Actores Concernidos, Políticas Culturales y Nuevas Audiencias. Percepción de stakeholders sobre La Eficacia de las Políticas Públicas en Cultura en Chile

Ponencia presentada al VI Congreso Chileno de Sociología y Encuentro PreALAS 2011 - Grupo de 'Trabajo Sociología, Arte y Patrimonio Cultural', 13,14 y 15 de abril 2011, Valparaíso.

Resumen


¿Cómo aprecia el sector cultural chileno a las políticas culturales que el Estado viene promoviendo desde hace más de una década para generar “más y mejores audiencias”? La presentación se inscribe dentro de la línea de elementos para el análisis crítico de las políticas culturales. Propone como un insumo ineludible para la evaluación participativa de las políticas culturales, las opiniones de los agentes involucrados en la aplicación de las mismas. Junto con revisar las modalidades de valoración mas frecuentes en políticas públicas dedicadas a la cultura y las artes, la ponencia asume la necesidad de considerar estrategias más inclusivas de los actores y agentes que son directamente involucrados en ellas.

El papel de los stakeholders en tanto agentes vinculados a las distintas instancias de formulación de las políticas públicas ha sido destacado ampliamente por el desarrollo de la disciplina. Identificar con claridad que opiniones manifiestan los agentes involucrados en la aplicación de las políticas públicas es una medida clave de sus posibilidades de éxito.

La herramienta de Investigación principal fue una encuesta a nivel nacional a mas de un centenar de organizaciones culturales públicas y privadas y, entrevistas a informantes claves seleccionados en función de su condición de ex personeros del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes en calidad de “consejeros” nacionales y regionales y responsables de “instancias de apoyo y gestión”.

La ponencia resume las opiniones dominantes de los actores del ámbito cultural local, referidas a la eficacia de las decisiones estatales para la ampliación de los públicos y la generación de nuevas audiencias.

Los llamados a implementarlas opinan que la mayoría de las metas formuladas entorno a dicho objetivo en las políticas culturales no son tan concretas como se esperaría. Los entrevistados le reconocen más incidencia al esfuerzo gubernamental por fomentar la participación ciudadana con fines culturales, que a la meta de crear “más y mejores audiencias”.

En general las organizaciones están dispuestas a reconocer que sus necesidades suelen coincidir con los énfasis puestos en las políticas culturales implementadas desde el CNCA, pero, aquellas dedicadas a la generación de nuevos públicos no parecen haber sido muy útiles.





1. Introducción.


La creación en el 2003 del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes supuso para la naciente institucionalidad cultural chilena la culminación de una antigua aspiración de contar con un organismo del más alto nivel que, desde la más alta esfera de la intervención pública, contribuyera a superar la fragmentada e inconexa realidad que por décadas caracterizó el accionar del Estado en el sector (Antoine, 2002; Aranda Friz, 2004; Bar, 2006).
Fue la ocasión también para que por primera vez se ensayara formalmente un diseño de políticas culturales de Estado. La primera versión de las mismas se extendió de 2005 al 2010 , en un contexto político marcado todavía por el cierre de la transición tras la recuperación de la democracia a comienzos de los 90 y la consolidación de los procesos institucionales de fines del período, de los cuales no estuvo ajeno el sector “cultura” . Como parte de dicho proceso fueron impulsadas desde el Estado todo un conjunto de iniciativas que se tradujeron con el tiempo en la generación de un renovado cuerpo de leyes para el sector (Montero Morales, 2009), nuevas formas de financiamiento para proyectos e instituciones artísticas y culturales (Navarro Ceardi, 2006) y actos administrativos en diferentes planos de la organización política del país (Squella, 2008), que beneficiaron al sector cultural en todas sus formas, configurando un panorama marcado por el diseño e implementación de las políticas culturales del país.
El desarrollo de la actividad cultural propiciada desde el Estado en Chile ha contribuido también a la conformación de un campo disciplinario propio con algunos referentes desde la academia (Aguirre, 2005; Arias Yurisch & Gálvez Gómez, 2010; Frutos, 2008; Muñoz del Campo, 2010) y el ejercicio de la actividad sobre el cual existe suficiente experiencia como para permitir una reflexión sobre el proceso de implementación de las mismas, aunque no se aprecia el mismo esfuerzo por evaluarlas .
Evaluar en políticas públicas (Bussiere, 2001; Yoshimoto, 2006) es equivalente a la aplicación del método científico a lo que los gobiernos realizan, para entender qué pasa como resultado de las actividades de los programas que desarrollan. Sabemos que el objetivo de la evaluación es proporcionar información a los gestores de los programas y a los decisores políticos sobre los costes y los efectos de las acciones que promueven en el plano nacional, regional o local-, ayudando de esta manera a la gestión eficaz y a la distribución eficiente de los recursos (Ballart, 1996; Vedung, 1986).
Utilizamos aquí la expresión 'políticas públicas' para referirnos al conjunto de actuaciones que el sector público emprende en el cumplimiento de sus obligaciones, asumiendo que cuando otros autores hablan de 'programas' o 'proyectos' públicos, lo hacen en sentido similar a nosotros (Aguilar Villanueva, 1993; Cansino Muñoz-Repiso, 2005; Durán, 2009). Una política pública en materia cultural, sería entonces toda actuación o decisión emprendida o iniciada por una autoridad pública con la intención de influir en alguno o varios aspectos relacionados con lo simbólico en un sentido amplio (Coelho, 2003).
La evaluación, para ser completa e informada (Pulido, 2001), requeriría además una mirada atenta sobre aquel conjunto de consideraciones que los propios actores concernidos (SAC) manifiestan sobre el proceso de implementación de las políticas culturales .
Hasta donde existe información, esas opiniones no están disponibles para el caso chileno, de modo que el decisor responsable de la formulación de las políticas públicas no dispone (al menos públicamente) de un visión panorámica sobre el estado de la mainstream (opinión dominante) sobre las materias que impulsa bajo la forma de leyes y disposiciones . Este estudio intenta reducir esa brecha.
Esperamos que este artículo pueda contribuir a un debate informado que permita, a partir del reconocimiento del mainstream del impacto de las políticas culturales en los actores concernidos, la promoción de mecanismos más inclusivos de participación de la ciudadanía en la evaluación de las políticas públicas y así mejorar a la postre, nuestra capacidad teórica y técnica de formularlas .


