Las Políticas culturales en Francia



Tres estudiantes francesas de intercambio este semestre en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Santiago,Pascaline Fichet, Maëlle Russier, Ana Marion,(der a izq), han confeccionado un interesante reporte sobre la situación de las políticas culturales en Francia.

 


El nacimiento de una verdadera política cultural en Francia data de 1959, año durante el cual fue instituido el Ministerio de los asuntos culturales dirigido por André Malraux, escritor reciente nominado por el presidente vigente, el General de Gaulle. Sin embargo, la historia de las políticas culturales francesas es mucho más antigua y larga. Esta longevidad de la idea de política cultural en Francia, está en el origen de un consenso importante, compartido por la mayoría parte de la opinión pública, quien la define como parte de la “excepción francesa”. De hecho, después de haber visto las intervenciones que han precedido la obra de Malraux, es importante plantear la evolución de las acciones que se desempeñaron después de esos primeros pasos, hasta el inicio del siglo XXI. En este sentido, consideraremos en una primera parte las diferentes acciones llevadas a cabo por los ministerios sucesivos, antes de interesarnos al funcionamiento del ministerio de la cultural, y los grandes ejes de la política francesa hoy en día, para considerar en una tercera parte los nuevos desafíos otorgados al Estado en el ámbito cultural.

 I- El Estado y la política cultural en Francia

En primer lugar, si el establecimiento de una verdadera política cultural se inició a partir del año 1959, las primeras manifestaciones de políticas culturales, mientras que no tenían totalmente el mismo sentido que lo que lo atribuimos hoy, ya estaban presentes desde hace mucho tiempo. De hecho, el patrimonio de los artes y de la cultura, constituía una preocupación importante para los diferentes regímenes, quien veía en este un factor de identificación y cohesión social. En este sentido, podemos observar durante los siglos XVII-XVIII, el establecimiento de las primeras academias de música, pintura, de las manufacturas reales, así como de la práctica del mecenazgo. Después de eso, el periodo revolucionario, que fundó la especificidad de la política cultural francesa, e inició una tradición artística republicana, fue rápidamente borrado por el Consulado y el Imperio, periodo durante el cual la cultura fue dominada por el emperador y actuaba en su favor. A partir de los años 1830, con la monarquía de Julio, la política del patrimonio fue reinterpretada, y la creación de una administración de los “monumentos históricos” constituía un elemento fuerte de la implicación del Estado en los asuntos culturales. Más, tarde, durante la tercera República, la política cultural estaba  vista desde un enfoque más liberal, que actuaba por el desarrollo “del amor de la belleza”. Esta política liberal fue abolida por la llegada del Frente popular en 1936, que impulsó la legitimidad de la intervención pública y sostiene una “popularización” de la cultura de las élites. En este proceso de acción política, el Frente popular fue aguantado por el Partido Comunista francés y por numerosos movimientos asociativos. En este sentido, el régimen de Vichy, incorporó esas tendencias al programa de la revolución nacional, apoyando la construcción administrativa así como la presencia del Estado. 
A partir de la liberación, mientras que la inscripción del derecho a la cultura se inscribió en la Constitución, su relevancia quedó muy débil frente a la inseguridad administrativa y al estado de las financias de los bellas artes dominado por la Educación nacional. Por consiguiente, podemos considerar que el periodo 1935-1958, representa un momento clave en la toma de conciencia de la necesidad de la intervención del Estado en las cuestiones culturales. La idea de que la cultura está en el origen de una renovación política y cívica de la nación fue en este momento sostenida por algunos grupos pero todavía no tratada como una prioridad durante la cuarta República.

