementación de las políticas públicas. En estricto rigor no se puede hablar de diseño de la política si no es a la vez el diseño de su proceso de implementación. Para que la política sea realidad concreta y no una idea inteligente, no basta la definición de las "condiciones iniciales" (la conexión fines-medios), si no se incluye el proceso de acción que les da cuerpo, efectividad, continuidad y que remata en el efecto terminal buscado. De ahí, que toda política pública sea en un primer momento una idea sujeta a comprobación en la práctica, cuya validez se basa en un diagnóstico del problema a atacar.

De donde resulta fundamental la comprensión de las causas que lo originaron y de las situaciones favorecedoras de su reproducción y, la solución para resolverlo por la que se haya optado. Esto implica una valoración comparativa de la eficacia de cada una de las posibles soluciones y de sus efectos sobre los sectores sociales. Uno de ellos es el cultural.

En cuanto políticas públicas que son, las políticas culturales vendrían a ser el conjunto de operaciones, principios, prácticas y procedimientos de gestión administrativa o presupuestaria que sirven de base a la acción cultural del Estado (Ander-Egg, 2005). E igualmente requieren de cierta capacidad de generación de conocimiento asociado a su campo de intervención.

La incidencia de los académicos (y en general de la capacidad de las universidades de generar conocimiento) en la formulación de las políticas públicas en cultura es un campo inexplorado en nuestro país. La lámina n° 1 intenta graficar esquemáticamente lo que ha sido la participación académica en la formulación de las políticas públicas en cultura

Se ha explicado (Vega & Bedregal, 2010) como en los últimos años, ha crecido el interés entre académicos y formuladores de políticas, por el uso o no uso de la evidencia científica en la elaboración de las mismas . Dicho interés, se ha dicho (Botto, 2006; Burlot & Medalla, 2008), se enmarca en el paradigma del diseño de las políticas públicas basadas en la evidencia [en adelante PPBE] dentro del cual, se espera que la certeza científica inspire a las PP, para que éstas, sean las más efectivas y eficaces estrategias a implementar.

Se trata sin duda de todo un cambio en el modelo de diseño de las políticas públicas y, al mismo tiempo, un desafío para la academia, pues nos invita a pensar la investigación ya no desde el fin de la implementación de la política (a modo de una evaluación sumaria) sino desde el inicio del proceso.

No obstante, en el ámbito de las políticas públicas en cultura no hay evidencias concretas de la incidencia de la academia y del resultado de investigaciones científicas en la adopción de las mismas en los países de la región. Y se trata de un tema urgente. En palabras de Tulio Hernández, un sociólogo venezolano especializado en temas de Cultura y Comunicación, ¿Cómo puedo saber, por ejemplo, cuanta energía y recursos le debo colocar a un plan de lectura, si no tengo una idea certera y verificable de la situación en la que se encuentra la industria, el mercado y el consumo editorial, los hábitos de lectura, la dotación de bibliotecas, la capacidad inductora del sistema de educación básica, y otras variables que nos permitan definir cómo debe ser esa intervención consciente dentro del sistema cultural, área lectura, en su conjunto? ¿Cómo puedo determinar un Plan de recuperación del patrimonio edificado sino conozco a fondo la situación de conjunto en la ciudad o municipio que administro? (Hernández, 2009).



Para el caso chileno, solo hay algunos trazos, unas huellas desperdigadas que intentaré sacar a la luz.
Evolución de los estudios sobre consumo cultural en Chile. Un intento de periodificación.


Solo en las últimas décadas en Chile se ha comenzado la que esperamos sea una tradición en estudios sobre el consumo cultural (Brunner et.al. 1989; Catalán Sunkel, 1990; Bernasconi & Puentes, 2001; PNUD, 2002; Catalán & Torche, 2005; Nazif, 2007; Gayo, Teilteimboin & Méndez, 2009), aunque ciertamente no se trata de un tema popular para la academia.