2. Métodos y estrategias de investigación

El reporte forma parte de una investigación mayor que hemos desarrollado los últimos tres años (2008-2010) para evaluar las distintas formas de participación del Estado en la formulación de políticas públicas para la creación de nuevas audiencias en materias de arte y cultura .



En esta ocasión nos proponemos exponer someramente los resultados de una encuesta a personeros ligados con organizaciones culturales del país y un conjunto de entrevistas a informantes claves, sobre la materialización de las políticas culturales chilenas, especialmente de aquellas referidas a incrementar la participación de las personas en el consumo cultural y la generación de nuevas audiencias.
El papel de los stakeholders en tanto agentes vinculados a las distintas instancias de formulación de las mismas, ha sido revelado por numerosos especialistas (Muller, 2006; Autissier, 2008; Gascó Hernández, 2003, entre otros). Christopher Madden, por ejemplo, sostiene que buena parte del éxito de las políticas públicas descansa en la capacidad de los analistas de identificar con claridad quienes son sus stakeholders (Madden, 2010).
Mientras Alfons Martinell (1999, 2000) ha destacado el importante rol de los agentes culturales como actores activos de las políticas culturales para desarrollar funciones de mediación que ingresan en la lógica de influencia para considerar la cultura como un punto importante de la agenda política global.
En definitiva, existe cierto consenso en que las políticas culturales se pueden evaluar también considerando las opiniones de los involucrados (Bertrana Horta & Ysa, 2007; Bianco Dubini, 2006). Ello no solo es necesario dada la cantidad de recursos fiscales que se destinan a tal efecto, también es oportuno.
Lo es, no sólo por la obligación que constituye el deber de dar cuenta de lo que se hace, sino que hacerlo en el contexto de la experiencia de 20 años de políticas culturales en Chile, es casi un imperativo.
Que las políticas públicas cumplan con los objetivos que las originaron es, sin duda, una exigencia que de satisfacerse fortalece la democracia y refuerza la función gubernativa. La calidad de las decisiones públicas "requiere de una capacidad de evaluación y seguimiento de los impactos sociales y económicos de las leyes que se aprueban y de las políticas en las que se haya intervenido, directa o indirectamente" (Ampuero, 2005).
La evaluación de las políticas públicas en cultura considera una muy amplia gama de modelos teóricos y prácticas de campo, siendo inoficioso aquí tratar de establecer un cuadro resumen de las mismas . No obstante, las tendencias más actuales en metodologías de evaluación de las políticas públicas (Bemelmans-Videc, Rist, & Vedung, 1998; Bencivenga & Ruprich-Robert, 2002; Crovella, 2008), recomiendan decididamente la incorporación de los agentes concernidos en distintos niveles del proceso.
La participación, en diferentes instancias, de la comunidad interesada en la ponderación de los objetivos de las políticas y sus logros al alcanzar las metas constituye una forma de evaluación inclusiva que ha sido propuesta, entre otros por Koren y Galea Robles (2010).
Las metas son “índices que se pueden lograr o realizar mediante las políticas” (Evert Vedung, 1986, 1997). Ellas pueden ser formuladas indicando la naturaleza existente de los cambios que se pueden o se aspira a lograr. Si, en efecto, cada programa político comprende una jerarquía de metas y medios deseables, en otro nivel pueden también simultáneamente ser un medio.
La participación de los stakeholders en la evaluación de las políticas permite ampliar el grado de participación de la ciudadanía para cumplir un doble objetivo: (a) lograr que la ciudadanía se sienta convocada y protagonista de la vida cultural y (b) fortalecer el vínculo entre las organizaciones con esa comunidad (ahora conformada también como público) ampliando de ese modo el ámbito de circulación de sus obras (Koren at.al. 2010).
Las modalidades de evaluación inclusiva no se han considerado en Chile, hasta donde sabemos, como una alternativa para justipreciar el verdadero impacto de las políticas culturales .
Por ejemplo, el anhelo de democratizar al país a través de la participación de las personas en el consumo de arte y cultura, una de las metas que las políticas culturales trataron con frecuencia en Chile entre 1990 y el 2010 (Antoine, 2009), no ha sido sometido a procesos evaluativos con independencia del sujeto promotor público.
Por participación ciudadana en cultura (Bonet, 2005; Cox, 2006) entendemos aquí a la capacidad y el interés de las personas, organizaciones sociales y de la sociedad civil, por asumir acciones concretas en los campos de la creación artística, de la producción y difusión de objetos culturales y de la preservación y buen uso del patrimonio . Mientras que por “desarrollo de audiencias” (Colomer, 2009; Mollard, 2009; Sanna, 2007) comprenderemos el conjunto de decisiones asumidas formalmente para incrementar el número de receptores activos de los mensajes artísticos. En este esfuerzo pueden confluir las acciones provenientes tanto del sector público como de otros actores sociales interesados en la promoción de las actividades culturales, con y sin fines de lucro.
l documento Chile Quiere Más Cultura. Definiciones de Política Cultural 2005-2010, planteó tres “objetivos” en este ámbito: (a) Crear y desarrollar más y mejores audiencias difundiendo la cultura, aumentando la infraestructura, estimulando la gestión, ampliando la formación para la apreciación de las artes e instando por una mayor calidad de los medios de comunicación; (b) Aumentar el acceso de los grupos de escasos recursos y de los grupos vulnerables a los bienes de consumo cultural, generando las condiciones iniciales para una relación permanente entre los miembros de estos grupos y la actividad cultural y (c), Fomentar la participación y la organización ciudadana descentralizada con fines culturales. Nuestra atención estuvo centrada en la primera de estas cuestiones , la referida al desarrollo de “más y mejores audiencias”.
Nos interesaba conocer entonces ¿cómo estaban siendo recibidas esas iniciativas por los actores concernidos? Es decir, interesaba saber si ¿podría obtenerse una “opinión dominante” de los actores concernidos sobre el impacto que las políticas culturales estaban teniendo en la posibilidad de conformar “más y mejores audiencias”? De alguna forma nos parecía que esas opiniones podrían ayudar a generar modalidades más inclusivas de evaluación de las políticas culturales.
Como estudio exploratorio con pocos referentes previos en el medio local, se recurrió a un método mixto (Hernández Sampieri, Fernández Collado, & Baptista Lucio, 2000; Mancuso, 1999) que incluyó una encuesta remitida on-line a un conjunto de organizaciones culturales del país y, una entrevista en profundidad presencial y con cuestionario semi-rígido a un grupo de actores relevantes del medio local que han mostrado continuidad en las labores de gestión, administración y dirección de algunas de las organizaciones culturales y artísticas más importantes de Chile.