En este contexto, el nombramiento de André Malraux, como ministro de los asuntos culturales no fue muy bien visto por el conjunto de la comunidad. En efecto, de repente su llegada fue confrontada a la hostilidad de la “intelligentsia” de izquierda que no aprobaba la presidencia del General de Gaulle; así como al temor de la derecha frente a este “ex-comunista” ; y aún al escepticismo de la alta administración que consideraba que no disponía de las habilidades de un ministro. Sin embargo, esto contexto incomodo no ha impedido para nada el desarrollo del papel recientemente otorgado a Malraux. Mediante el decreto del 3 de Febrero de 1959, André Malraux dispone de las funciones que pertenecían antes al ministerio de la Educación Nacional, y toma el puesto de Ministro del Estado encargado de los asuntos culturales. 
Este nuevo ministerio, según el decreto del 24 de Julio de 1959, tiene por objetivo de: “favorecer el acceso a las obras capitales de la humanidad, y primeramente de Francia, a un número de franceses tan grande que posible; de asegurar la audiencia máxima del patrimonio cultural, y de favorecer la creación de obras de artes y del espíritu que la enriquecen”. Esos objetivos van a aplicarse a través de una política que engendra una doble ruptura con la estética académica, mediante la entrada de la creación contemporánea en las intervenciones del Estado, y con las modalidades de gestión de un secretaria del Estado en los bellas artes, que va a estar juntado al ministerio de la Educación con el fin de constituir un ministerio actuando por la democratización y la modernización a través de la planificación quinquenal. En este sentido, la política impulsada por Malraux se inscribe en la continuidad de la acción iniciada por el Frente popular. Ahora bien, podemos observar diferentes líneas de acción llevadas a cabo por Malraux. Primeramente, según las misiones otorgadas al ministerio, emergen tres finalidades cuales son, la democratización, la difusión y la creación. Con el fin de alcanzar sus objetivos, Malraux va a vincular su ministerio a los planes quinquenales de modernización económica y social. Para él, este lazo es indispensable para sacar adelante un desarrollo real y perdurable de una política cultura.
Además, la acción de Malraux puede observarse en la integración de la creación contemporánea en los asuntos estatales. En este sentido, va a manifestarse una verdadera política de creación, que remodela la organización de la administración de los asuntos culturales. Desde 1961, un servicio de la creación artística fue creado. En 1967, surgió un centro nacional de arte contemporáneo. A partir de 1965, un  consejo regional encargado de la creación artística fue nominado en cada región. Igualmente, cuanto a la gestión administrativa, el cinema que pertenecía al ministerio de la Industria, es incorporado al nuevo ministerio de los asuntos culturales, y en el mismo tiempo está creado un fondo de apoyo a las profesiones cinematográficas. En resumen, las realizaciones del ministerio están numerosas, y a partir de entonces, la creación es el objeto de un voluntarismo lógico y modernizador del Estado.

Ahora bien, no podemos considerar la acción de Malraux, sin mencionar su proyecto de “casas de la cultura”, que tiene por objetivo de alcanzar las promesas del ministerio y de poner la cultura a la disposición de todos. Gaétan Picon enunció : “Como las universidades son los lugares donde se transmite la imagen inacabada de las antiguas culturas, las casas de la cultura serán los lugares donde la imagen inacabada de la cultura presente será mostrada a los que participan en ella sin saberlo a veces, por los que la forman”. 


En este sentido, este proyecto debe desarrollarse mediante tres condiciones principales. Primeramente, la animación que tiene por misión de iniciar el público a los diferentes lenguajes artísticos. Segundo, la libertad constituye un factor importante en el papel detenido por las casas de la cultura, porque debe permitir el mantenimiento de la independencia enfrente de la jerarquía social, así como la independencia de las autoridades de los responsables enfrente de los poderes. Además, esta libertad está también entendida como libertad del público, que puede elegir entre una variedad de obras de artes. Por fin, las casas de la cultura tienen que mantener una polivalencia para permitir al público confrontarse a diferentes formas de expresión artística. Este instrumento democrático de desarrollo cultural, financiado igualmente por el Estado que por las ciudades, fue más, una linda utopía que un sistema ampliamente aplicado en las municipalidades,  ya que solamente siete casas fueron implementadas por Malraux, en lugar de noventa y cinco como le había prometido. 

No obstante, aunque durante el periodo Malraux este proyecto fue un “semi-fracaso”, ha impulsado una dinámica de democratización y de descentralización de la cultura. Así, hoy en día se implantaron sesenta y tres “escenarios nacionales” en las ciudades pequeñas, que siguen este marcha así como numerosas instituciones clásicas que aplican el principio de mezcla de las disciplinas artísticas, como es el caso, por ejemplo, del museo del Louvre que propone conciertos y sesiones de cine. Por consiguiente, mientras que el proyecto iniciado por Malraux no fue un éxito inmediato, tampoco puede considerarse como un fracaso, ya que ha influenciado las acciones y políticas culturales de las décadas siguientes.
            Por otro lado, la política cultural desempeñada por Malraux ha marcado la historia por la amplitud de su campo de acción. En efecto, va a jugar un papel importante en el campo musical, del patrimonio, así como de la desconcentración. De hecho, cuanto al ámbito musical, fundó una “dirección de la música”,  así como impulsó un plan “decenal” realizado por Marcel Landowski, que provocó una revolución en el financiamiento y la descentralización de la vida musical. Esas acciones tienen por principal motivo, el mayor acceso de cada uno a las obras maestras del arte. En el ámbito patrimonio, Malraux  promoví realizaciones importantes, estableciendo leyes para mantener los grandes monumentos. También, creó un servicio de excavaciones arqueológicas nacionales. Además, cuanto a la descentralización, que participe eficazmente a la modernización de la administración, podemos notar un ejemplo importante de su acción que reside en la creación de las tres primeras DRAC (direcciones regionales de los asuntos culturales).
En resumen, podemos destacar que las realizaciones de Malraux, durante el periodo 1959-1969, han relacionado definitivamente la creación contemporánea con los poderes públicos, reiniciado la música en Francia e impulsando una política del patrimonio. Durante este periodo, nacía la “acción cultural”. Sin embargo, esta acción fue limitada por la debilidad del presupuesto y los acontecimientos de Mayo 1968, que provocaron en la opinión pública el sentimiento de una gran visión más que de una gran política. Ahora bien, el papel iniciado por Malraux pero no acabado, incumbe a Duhamel, nuevo ministro de los asuntos culturas a partir de 1969.