No abundan las investigaciones de nivel universitario. A saber, el Repositorio Institucional de CONICYT (RI), base de datos que contiene la información centralizada, organizada y normalizada de los proyectos, personas, instituciones y resultados provenientes de todos los fondos que se administran en la institución desde su creación en 1981, consigna 184 proyectos asociados a la búsqueda del termino “consumo”. De ellos, sólo uno (de 1993) se acerca a nuestro objeto de atención, aparte del que hizo posible la presente investigación.

A la falta de estudios específicos que ayuden a entender las alternativas del consumo de cultura en la sociedad chilena en una dimensión sinóptica, se debe sumar la inexistencia de un tratamiento de conjunto realizado sobre la temática de esta sección. Hay que descubrir el mosaico por retazos, con teselas encontradas dispersas.

Nos parece reconocer sin embargo algunas tendencias en los estudios disponibles, ellas devienen tal vez de una orientación particular de los investigadores, pero ayudan a clarificar el proceso que eclosiona en los noventa con las primeras formulaciones de las políticas culturales en el país.

Entre el 90 y fines de la primera década del presente siglo, la atención de los especialistas ha estado puesta, aparentemente en la expansión del consumo en sectores emergentes y la masificación de ciertas prácticas artísticas y culturales. Será este también el período en que el consumo cultural se instalará como un campo específico de análisis desde la perspectiva académica. El lapso coincide además con el extenso gobierno de la coalición política que derrotó al general Augusto Pinochet en las urnas, favoreciendo desde el Estado y sus órganos de intervención, una mirada más atenta de las distintas modalidades que asumen las prácticas artísticas y culturales desde la perspectiva de la demanda.

Con el contexto de fondo de contribuir a la democratización de la cultura a través de la facilitación del acceso, las organizaciones culturales chilenas han debido asumir como un desafío inminente la necesidad de ampliar sus audiencias y considerar al público ahora como un protagonista activo de su actuación y no como, tradicionalmente ocurría, un mero receptor pasivo de sus propuestas.

Como hemos podido apreciar, la delimitación del “consumo cultural” como una práctica específica frente a la práctica más extendida del consumo se justificaría, entonces, por la parcial independencia alcanzada por los campos artísticos y culturales durante la modernidad. Estos campos habrían superado la heteronomía que tenían en relación a la religión y la política, lo cual se enmarca en un proceso de secularización global de la sociedad.

Pero además, el consumo cultural se constituiría como una práctica específica por el carácter particular de los productos culturales. En este sentido, se ha propuesto que los bienes culturales, es decir, los bienes ofertados por las industrias culturales o por otros agentes que actúan en el campo cultural (como el Estado o las instituciones culturales) se distinguen porque son bienes en los que el valor simbólico predomina por sobre su valor de uso o de cambio.



Aportes colectivos

Tres me parecen que son también los núcleos intelectuales que más han avanzado en el desarrollo de trabajos con continuidad en el área de los estudios de audiencia y consumo cultural. Me refiero al CISOC de la Universidad Alberto Hurtado, el núcleo de académicos reunidos en torno al Instituto de Investigación en Ciencias Sociales (ICSO) de la Universidad Diego Portales, (UDP), y a la Unidad de Estudios del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.

Especialmente destacable es el aporte de los dos primeros pues provienen de espacios universitarios privados, contribuyendo a desmentir en los hechos ese desapego que se suele atribuir a las universidades privadas en materias de investigación de calidad en Ciencias Sociales. La última ha hecho una inestimable labor desde la institucionalidad pública.



El CISOC de la U. Alberto Hurtado

El Centro de Investigaciones Socioculturales (CISOC) de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Alberto Hurtado, hereda una historia fecunda desde el antiguo Centro Bellarmino, fundado en los años 40’s por el Padre Alberto Hurtado .