2.1. La Encuesta/censo a organizaciones culturales

La herramienta principal en la fase de campo fue una encuesta de motivos y actitudes basada en un cuestionario con preguntas con respuesta a escala que fue remitida por correo electrónico a las direcciones oficiales que aparecen consignadas en las organizaciones seleccionadas. La encuesta fue aplicada entre los meses de septiembre y diciembre de 2009 a través del servicio contratado a la organización EncuestaFácil.com que fue la que nos pareció entregaba las mejores garantías de precio, calidad y pertinencia .
El instrumento fue sometido a una validación previa con tres organizaciones culturales seleccionadas antes de remitirlo al universo seleccionado .

Una primera dificultad a resolver fue la inexistencia, a la fecha, de un repertorio actualizado, con proyección nacional y ánimo de complitud de las organizaciones culturales chilenas . Así que, para la construcción del universo se tuvieron a la vista y se cruzaron los datos a partir de las bases actualizadas (al 2009) que sobre centros culturales en Chile ha confeccionado la Oficina de Infraestructura y Gestión Cultural del CNCA (unos 219 registros) e información propia construida a partir de fuentes abiertas como las Páginas Blancas, el Directorio de Instituciones de Chile (Guía Silber, 2010) y medios de comunicación , hasta totalizar 455 organizaciones culturales con sus respectivas titularidades, direcciones y demás datos de registro.
La encuesta incluyó una carta previa de aviso / invitación remitida online donde se daban a conocer los objetivos de la investigación, sus características generales y se solicitaba a los directivos de las organizaciones su concurso. Se indicó en esa oportunidad que ellos se podían dar de baja enviando una notificación en tal sentido como reply al investigador principal. Entre los correos devueltos por rebote de la dirección de email (36) y las manifestaciones de no querer participar (2) el universo quedó depurado en torno a 417 organizaciones .


El instrumento que se aplicó se construyó sobre la base de dimensiones conceptuales definidas en el marco teórico de esta investigación. Considerando lo anterior, se conformó un cuestionario que contaba con distintas secciones, en las que se consultó por las características de la organización cultural, por un lado, y de la opinión y evaluación de los instrumentos y políticas culturales para la generación de audiencias, por otro.

Para analizar la información se desarrolló un análisis estadístico descriptivo basado en las respuestas obtenidas a nivel de cada representante de las organizaciones culturales participantes. Fundamentalmente, se desarrolló un análisis de frecuencias de las respuestas obtenidas y un estudio de cruce de variables para observar la distribución de las respuestas en distintos segmentos de la población analizada.



2.2 La Entrevista con informantes clave.

No queríamos limitarnos a un recuento meramente cuantitativo de las encuestas recibidas, pues aunque necesario, no nos parecía suficiente para reflejar la tesitura de las consideraciones que algunos de los stakeholders de las políticas culturales desarrolladas por el Estado podrían estar incubando.