Durante los años setenta, Francia sufrió de una gran inestabilidad ministerial que influía sobre los asuntos culturales. En este contexto, el nuevo ministro Duhamel  fomentó una política de desarrollo cultural global, interdisciplinaria e interministerial. Esta política se manifiesta por la inclusión de la cultura en el sexto Plan, que apunta a mantener una educación ciudadana. La expresión de “desarrollo cultural” evocada por Duhamel implicaba una extensión de la cultura, fuera de la esfera de las élites, al conjunto de la población. En este sentido, el primer ministro Jacques Chaban-Delmas, actuó para una política democrática, pluralista, y liberal. Más allá, Duhamel a través de su política trató de integrar la cultura en el corazón de la sociedad. Por eso, cada proceso debía realizarse de manera interdisciplinaria y referirse a diferentes formas de artes. En este sentido, Duhamel promovió su acción mediante una conducta contractual. De hecho, muchas realizaciones emergieron para aplicar esas metas. 
Por ejemplo, podemos notar, entre otro, la firma de una “carta cultural” con la televisión a propósito de los programas emitidos; el mantenimiento del canal “France-Culture” contra la restricción presupuestaria; e incluso la creación de un fondo de intervención cultural que va a aguantar las acciones innovadoras. Estas acciones se acompañaron de un proceso de abertura. En este sentido, Duhamel enunció “Antes preservar para cincuenta años mil monumentos públicos y privados, que cincuentas grandes palacios por mil años”. Mediante este opinión, estableció una ayuda a la primera exposición de los nuevos creadores, y alargó, a todos los edificios, la política que sostenía que un por ciento de los gastos de un edificio escolar deberían estar destinado a una obra de arte que se integra. Así, Duhamel asoció los artistas a los intelectuales y los profesionales con el fin de desarrollar una política democrática y liberal.
Después de Duhamel, llegó un periodo de fuerte inestabilidad, marcado por la presencia de seis ministros durante ocho años. Mientras numerosos cambios, durante este periodo la continuidad prevaleció sobre las rupturas y cada ministro trajo innovación administrativa. Por ejemplo, podemos notar la significante acción de Michel Guy, quien va a crear el museo del cinema, promover la fotografía entre los artes visuales, multiplicar por dos los anticipos sobre los ingresos, e incluso firmar “cartas culturales” entre el Estado y las ciudades, aplicación que será reutilizada más tarde por Jack Lang, bajo la apelación de “convenio de desarrollo cultural”. Estas acciones realizadas por Michel Guy, fueron vista como una “primavera cultural”, pero no fueron suficiente para hacer de la política cultural una prioridad gubernamental, bajo la presencia de Valéry Giscard d'Estaing, quien se desinteresaba particularmente de este tema. En este periodo, Francia disponía por consiguiente de un “Estado cultural” endeble, lo que provocó la insatisfacción de numerosos profesionales de la cultura.

 A partir de 1981, la llegada de la izquierda va a provocar una triple ruptura en el ámbito de las políticas culturas. Esas rupturas se ilustraron a través de un doblamiento de presupuesto del ministerio de la cultura, de la obra de Jack Lang como ministerio, e incluso de una asociación de la economía a la cultura que representó una revolución en la cultura política socialista. El “imperativo cultural” promovido por Jack Lang, inició la entrada del ministerio de la cultura en una mutación financiera que permitirá al ministerio adquisición de una cierta madurez así como su rápida modernización. En efecto, para llevar a cabo esta modernización, desde 1982, Lang multiplicó los presupuestos por dos, cinco o diez, mediante las disciplinas artísticas. En este sentido, los centros de artes contemporáneos, pasaron de tres a catorce durante el periodo, y los fondos atribuidos a los monumentos históricos doblaron. Este impresionante aumento se acompañó de una creciente necesidad de personal, tanto en el ámbito administrativo, profesional, que artístico. 