Especialmente enriquecedora ha sido la obra y el liderazgo intelectual del académico Pedro Guell, quien ha infundido en el Centro de Investigaciones un trabajo serio y documentado sobre el consumo cultural. En una serie de trabajos continuados sobre las dimensiones que asume el consumo cultural en Chile , Pedro Guell ha explorado la tesis de que en Chile, al igual que en el resto de América Latina, la consecución e institucionalización de los derechos civiles y políticos en los últimos treinta años ha tenido un rol fundamental para la conformación y desarrollo de sociedades democráticas, equitativas y sustentables.

“Si en las décadas de los ochenta y noventas, la justiciabilidad de los derechos humanos jugó un papel fundamental para los gobiernos denominados de la “transición democrática”, en la actualidad la discusión sobre la garantización de derechos se ha ampliado a nuevos horizontes y preocupaciones sociales. Es así como los “Derechos económicos, sociales y culturales” han comenzado a tomar, en los últimos años, un lugar primordial en la discusión sobre los nuevos desafíos que los países de la región han venido experimentando en sus trayectorias democráticas. Los así llamados “derechos de segunda generación” –que vendrían a complementar a los derechos civiles y políticos considerados de primera-, han demandado nuevos instrumentos de monitoreo y seguimiento, que permitan establecer una discusión más amplia sobre los derechos que proponen nuevos estándares de equidad social”(Pedro; Guell Villanueva, et al., 2009c).

Pero ha sido a partir de su participación en la elaboración del Informe de Desarrollo Humano en Chile del PNUD (Nosotros Los Chilenos: Un Desafío Cultural, 2002) desde donde más se ha podido apreciar su influencia en los estudios sobre el consumo cultural en el país (PNUD, 2002)

El Informe estuvo dedicado a los cambios y desafíos de la cultura en Chile. Asumiendo que se trata más que nada de una experiencia de vivir juntos, se comprendió a la cultura como la práctica y el imaginario de la vida en común, muy vinculada con las posibilidades de un más completo Desarrollo Humano, es decir, relacionada con ese proceso por el cual la persona se hace sujeto y beneficiario efectivo de los cambios.

En su reflexión sobre la cultura en Chile, se concluye que no habrá Desarrollo Humano si no existe una cultura que fortalezca las capacidades individuales y colectivas para actuar. En consecuencia, una estrategia de Desarrollo Humano debe apuntar al fortalecimiento de las capacidades sociales para ampliar las opciones y oportunidades disponibles para las personas.

Otro aspecto destacable del trabajo de Guell ha sido su interés por introducir criterios de racionalidad a la aplicación de políticas públicas en el ámbito cultural.

En el marco de una asesoría que realizó el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) al Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de Chile (CNCA), se avanzó en la generación de metodologías de evaluación adecuadas a los programas culturales y artísticos realizados por esa repartición (Pedro Guell Villanueva, Frei, & Peters Núñez, 2008).

A juicio de los expertos convocados por el CNCA, la evaluación de programas y políticas culturales contiene por una parte, una definición de los objetos de evaluación y de los juicios de valor que sirven de perspectiva para observarlos y, por otra, la selección de los métodos específicos que permiten observar los objetos elegidos desde la perspectiva definida.

“Si bien no existe un método único de evaluación para el conjunto de las políticas culturales y para su integralidad como programa, sí existen métodos y técnicas específicas para evaluar adecuadamente los distintos tipos de estos componentes. Las ciencias sociales y la práctica de evaluación de políticas públicas a nivel nacional e internacional han elaborado diversas técnicas de evaluación para los distintos tipos de componentes de los programas. En este sentido, evaluar un programa es, primero, reconocer la combinación específica de partes que lo componen; segundo, decidir la secuencia de técnicas que se adecua a esa combinación específica” (Guell, P: 2008, 5)

Estas estrategias o secuencias de evaluación implican, a su juicio, la aplicación de procedimientos sistemáticos y rigurosos de generación de información, que sirvan para determinar qué efectos o resultados han tenido los programas implementados. Se estructura a base de los distintos tiempos o fases de cada programa, dando como opción distintos métodos que sirven para evaluar a los programas en cada momento.