Debido al gran número de individuos que potencialmente componían el universo, realizamos un procedimiento de muestreo de carácter cualitativo a una muestra de “sujetos tipos” .



Los sujetos tipos fueron seleccionados en atención a dos criterios dominantes: a) personeros públicos que a diciembre de 2006, se desempeñaban como miembros del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes en calidad de “consejeros” nacionales y regionales y a quienes asumimos les correspondía en mayor medida la formulación de las políticas culturales vigentes en el país y, b) personeros responsables de “instancias de apoyo y gestión” consignados en la Cartografía Cultural de Chile (tomo 2, Directorio 2001-2002, CNCA), en las categorías “Fundaciones Culturales”; “Institutos Culturales Bi-Nacionales”; “Organizaciones Culturales” y “Salas y Espacios para Muestras Culturales”.



Una vez identificados, se seleccionó una muestra inducida escogida mediante el juicio de los investigadores responsables del estudio, usando como principales criterios una valoración de la influencia en el medio artístico y cultural de acuerdo a su programación y número estimado de visitantes, los distintos sectores sociales a los que apuntan las organizaciones involucradas y, el lugar donde se encuentran emplazados físicamente. Se procuró mantener un número más o menos equilibrado de entrevistas a “ex” y actuales integrantes en distintos niveles de la administración cultural pública del país, directivos y ejecutivos de organizaciones culturales que reciben parte sustantiva de sus presupuestos del sector público y gestores culturales de organizaciones privadas y sin fines de lucro.

El cuestionario se construyó en torno a una batería de preguntas semiestructuradas que fueron aplicadas por el equipo de investigación entre los meses de diciembre de 2009 y enero de 2010.
Las preguntas y sus respectivas respuestas se ordenaron en torno a códigos de etiquetado o categorización tentativa de fragmentos o citas que los investigadores consideraron de relevancia potencial para el problema que se estaba estudiando. Entre ellos (a) experiencia en formulación de políticas culturales; (b) importancia atribuida al desarrollo de audiencias en las organizaciones culturales; (c) reconocimiento de instrumentos derivados de políticas culturales que habrían contribuido a desarrollo de audiencias; (d) grado de conocimiento que se atribuye a colectivo profesional de gestores culturales sobre metodologías de desarrollo de audiencias; (e) identificación de acciones frecuentes de desarrollo de audiencias en organizaciones culturales y (f) apreciación personal de eficacia de acciones que realizan organizaciones culturales para el desarrollo de audiencias.
Las entrevistas fueron transcritas literalmente introduciendo pequeñas modificaciones de redacción derivadas del traspaso del lenguaje hablado al escrito . Se prefirió siempre mantener el orden de las ideas tal como las expresaban los informantes claves. El análisis posterior fue realizado utilizando la versión 6.2 de Atlas Ti .

La investigación asumió como hipótesis preliminar que las organizaciones culturales más relevantes del país no conocían el sentido ulterior de las políticas públicas para la promoción de nuevas audiencias. Ni diseñaban programas de gestión de audiencias propios que se coordinen con las iniciativas promovidas desde el Estado; siendo así incapaces de generar un modelo de gestión de audiencias con características homogéneas y generalizables.

Se consideraba además que los actores concernidos en la formulación de las políticas culturales tuvieran una buena evaluación de lo implementado y era presumible que la mayor/menor dependencia de los fondos fiscales para el financiamiento de las organizaciones orientara también la dirección (aprobación/rechazo) de las opiniones de los stakeholders involucrados.



3. Resultados

Como se expuso precedentemente, una de las tendencias más o menos generalizadas en la política cultural chilena ha sido considerar, desde comienzos de la década, la participación de la ciudadanía en la vida cultural y el desarrollo de audiencias como una de las piezas fundamentales de su justificación política y teórica.

Dado lo exhaustivo de la encuesta realizada nos centraremos en esta ocasión en revisar los datos obtenidos en cuatro criterios específicos asociados a la meta de “crear nuevas y mejores audiencias”.

3.1. Centralidad del criterio “creación de audiencias” en el diseño de las políticas culturales del país.
La encuesta confirmó la relevancia que las organizaciones culturales parecen estar dando a los procesos involucrados con el desarrollo de audiencias toda vez que más del 90 por ciento de las respuestas apuntan a reconocerla como uno de los aspectos centrales de su atención, así como lo que reconocen como “familiaridad” a los conceptos involucrados en dicho proceso, dado que más del 67 por ciento de los encuestados declararon estar “medianamente” o “muy familiarizados” con ellos.
En ese sentido avanza la certeza que manifiesta el que más del 55 por ciento de los entrevistados consideró que la afirmación: “el desarrollo de audiencias es el objetivo más importante de las políticas y organizaciones culturales” (Gráfico n°1) es la que mas se acercaba a su propia opinión.
No obstante, se producía más dispersión en las respuestas cuando la pregunta apuntaba a solicitar a los encuestados que indicaran una suerte de consideración sobre la centralidad de la generación de audiencias como política cultural, en el contexto general de las mismas. Tan sólo un ocho por ciento estaba de acuerdo en considerar que ese criterio había sido el más central en el diseño de las mismas, frente a uno de cada cuatro de los entrevistados que declaraba que había sido una política poco central (Gráfico n°2).