 
Al fin de su periodo de acción, Jack Lang había reunido, cuatro cientos millones de francos, y subsanado los retrasos. Para llevar a cabo esta refundación presupuestaria, una aceleración de la descentralización fue necesaria. Por eso, Jack Lang, entre otro,  modernizó la administración del ministerio, aumentó de diez veces el personal de las DRAC y firmó unos cien convenios por año con las colectividades locales. Por otra parte, la formación fue necesaria para promover la cultura. Es en este ámbito que aparecieron la escuela nacional del patrimonio, la extensión y el refuerzo de la escuela del Louvre, así como la ley Lang de 1985 que otorgó derechos de autores para asegurar a los equipos de creación, ingresos más importantes más regularmente. En una gran preocupación por la cultura y su extensión a todas las clases sociales, Jack Lang actuó también por la importancia de la educación artística en el ámbito escolar. Mediante esta política, y gracias a un presupuesto multiplicado por cien, “secciones especializadas” y opciones de cinema, se abrieron en los liceos, dando lugar al establecimiento de bachilleratos con una opción “arte”. En los colegios, fue impulsada la operación “colegio al cinema” que movilizó numerosos alumnos y profesores. En este sentido, la ruptura provocada por la acción de Lang fue similar a la impulsada por Malraux.



Más allá de las preocupaciones educacionales, la obra de Jack Lang, se caracterizaba por una abertura del campo de acción, que fue marcada por tres grandes rupturas. Primeramente, los artes minores como la canción o los artes decorativos, desde entonces van a pertenecer al campo de acción del Estado. De hecho, Lang consideraba que un alargamiento del campo cultural, significaba, en el mismo tiempo, una amplificación del público cultural, que no debe restringirse más a la única esfera de las élites. En la continuidad de las acciones llevadas a cabo por el Frente popular y más tarde por Malraux, Jack Lang defendía una popularización de la cultura. Este fenómeno se manifestó por ejemplo por la creación de un centro nacional de la canción, la integración de la fotografía en los museos, así como el reconocimiento oficial del arte culinario o de la creación industrial. Sin embargo, este ensanchamiento del campo cultural suscitó muchas reivindicaciones, que caracterizaban este proceso como un “todo cultural”, y acusaban una manipulación del ministro para mantener su popularidad. No obstante, cualquieras sean las posiciones podemos notar que este acción creó un ambiente favorable para el nacimiento de nuevos movimientos y una cierta abertura a la cultura.
La política de Jack Lang, fue también marcada por una cierta abertura al extranjero, que tenía por objetivo exportar el modelo francés al extranjero y recibir las diferentes culturas del mundo. Para cumplir esta misión, los créditos de la “acción internacional” fueron multiplicados por cien, y una “casa de las culturas del mundo” fue erigida. Este resplandecencia de la cultura francesa tiene mucho que ver con una ruptura conceptual importante relacionada a la integración de la cultura en la modernidad económica. Esta ruptura fue la consecuencia de la inserción del Estado en las industrias culturales. En este sentido, podemos destacar entre otro, el importante financiamiento acordado al cinema, e incluso la ley Lang sobre el precio único del libro, que debería permitir la supervivencia de las pequeñas librerías. Además, este acercamiento de la cultura a la economía, provocó una diversificación de los procesos de financiamiento de intervención del Estado, y de transformación de los estatutos de algunas instituciones. Por ejemplo, el centro nacional de cinematografía estaba gestionado de manera paritaria con los profesionales, mediante una tasa sobre los boletos de entrada, que estaba transferida en el presupuesto de las profesiones cinematográfica. Por fin, podemos observar esta integración de la cultura a la economía, a través del mecenazgo realizado por las empresas. Mientras que este último no substituyó una política cultural, permitió acordar una legitimidad a la acción cultural, y actuar en favor de la descentralización de las decisiones culturales. Ahora bien, es importante considerar que para permitir esta inserción la comunicación, tan al interior del ministerio que entre éste y las colectividades territoriales, es indispensable. Por consiguiente, la unión de la economía a la cultura constituye una ruptura importante, en la medida según la cual está adaptada al mundo contemporáneo y necesaria para su desarrollo.
Además, no podemos considerar el periodo 1981-1993 sin hacer referencia a la política de “grandes trabajos” desplegada por François Mitterrand. Esta política muestra las preocupaciones del presidente en el ámbito cultural. Concernía todos dominios culturales, yendo de la música a la pintura, pasando por la lectura, los artes plásticos e incluso el saber científico y técnico. Esos “grandes trabajos” fueron realizados según una búsqueda de democratización, para responder a la necesidad de Francia de disponer de grandes instituciones culturales.  A través de las numerosas realizaciones, podemos notar entre otro el museo del gran Louvre, el opera Bastille y además la “ciudad de la música” (Cité de la Musique).
En suma, constatamos que el periodo 1981-1993, bajo la dirección de François Mitterrand y en una mayor medida Jack Lang, fue muy importante en la historia de las políticas culturales. A través de sus acciones, este último adquirió tan el papel de ministro de los artistas, instituciones y profesión artísticas que el de ministro de las industrias culturales. El “imperativo cultural” desarrollado por Jack Lang, fue por consiguiente una respuesta a la crisis económica que permitió un nuevo impulso de la cultura en la sociedad y la economía, aunque fue muy criticado al inicio de los años noventa.
(foto Museo Historia Natural, Paris)