En este sentido, requiere no sólo la capacidad política de visualizar cuándo es necesario evaluar cada programa, sino también los medios técnicos que iluminen qué método corresponde a cada programa.

El trabajo de Pedro Guell ha sido sin duda fuente de inspiración para el sociólogo Tomás Peters, quien también desde el CIDOC de la U. Alberto Hurtado, ha venido desarrollando con matices propios algunos interesantes aportes a los estudios sobre consumo cultural y audiencias en Chile.



Peters ha escrito (2009) que la sociedad se va reproduciendo y transformando por medio de un complejo entramado creativo y expresivo, donde la cultura y el arte juegan un papel fundamental. Ello permite la conformación de nuevos horizontes de expectativas que sustenta la confianza de un futuro común conformado por la diversidad y, a la vez, por la complementariedad de los diversos agentes sociales. El cree que este proceso es potenciado por la participación y el consumo cultural (Peters Núñez, 2009).

Tanto el consumo como la participación en cultura permiten la conformación de nuevos y renovados esquemas de sentido en la esfera social y cultural y, además, fortalecen un desarrollo social, humano y económico sustentable en las comunidades y naciones. Está convencido de que el acceso a los bienes y servicios culturales permite diversificar los discursos sociales, fortalecer y transformar los esquemas identitarios, ampliar las nociones de solidaridad social, aumentar la participación, crear una noción crítica de las condiciones de vida, etc., lo que contribuye a una sociedad más democrática, participativa y reflexiva.

En este y en trabajos posteriores, Peters ha estado intentando demostrar que un alto involucramiento -de los agentes sociales- en la producción y participación artística, genera un mayor impacto en las trayectorias biográficas de los sujetos (Peters Núñez, 2010). Dicho en sus palabras, “a mayor consumo, participación y creación de manifestaciones artísticas por parte de los agentes sociales, mayor será la amplitud de horizontes de expectativas y de construcción de proyectos biográficos de los mismos”.

En base a las actuales discusiones sobre el estudio del consumo cultural en Chile, el trabajo de Peters desde el CIDOC se nos presenta como una interesante reflexión teórica sobre estas materias y su interrelación con otras dimensiones sociales y políticas.



El ICSO de la U. Diego Portales. El Instituto de Investigación en Ciencias Sociales (ICSO) de la Universidad Diego Portales (UDP), en Santiago de Chile, reúne a académicos de las escuelas y programas de la Facultad de Ciencias Sociales e Historia. A través de una línea de investigación en Prácticas Culturales e Identidades Sociales, se está intentando abordar interdisciplinariamente el estudio de prácticas y transformaciones estructurales en la sociedad chilena actual, enfocándose principalmente en los procesos de negociación y redefinición de identidades sociales y culturales .

El programa incluye la investigación en temas como: memoria e historia social; turismo, patrimonio y museología; clases medias, desigualdad y exclusión; economía y cultura; consumo cultural y gusto; identidad personal, cambio social, género y moral; pluralismo y multiculturalismo; espacios y territorio; y cultura política.

En algunos trabajos recientes, los expertos del ICSO han sostenido que la mayoría de la población chilena no participa, o lo hace escasamente, de actividades culturales, y ello no solo se refiere a las actividades más elitistas, sino también a muchas de las frecuentemente consideradas masivas(Gayo, et al., 2009).

Sus trabajos estadísticos les han permitido concluir que pese al entusiasmo del público que llena salas y espectáculos en algunos momentos del año, el inventario dice que cerca de un 60% de los chilenos tiene una relación distante o nula con la cultura (Bade, 2009).

En el estudio “Patrones del uso del tiempo libre en Chile", clasifican a los chilenos en seis patrones identificables de acuerdo a su consumo cultural (cine, teatro y espectáculos deportivos, entre otros). Desde los que más participan y constituyen una pequeña elite (5,2%), hasta los inactivos, el grupo mayoritario, (28,6%), que se caracterizan por su baja educación, pobreza y edad avanzada .