El grado de involucramiento que los informantes claves atribuyeron a las disposiciones que el Estado ha asumido en procura de ampliar las audiencias de la cultura y las artes y las consideraciones sobre el grado de relevancia que la ampliación de públicos asume en el conjunto de actividades promovidas por el Estado, entregó también reflexiones interesantes para comprender más profundamente la incidencia de dichos procesos entre los stakeholders.



Hay quienes no le atribuyen mayor incidencia a este criterio, asumiendo las dificultades estructurales con las que se ha enfrentado el sector:

Creo que el desarrollo de audiencia ha influido muy poco. ¿Qué es la audiencia? Es un concepto amplio. Hay de eso desde la Concertación para adelante y evidentemente muy potente antes del Golpe de Estado. Antes de la dictadura. Ahí era una preocupación esencial la creación de audiencias. Ahí yo tenía que ver más con el tema, pues trabajaba en un canal de televisión que ahora ya no existe, el de la Universidad de Chile donde uno de los objetivos era ese y no solamente a través de la cosa artística sino que también social, política, cultural. Evidentemente eso fue cortado de raíz mediante la violencia (en referencia al Golpe de Estado). Ahí hubo un gran cambio. (Personero institución cultural pública de carácter municipal)

Otros lo destacan por su incidencia en la consecución de ciertos derechos culturales que tienen las personas:


“Este era un gran tema, si bien el tema de la cultura es algo que me apasiona en distintos ángulos en términos genéricos, para mí era una novedad porque yo no soy experto en la materia y precisamente por eso lo tengo tan presente que era un tema importante... Ser audiencia era considerado desde el punto de vista de la audiencia, un derecho. Yo lo entendía así, como parte de un Bien Común, y parte del bien común es el desarrollo de las audiencias” (Personero ligado con dirección nacional de CNCA).



Y lo vinculan con algunas iniciativas emblemáticas en la agenda de trabajo de los primeros años del Consejo Nacional de la Cultura:


“Yo creo que ha sido uno de los focos, sobre todo en los últimos cuatro años, durante la época anterior se crearon las condiciones, el tema de infraestructura fue muy fuerte. En estos cuatro años ha habido dos misiones. Una ha sido llevar manifestaciones culturales a segmentos de la población que hayan tenido muy poco acceso, Fiestas de la Cultura…” (Personero de institución cultural privada con aportes fiscales).



En general los entrevistados suelen identificar con bastante claridad al menos dos etapas en el desarrollo de este proceso. Una inicial desde comienzos de los años dos mil y hasta el 2006, aproximadamente, caracterizada más bien por una disposición voluntarista y algo inorgánica en la política de desarrollo de audiencias (“donde se hicieron todos esos intentos de Fiestas Culturales que se desviaron a ser más carretes masivos”). Y una etapa de mayor madurez, a partir del 2006 en que se aprecia una mayor disposición al orden, con un énfasis en la construcción de infraestructura.


“Yo creo que, sobre todo, la administración de la ministra Urrutia se ha centrado en el tema de la infraestructura, de lo físico, de los contenedores, de los espacios, de apoyar a los artistas, de los fondos, de ampliar los fondos, que haya más dinero disponible. Pero insisto, creo que el desarrollo de audiencias todavía está débil como política. No sé bien en que estarán los nuevos diseños. Por ejemplo yo participo de algunas mesas que se realizan sobre arte contemporáneo donde no hay una preocupación por el público o de las audiencias; no está en la pauta el tema. O sea, ¿cómo hacemos para que el público entienda mejor el arte contemporáneo, en este caso? ¿Qué herramientas podemos usar para explicarles mejor las exhibiciones o los proyectos que vienen? No están esos temas en las pautas. ¿Quiénes son los espectadores? Siento que no estamos tan preocupados de los espectadores como debiéramos” (Personero de institución cultural privada).

Aunque, en general, parecen no tener una idea definida de cuánto ha incidido el criterio de las audiencias en la conformación de las políticas, asumen que las iniciativas que se han ido adoptando en tal sentido están dando frutos:

“…Cuando tú empiezas a revisar las cifras a comienzo de los 90´, te das cuenta de que había una ausencia, un no público muy fuerte. Se suponía que con la recuperación de la democracia esa audiencia iba a aparecer espontáneamente, cosa que en los tres primeros años hubo un aire de que podía ocurrir, pero a mediados de los noventa te diste cuenta de que no es espontáneo, el público no nace espontáneamente, por lo tanto había que hacer un trabajo; primero, de identificación de las audiencias; segundo, de atracción de las mismas audiencias; y tercero, la creación de nuevas audiencias” (Personero de institución cultural privada).

3.2. Incidencia del criterio “formación de audiencias” en sus propias organizaciones culturales.
La orientación de las respuestas de la encuesta a las organizaciones culturales volvía a cambiar cuando se les preguntaba a los encuestados ¿qué tan relevante es desarrollar audiencias para su organización cultural? Más del 60 por ciento declaró que era uno de los objetivos más relevantes para su organización.


De ello es posible anticipar provisionalmente que los stakeholders encuestados parecen identificar con más claridad la relevancia que la generación de audiencias tiene para su propia organización, frente a la incidencia que ese mismo criterio representa en el contexto general del diseño de las políticas culturales del país.