 La década de los años noventa marcó una vuelta al rigor. Después de la legislativas de 1993, que van a llevar la derecha al poder, el nuevo ministro Jacques Doubon va a desarrollar tres ejes de acción, que pueden resumirse en una ordenación del territorio, una formación de los diferentes públicos a la cultura, y un incremento de la acción cultural al extranjero. En este mismo tiempo, se realizó un gran debate sobre la “excepción cultural”, del cual resultó que los bienes y servicios culturales no pueden ser tratados como mercancías. Sin embargo, las dificultades financieras y el endeble apoyo del presidente a las acciones culturales van a debilitar el ministerio de la cultura. En este sentido, las campañas presidenciales de 1995 no mencionaron la cuestión de la política cultural. Es sólo en 1996, que Philippe Douste-Blazy, nuevo ministro de la cultura, desempeñará una reflexión sobre la necesaria refundación de la política del ministerio. Esta iniciará el “informe Rigaud”, que vuelve a dar una legitimidad al modelo francés de servicio público de la acción cultural. Por consiguiente, se inició una restauración financiera del ministerio, empujada por la hostilidad del ministerio de las financias a gastar los beneficios de los poderes públicos en la cultura. No obstante, algunas proposiciones emergieron para reorganizar la administración del ministerio, preconizando que la educación artística y la cultura pertenecen a las “causas nacionales”.

 A partir de 1997, este proceso de refundación fue interrumpido por la llegada de la derecha al poder. Catherine Trautmann, nueva ministra de la cultura y de la comunicación,  intentó modernizar la administración gracias a un “presupuesto de reconstrucción”. Por eso, el ministerio aumentó la descentralización y reforzó los contratos con las colectividades territoriales. Así, podemos observar ahora la presencia de veinte ocho DRAC sobre el conjunto del territorio francés, que representan antenas del ministerio de la cultura en provincia. Catherine Trautmann va por consiguiente enfocar su acción en la búsqueda del papel del Estado en el mantenimiento del pluralismo cultural. Su sucesora, Catherine Tasca, dirigió su acción hacia la promoción de la diversidad cultural, el mayor acceso a la cultura, e incluso una descentralización más importante. Durante el mismo tiempo, aparece el nuevo desafió de la “mundialización” de la cultura, al cual la política cultural francesa debe hacer frente, ya que hoy en día los asuntos culturales son más en más sumisos a las lógicas del mercado económico.

            En suma, observamos que desde la Revolución de 1789 hasta hoy, la definición de la cultura y del papel que debe desempeñar en la sociedad ha suscitado una reflexión ininterrumpida. Pero mientras numerosas fluctuaciones, el ministerio de los asuntos culturales, llamado hoy ministerio de la cultura y de la comunicación, se mantuvo como una entidad importante de la política francesa, que está en el origen del valor de “modelo” que tiene la cultura francesa en el mundo. No obstante, el momento clave de una definición de la política cultural en Francia se originó durante los años sesenta, mientras que todavía no correspondía a las expectativas de algunos representantes. Así, mediante los cuatros puntos de referencia de la acción cultural, cuales son: el Estado, las colectividades territoriales, el mecenazgo, y además el mercado de consumadores individuales, la cultura se desarrolló y evolucionó hacia una democratización cada vez más importante. Sin embargo, hoy en día, la cultura está confrontada a algunos debates recurrentes, que se encuentran por ejemplo, en el apoyo de la “diversidad cultural” en el contexto de mundialización, en la voluntad de favorecer el acceso a una cultura dentro de una sociedad multicultural, e incluso en una lucha más en más permanente frente a la mediatización instantánea e universal que se desempeña hoy en día. La cultura es definida por Malraux como “la herencia de la nobleza del mundo”, por consiguiente hace frente a varios peligros.
           