La Unidad de Estudios del CNCA. Lo primero es lo primero, para fomentar las audiencias primero hay que conocerlas. Si como hemos visto, esa era una de las cuestiones fundamentales que preocupó al Estado chileno en la primera época de funcionamiento de su orgánica cultural contenida en el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes (CNCA), es dable preguntarse también ¿Qué sabe el Estado acerca de los públicos de la cultura y las artes?

Los Estudios de Público (cultural audiences studies) desde el sector público son una novedad aún en el medio local. En buena parte de ellos si no en su totalidad, ha estado involucrada una sección especifica del servicio cultural público recién nombrado. En efecto, la Unidad de Estudios y Documentación del CNCA tiene como misión principal colaborar en la producción de información sobre el sector cultural y artístico, prestando asesoría en la formulación de políticas culturales y en la producción y sistematización de la información del sector artístico y cultural del país (de la cultura y las Artes, 2009b).

La Unidad de Estudios es el área encargada en el CNCA de coordinar la evaluación, el cumplimiento y la formulación de las políticas culturales, labor en la cual asiste a las autoridades y al Directorio Nacional en la toma de decisiones. Desde su origen, la Unidad de Estudios ha coordinado la elaboración de diagnósticos sobre la implementación de la política cultural nacional, ha entregado la asesoría técnica en materia de formulación para los diferentes instrumentos de política cultural (Política Nacional, Políticas regionales, Políticas sectoriales) y, en definitiva, elaborar los documentos de propuesta del sector, los cuales son presentados y consensuados con la comunidad artística nacional, así como aprobados por las autoridades y el Directorio Nacional.

Fue así como el antiguo Departamento de Estudios colaboró activamente en el diseño y definición de la Política Cultural 2005-2010, así como en otros documentos de esta naturaleza en el ámbito regional y de áreas específicas (Políticas de Fomento del Teatro, de la Artesanía, de la Danza, la Fotografía y las Artes Visuales) . Al mismo tiempo, la Unidad de Estudios presentó semestralmente al Directorio Nacional y autoridades del servicio, el seguimiento en la implementación de la política nacional, elaborando un relato de la implementación, descrito por cada uno de los responsables de los cumplimientos de las medidas contenidas en la política, por cada línea estratégica.

De la misma forma, la Unidad de Estudios ha apoyado metodológicamente y en propuestas de contenido a las autoridades, para definir objetivos y temas a tratar en la Convención Nacional de Cultura.

La Sección de Estudios estaba compuesta a fines del 2009 por quince profesionales especialistas en distintas áreas de la actividad cultural, quienes desarrollan sus competencias en estos tres equipos de trabajo.

1. Políticas Culturales y Evaluación: El equipo de políticas culturales es el responsable de asesorar en materias estratégicas a las autoridades, coordinar el proceso de formulación de políticas públicas en materia cultural y coordinar los contenidos de la Convención Nacional de la Cultura.

2. Estudios y estadísticas: El equipo de estudios y estadísticas está conformado por un equipo de profesionales dedicados a la ejecución y sistematización de estudios e investigaciones del sector cultural, responsables de cada programa que se desarrollan en esta área.

Una de comisiones más relevantes de la Unidad es la elaboración de la Encuesta de Consumo Cultural. Con el objetivo de producir información sobre el consumo y prácticas culturales de los chilenos en los ámbitos propios de la industria cultural y de los distintos sectores culturales específicos (artes visuales, escénicas, etc.), se ha realizado tres mediciones a la fecha. La primera durante el año 2004 aplicada exclusivamente en la Región Metropolitana con representación urbano-rural; la segunda durante el año 2005 aplicada en el resto de las regiones del país, en sus ciudades principales y, una encuesta a mediados del 2009 (sin publicación a la fecha) que midió los niveles de participación y consumo cultural de los grandes centros urbanos (...)



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