3.3. Grado de conocimiento sobre políticas culturales vigentes que stakeholders atribuyen al sector en su conjunto.
El nivel de conocimiento del conjunto de los entrevistados sobre las políticas culturales del país es bastante parejo, distribuyéndose entre las opciones disponibles con bastante similitud como lo evidencia el gráfico siguiente.
La evaluación que las organizaciones hacen del resultado de las iniciativas que han realizado para generar mayores audiencias para su organización, es muy positivo, toda vez que más del 66 por ciento se inclina por esa consideración. Aunque también declaran (56%) no estar haciendo mayores esfuerzos de comunicación específicos para atraer nuevos públicos.

¿Cuánto saben los gestores culturales de las audiencias y de cómo generarlas? Al tratar con los informantes claves el tema de los niveles de conocimiento que les reconocían a los gestores culturales en su relación con la generación de audiencias, la mayoría de los entrevistados reconocía, en primer término, que la sensación que predominaba era de un amplio desconocimiento con respecto al tema.
“El nivel de conocimiento que tienen los gestores culturales públicos y privados sobre las políticas de generación de audiencias que lleva a cabo el Estado, yo creo, que es poco. Pero siendo coherente con las respuestas que he dado, yo pienso que si no hay una política de generación de audiencias clara, menos aún va a ser conocida por los gestores, sean públicos o privados. Me parece que se trabaja el tema instintivamente. O sea, es posible que un grupo de gestores conozca las intenciones del Consejo, pero me parece a mí, que a nivel popular no lo es...” (Personero institución cultural privada).

En el mismo sentido otro entrevistado agregaba:
“…Creo que los gestores culturales saben muy poco acerca de las técnicas o acciones para desarrollar audiencias. Yo creo que saben muy poco. Lo que si están sabiendo cada vez más porque ha habido escuelas, ha habido pos-grado y eso parece extraordinario; que haya cantidad de animadores culturales y sectores culturales. Lo que más hay, creo, son animadores culturales, no gestores culturales. Gestores culturales existen pocos, pero creo que existe poco conocimiento en tanto de crear audiencias, porque no hay políticas realmente de aclaración de audiencia…” (Personero de institución cultural pública)



En cuanto a los gestores públicos, según los entrevistados, éstos tienen una conexión directa con los lineamientos que el Estado a través del CNCA, ha establecido muchas veces en colaboración directa por lo que reconocen su carácter de mediador entre el creador, el bien creado y la ciudadanía a modo de desarrollar y crear audiencias.



“…La labor del gestor cultural es contribuir a que se genere el vínculo entre la creación, el bien cultural y la ciudadanía que se debe producir. Porque si no, no está completo ese círculo. Porque la comunidad requiere conocer, valorar, apropiarse de ese bien cultural en su sentido simbólico y devolverle al creador o cultor lo que le ha sucedido con esa creación o producción cultural. Porque también de esa manera el creador o cultor se retroalimenta y vuelve a crear. Entonces creo que ese círculo debe estar completo y en ese proceso el gestor cultural tiene que también contribuir en esa perspectiva y ahí entonces uno puede encontrarse tangencialmente con el discurso de las audiencias, porque hay una ciudadanía…” (Personero de institución cultural pública)

La crisis se funda en que la mediación establecida es poco activa y dinámica

“…es decir, aquello que es mediado no es modificado por éste según la ciudadanía y sus requerimientos y los creadores y sus objetivos. Entonces tenemos a un gestor asistencialista poco conocedor e interventor de las distintas realidades que un entorno determinado presenta” (Personero de institución cultural pública).

3.4. Grado de reconocimiento de avance en cumplimiento de metas de las políticas culturales vigentes.

El Gráfico n°5 reseña las respuestas conseguidas en la encuesta cuando se les consultaba en qué medida creían que el país ha avanzado en su logro de las metas propuestas en la política cultural chilena (2005- 2010), a saber: crear y desarrollar “más y mejores audiencias”; difundiendo la cultura, aumentando la infraestructura, estimulando la gestión, ampliando la formación para la apreciación de las artes e instando por una mayor calidad de los medios de comunicación; aumentar el acceso de los grupos de escasos recursos de los grupos vulnerables a los bienes de consumo cultural, generando las condiciones iniciales para una relación permanente entre estos grupos y la actividad cultural y, fomentar la participación y la organización ciudadana descentralizada con fines culturales.


Como se puede apreciar, la mayoría de las opiniones se concentran en reconocer que, en las tres alternativas presentadas, se avanzado hasta un nivel que los encuestados concuerdan como “mediano”.



Es interesante destacar la menor frecuencia relativa asignada por la muestra a la meta “crear y desarrollar más y mejores audiencias”, frente a la alta frecuencia de respuestas que consigue la meta de “fomentar la participación”.


La entrevista a los informantes claves evidencia además que la comunidad de gestores culturales locales estima que los esfuerzos del Estado han estado orientados más bien a apoyar a los artistas y sus capacidades creativas.