II. Funcionamiento del Ministerio de la cultura y grandes ejes de la política cultural francesa hoy en día

Organización y forma del Ministerio de la cultura y de la comunicación

El Ministre

El Ministerio de la cultura y de la comunicación cuenta con el Ministre Frédéric Mitterrand, hijo del presidente socialista François Mitterrand, nacido en 1947, actor, escritor, animador de televisión, y guionista. Entró al gobierno el 23 de Juno de 2009, nominado por el presidente Sarkozy.  Su experiencia en el ámbito de las artes responde a una voluntad de profesionalización de los Ministerios: si un Ministro pertenece al campo del cual se ocupo, se supone que su acción será más eficiente por lo que conoce de manera más precisa lo que esta en juego. En efecto, todas sus experiencias profesionales fueron en el ámbito de las artes – por ejemplo la literatura con la novela La mauvaise vie (“La mala vida”) – y le asegura un conocimiento de los actores y del funcionamiento del sector cultural francés. El equipo de Frédéric Mitterrand se compone de 12 concejales que se ocupen de todas las áreas de la cultura patrimonio, cinema, creación artística, libro, audiovisual, prensa...

Organización del Ministerio de la cultura y de la comunicación hoy en día
La meta principal y reivindicada del Ministerio es de hacer conocer las grandes obras de la humanidad y principalmente de Francia a la populación la mas larga posible. La acción del estado en al ámbito cultural puede resumirse en dos dinámicas: la conservación del patrimonio cultural francés y la creación y desarrollo de nuevas obras de arte y de la práctica cultural en general.  Pero la acción del Ministerio se desarrollo mucho mas afuera del propio ámbito cultural: actúa también en el ámbito de la educación, considerando que educar el pueblo al espíritu y a la practica de las artes en el colegio y en el liceo – con los cursos obligatorios de música y de artes plásticos en el colegio, y las opciones de música, teatro y artes plásticos en el liceo por ejemplo – es la única medida para hacerle acceder al mundo cultural, en una lógica de democratización de la cultura. 
También, el Ministerio se hace carga de incitar las iniciativas culturales locales en una lógica de acercamiento al pueblo y de descentralización. Una cultura descentralizada se aleja mas fácilmente de la cultura de la elite en la medida en la que una “cultura parisiena” excluye a una gran parte de la población por lo que no puede acceder a los lugares privilegiados de la cultura. Además, uno de los ámbitos importantes del Ministerio es de asegurar la proyección internacional de la cultura francesa y de la francofonía. En suma, podemos decir que la imagen internacional de Francia esa vinculada por una gran parte por su cultura y su idioma. Por consiguiente, el Ministerio de la cultura tiene un rol central en el Gobierno francés por lo que la imagen de un país juega un papel determinante en su influencia internacional.
La administración central de la cultura conoce una organización diferente desde el 13 de Enero de 2010. Ahora, las actividades del Ministerio están clasificadas en 4 áreas diferentes:
-          La secretaria general: se ocupa de las reformas del Ministerio y de coordinar las políticas culturales transversales como la educación artística, la innovación y la prospectiva.
-           La dirección general del patrimonio: define la política del Estado en el ámbito de la arquitectura, de los archivos, museos y patrimonios monumental y arqueológico
-          La dirección general de la creación artística: define la política del Estado en el ámbito de los artes escénicos y plásticos
-          La dirección general de los medias e industrias culturales: se ocupe del desarrollo y del pluralismo de los medias, de la industria publicitaria, de la oferta internet, de la industria de la música, de los libros y de la lectura.