Aunque se reconoce y valora el esfuerzo realizado se considera que se ha privilegiado a ciertos grupos.
“Yo creo que estamos en un periodo de transición. Así como se sigue hablando de la transición política, hay un periodo de transición cultural también. Y esa transición ha significado que se ha llenado el país de teatros medianos y semi-grandes en muchas ciudades. Lo que falta, tal vez, es el paso siguiente para estos años que vienen: hay que llenar esos teatros tan bien hechos. Es necesario llenarlos de un circuito cultural, es decir, hay que darles vida a este gran circuito de teatros” (Miembro de comité consultivo CNCA).




Siempre queda la sensación de que se podría hacer algo más con los recursos que se han destinado:



“Lo valoro positivamente. Pero también está la situación que con los mismos recursos se podría haber logrado y se puede lograr mucho más si se piensa desde el principio en la articulación y si se trabaja con planes que fomenten además una audiencia diversa, interesada y curiosa. Yo creo que uno de los grandes problemas del Chile de hoy es la falta de curiosidad en la gente y la falta de pensamiento crítico. Y eso está vinculado también, a la falta de medios de comunicación - que por ejemplo, son una de las grandes, grandes debilidades de todos los gobiernos de la Concertación-, que para fomentar audiencias, los medios juegan un rol fundamental” (Miembro dirección superior CNCA).



La percepción de tarea inconclusa es patente:

“Creo que se han realizado acciones pero sin una política, porque no ha habido una política en nada. Hay que partir de esa base. No es que esté todo malo ni mucho menos, pero política, lo que se llama política, no hay ni ha habido ni nada. Entonces con respecto a lo de las audiencias puede ser que a nivel municipal, pueda haber acciones o actos o a nivel regional, etc., pero yo creo que ha sido como todo un poco esporádico y un poco sin contenido” (Personero de organización cultural privada).



Y extendida a la mayoría de los entrevistados consultados:



“Insisto que es el gran tema que falta. Nosotros lo hemos incorporado (el trabajo para la generación de audiencias), obviamente que todo es siempre mejorable y puede haber otros recursos que vayan aportando a lo que hemos estado haciendo. Nosotros sabemos quién es nuestra audiencia. ¿Quiénes son? ¿De dónde vienen? ¿Qué quieren? ¿Qué les interesa? Eso es súper importante y no se hace mucho. Yo echo de menos contestar algún tipo de encuesta en muchos lugares y no te digo una gran encuesta, sino un papelito con cuatro preguntas claves, que es lo que nosotros hacemos. Entonces lo evalúo medianamente” (Personero de organización cultural privada).


(…)


“No me parece que haya influido tanto. Durante toda la primera década de la democracia y el primer tiempo del Consejo de la Cultura se dedicaron más que nada a fomentar la creación, el acceso, pero como que estaba dentro de los puntos estratégicos el desarrollo de audiencias pero no se empezó a trabajar, no se desarrolló tan profundamente, como sí se dio mucho énfasis a crear mecanismos de acceso. Las fiestas de la cultura, por ejemplo, que podemos tener opiniones pero son efectivas en lo que es poner a disposición de la gente masivamente la cultura. Entonces como que están los lineamientos y a mí me parece que hace como unos tres años lo empezaron a trabajar en seminarios (en referencia las audiencias), por ejemplo el tema de las políticas comparadas con Estados Unidos que se realizaron en el Instituto Chileno Norteamericano (ICHN), como que por ahí, pero mucho más no te podría decir” (Personero de organización cultural privada).

La encuesta a las organizaciones culturales permitió identificar, además, la percepción de los actores concernidos en la implementación de las políticas culturales a aquel conjunto de cuerpos legales que les parecía más habían contribuido a las metas de estimular la participación y el consumo de arte y cultura por parte de la ciudadanía.

De una batería de alternativas donde figuraban las que nos parecían las más relevantes leyes y disposiciones jurídicas adoptadas hasta la fecha , las tres leyes que recibieron la más alta frecuencia aparecen consignadas en el gráfico n°6:

No obstante, los informantes claves entrevistados, sin batería de alternativas y por mención espontánea, prefirieron reconocer el aporte de la llamada “Ley Valdés” como el instrumento legal más influyente a la hora de estimular la participación y el consumo. En orden decreciente de las preferencias de estos actores involucrados aparecen la propia ley que creo en el 2003 al CNCA y al Fondo de Desarrollo Cultural (Fondart) y la Ley Audiovisual .
La percepción de alineamiento entre la implementación de las políticas culturales y su propia experiencia como organizaciones encargadas de llevarlas a cabo a través de programas y actividades de diferente extensión y naturaleza, resultó en cada caso bastante coherente (ver gráfico n°7)

En general, la alternativa que más bajo nivel de frecuencia presentó fue aquella que hacía referencia a la utilidad de las políticas públicas para generar nuevas audiencias en su organización cultural. Pese a ello, la alternativa preferida le reconoce a las mismas políticas una alta coincidencia con las necesidades de las organizaciones. ¿Problemas de implementación?, ¿Falta de seguimiento/acompañamiento/comunicación en la asignación de los énfasis que cada política pública comporta?
La pertinencia/eficacia de las políticas culturales adoptadas en Chile desde comienzos de los noventa, en relación a su capacidad de contribuir al desarrollo de una mayor participación de los individuos (audiencias y consumo), fueron consideradas como “medianamente útiles” por la mayoría de los encuestados (Gráfico n°8), reflejando en este juicio una tendencia bastante consistente con la globalidad de las respuestas

En palabras de uno de los entrevistados:

… Creo que el desarrollo de audiencias era una prioridad para el CNCA, pero con una mirada de muy corto plazo. Como te dije antes, son necesarias otras políticas antes, que pasen por el Ministerio de Educación y después sigan por el Consejo de la Cultura. Esto tiene un costo, por supuesto, que es mínimo si las iniciativas son importantes, pero si se hace para el voto o para el show, no vale nada, o sea si no hay una política constante, no sirve de nada. Ahí está el problema, cuando esto se vuelve una política mediática y no una política cultural” (Personero de organización cultural privada).