El Ministerio cuenta también con muchos concejales, muy especializados, para asegurar un ben conocimiento de cada área. Cuenta con: un concejal por los artes plásticos, de la moda, del “design”,  oficios de arte y patrimonio inmaterial, con un concejal en numérico, audiovisual, cinema y juegos videos, un concejal en comunicación, relación con la prensa y relaciones publicas, un concejal ante de la Asamblea Nacional, del Senado y del Parlamentario Europeo, un concejal por los estudios, idioma francesa y discursos, concejal por los programas de democratización cultural, por la fotografía y el mecenazgo, concejal en los asuntos sociales y de la educación artística, concejal por la comunicación y los asuntos políticos, concejal por los patrimonios, museos, archivos, historia del arte y memoria, concejal jurídico por el libro y la lectura, y el mercado del arte, un concejal por la prensa y publicidad y por fin, un concejal por la diplomacia, la Mediterránea y la Unión Europea.

Descentralización de la organización de la cultura y rol de las regiones
Si la administración del Ministerio de la cultura y de la comunicación tiene una organización centralizada importante, no se tiene que olvidar el rol de las regiones francesas en el desarrollo de la cultura. Desde 1977, el Ministerio de la cultura está presente en las regiones gracias a los “DRAC” (Dirección regional de los asuntos culturales), oficinas desconcentradas del Estado. Desde 2010, los DRAC son una fusión entre la dirección regional de los asuntos culturales y, otra parte importante de la cultura en Francia, los asuntos departamentales de la arquitectura y del patrimonio.  Los DRAC participan a desarrollar todas las áreas de la cultura al nivel regional pero también en una meta de cohesión social y de desarrollo del territorio. La cultura tiene entonces un doble rol de unificación y de diversificación. Unificación social y territorial – todos deben ser iguales frente al acceso a la cultura – y diversificación por lo que la cultura desconcentrada pone el énfasis en las riquezas diferentes de la población y de los territorios, desarrollando las capacidades propias de cada territorio. 
La meta principal de los DRAC es de verificar que el Estado y las oficinas nacionales desarrollan de manera igual y coherente los proyectos en las regiones. Por ejemplo, en Diciembre de 2011, una campana de protección de los faros de la región Languedoc-Rosellón fue organizada por la iniciativa de la DRAC de esta región. Ese proyecto de conservación del patrimonio particular de una región no hubiera sido sin la acción del DRAC por lo que Francia cuenta con muchos patrimonios diferentes que una dirección nacional de la cultura no pudiera tomar totalmente en cuenta.
La existencia de esos DRAC responde a la necesidad de nivelar la cultura entre diferentes partes de Francia. En 1990, dos informes (Latarjet y Poncet) ponen el énfasis sobre la disparidad y el desequilibrio al nivel de la cultura. El informe Latarjet se focaliza en 4 disparidades principales: entre Paris y “las provincias”; entre las regiones; entre la ciudad y el mundo rural y, por fin, entre el centro de las ciudades y las periferias. A esas 4 disparidades responden cuatros metas:
1) Incitar las regiones a desarrollar una política regional de la cultura; 2) Incitar el desarrollo de redes de ciudades para fomentar la organización de cooperaciones culturales; 3) Desarrollar las políticas de ordenación del territorio; 4) Apoyar algunos sectores culturales cuya distribución territorial es desigual.  El informe Poncet, pone el énfasis en la desigualdad entre Paris y “las provincias” por lo que 50% de los presupuestos están atribuidos a la región Ile de France. Para el, Paris sigue siendo la referencia principal en el ámbito de las artes pero cada región tiene su propia excepción cultural. El estado reacciona frente a esos dos informes, creando más infraestructuras en las regiones, desarrollando los lugares comerciales de cultura (tienda de música y de libros por ejemplo). En 2006, el Ministro de los asuntos extranjeros, Philippe Douste Blazy, crea el sello “CulturesFrance” para desarrollar la proyección internacional de la cultura francesa gracias a las riquezas delas diferentes regiones. Esas medidas permitieron también de lanzar el turismo en algunas regiones cuya riqueza cultural era desconocida.

Presupuesto de la cultura en 2011 y evolución de las inversiones del Estado en el ámbito cultural
El presupuesto 2011 del Ministerio de la cultura y de la comunicación, anunciado en 2010 por Frédéric Mitterrand seria en subida de 2,1%. Se compone de tres créditos diferentes que se desarrollan así:
-          Créditos de la misión Cultura: 2,70 millones de euros, +1,1%
-          Créditos de la misión investigación cultural: 121,55 millones de euros, -0,8%
-          Créditos de la misión Medias, libros e industrias culturales: 4,68 millones de euros, +2,8% (con 3,22% por la tasa audiovisual y 1,46% por los créditos presupuestarios)
Los grandes ejes de ese presupuesto son principalmente: la conservación del patrimonio que más importa a Francia y sobre todo que más cuesta; apoyo al sector de espectáculo de escena que conoce una crisis importante con el problema de los trabajadores “intermitente” en el mundo del espectáculo; seguir los proyectos culturales y de arquitectura y también de la transmisión de los saberes en el ámbito de las artes y de la cultura. Por consiguiente, la política actual del Ministerio de la cultura y de la comunicación es más una política de conservación y de salvaguardia de lo que ya existe que una política de creación. Conservar el patrimonio y los conocimientos y salvaguardar el mundo y el mercado de la cultura, que conoce una crisis importante con la revolución del numérico, son las metas principales del Ministerio de la cultura hoy en día y, por consiguiente, el presupuesto corresponde a esas metas.