4. Discusión y Conclusiones.



Nos interesaba originalmente saber qué opinaban los responsables de algunas de las organizaciones culturales más emblemáticas del país, cómo estaban asumiendo los cambios de enfoque en la gestión de la cultura y qué consideraciones tenían que hacer sobre la eventual pertinencia de las políticas y demás decisiones legislativas y financieras que desde el Estado se implementaban para impulsar la democratización y la participación en el acceso a la cultura.



Para ello nos servimos de una encuesta hecha a nivel nacional y un conjunto de entrevistas a informantes claves que habían tenido participación en la formulación de las políticas culturales. Algunos de ellos ocuparon incluso altos cargos en la naciente institucionalidad cultural chilena en los 90 y buena parte de la presente década.



Nuestro interés surgía además de una necesidad práctica, pues no se había hecho, hasta la fecha, una ponderación exhaustiva de la percepción que los actores involucrados tienen de las reales capacidades de las políticas culturales para generar esas nuevas audiencias a las que se aspira en el discurso oficial. No existía tampoco una investigación independiente de los programas que fuera equivalente a un estudio sistemático de las políticas públicas adoptadas, especialmente a la luz de las metas diseñadas.



Ocurre, sin embargo, que la mayoría de las metas formuladas para la creación de nuevas audiencias y el estímulo al consumo cultural no son tan concretas como se esperaría. Al menos eso opinan los llamados a implementarlas. Esto es, se trataría más bien de propósitos difícilmente traducibles en inversiones y resultados verificables, aproximaciones poco precisas y expresiones generales de intenciones difíciles de verificar. A veces parecen más un eslogan político.



Si como ha escrito Vedung (1986) como principio general se asume que las políticas públicas requieren de instrumentos para su “implementación”, como son las leyes que las sustenten; las asignaciones presupuestarias que las financien y de organismos o reparticiones que las ejecuten; muy poco de ello es visible en la formulación de las políticas culturales chilenas.



Las organizaciones culturales parecen darle importancia al desarrollo de audiencias como una tarea estratégica de su quehacer. Para muchas se trata de un objetivo muy importante y su inclusión entre las metas de las políticas culturales es un acierto, aunque consideran que otros criterios también lo son.



Existe una mayor dispersión de las opiniones relativas al grado de involucramiento de los actores entrevistados sobre las distintas disposiciones que en tal sentido se promueven desde el Estado. Se las interpreta más bien como parte de un proceso de instalación de la institucionalidad cultural y no se tiene muy en claro su centralidad discursiva en la formulación de las políticas.



Los entrevistados le reconocen al esfuerzo gubernamental por fomentar la participación ciudadana con fines culturales más incidencia que a la meta de crear “más y mejores audiencias”.



En general, están las organizaciones dispuestas a reconocer que sus necesidades suelen coincidir con los énfasis puestos en las políticas culturales implementadas desde el CNCA. Pero aquellas dedicadas a la generación de nuevos públicos no parecen haber sido muy útiles.



El acuerdo es muy amplio cuando se trata de ponderar la incidencia de la creación de audiencias para la propia organización. Los museos, galerías y teatros consultados reconocen la importancia de este aspecto, pero no está tan claro si lo vinculan o no con las políticas públicas que se han venido impulsando desde el Consejo.

Son muchas las organizaciones y actores que declaran que no están haciendo mayores esfuerzos de comunicación para atraer “más y mejores audiencias”. Ello se debe sumar al bajo nivel de conocimiento que los entrevistados atribuyen al sector en cuanto a estrategias de generación de audiencias se trata.

Este dato debiera servir a los planificadores de las políticas públicas en cultura sobre las reales posibilidades de alcanzar las metas que se han propuesto.
La investigación asumió como hipótesis preliminar que las organizaciones culturales no conocían el sentido ulterior de las políticas públicas para la promoción de nuevas audiencias ni diseñaban programas de gestión de audiencias propios que se coordinen con las iniciativas promovidas desde el Estado, siendo incapaces de generar un modelo de gestión de audiencias con características homogéneas y generalizables. Los resultados alcanzados parecen contradecir esa propuesta original.
Se consideraba además que los actores concernidos en la formulación de las políticas culturales tuvieran una buena evaluación de lo implementado y era presumible que la mayor/menor dependencia de los fondos fiscales para el financiamiento de las organizaciones orientara también la dirección (aprobación/rechazo) de las opiniones de los stakeholders involucrados. El estudio parece confirmar esa idea y no encontró diferencias significativas entre las opiniones de organizaciones diferenciadas por la proveniencia de sus fuentes de recursos o su estatuto jurídico. Ello podría ser indicativo además del grado de madurez y profesionalización que alcanza la práctica de la administración y gestión de la cultura


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