Centro cultural de Le Havre, (Niemeyer, 1972)

Grandes ejes de la política cultural francesa hoy en día
La política cultural francesa, desde su nacimiento, siempre ha sido una política intervencionista reivindicada y aceptada. Aunque esa política privilegia el Estado, que sigue siendo el actor central de la cultura en Francia, la organización de la acción pública en el ámbito cultural es compleja y forma un sistema diversificado pero al mismo tiempo unificado, con las comunas, departamentos, regiones y acuerdos entre comunas. Hasta los años 80, el Estado subvenciona, controla y reglamenta la cultura: si ese funcionamiento conlleva ventajas, tiene también inconvenientes importantes. El control del Estado sobre la forma de la cultura es inevitable cuando hay un financiamiento cuasi completo de la cultura: en efecto, el Estado elige lo que va a subvencionar o no y por consiguiente elige su propia visión de la cultura, excluyendo todo lo que no quiere financiar de la esfera sagrada de la Cultura. Eugene Ionesco decía que “la cultura no es un asunto de Estado”. Aparece una tesis que condena fuertemente el “Estado-cultural”. Esta tesis no logro quebrantar la confianza en ese Estado “financiador” de la cultura. 
El Estado tiene que asegurar el igual acceso a la cultura escrito en la Constitución l 4 de Octubre de 1958 y también la conservación del patrimonio que desarrolla directamente los sectores económicos y turísticos y la creación que perpetua la tradición cultural francesa. Además, el Estado tiene que cuidar los artistas para desarrollar la cultura porque sin artistas con buena situación no hay desarrollo de la cultura. Desde 1977, existe un régimen de protección social especial por los artistas que les hace beneficiar de la misma situación que un trabajador asalariado mientras que son trabajadores independientes. La intervención del Estado en al ámbito cultural, aunque se enfrente a algunas críticas legítimas, parece inseparable del funcionamiento de la cultura francesa.


III. Los nuevos desafíos del Estado en el ámbito de la cultura.
Nuestra época se podría definir como la era de la comunicación. Hoy en día, se puede comunicar sobre todo, desde el teletón hasta la política, desde la comercialización de un nuevo producto hasta la vida privada de un actor. La cultura por su puesto no ha podido escapar esta nueva realidad . En Francia, podemos ir aun más lejos, y empezar por observar el nombre actual del ministerio de la cultura, o sea el ministerio de la cultura y de la comunicación. De hecho, no se puede imaginar un evento cultural sin un mínimo de comunicación. Esta última trae el publico, es decir la esencia de la cultura actual. En efecto, ¿ Cómo se podría pensar en una cultura sin público ? Nuevas practicas se han desarrollados para responder a este preocupación, como por ejemplo la comunicación de los eventos “l'évenementiel culturel”, cuyas se encargan las grandes agencias de comunicación para organizar los eventos culturales planificados por las empresas. Con esta nueva preocupación se ve la evolución de las mentalidades en el ámbito de la cultura que aparece solamente como un evento, una representación puntual que necesita la presencia de los medias, una visibilidad, para existir. No hablamos más de la cultura en el sentido del “capital cultural” de Bourdieu, o sea el conjunto de conocimiento que un individuo acumula en su vida, alcanzado un punto culminante durante los estudios. Hoy en día podemos preguntarnos si es la comunicación que sirve a la cultura o la cultura que sirve a la comunicación. Un evento cultural se vuelve en una manera de comunicar sobre la política de una empresa, de representar la política de un país, de llevar un interés de un publico sobre una causa como podemos ver para el teletón o el día de lucha contra el  sida, o aún más la pobreza en África, la solidaridad (etc..), con la organización de conciertos a un nivel local, nacional o internacional. La cultura se relaciona ahora con una manera de promoción ya que lleva una visibilidad a una causa. No es más un fin sino un medio de la comunicación.
Sin embargo, esta lucha de influencia entre la comunicación y la cultura no es irremediable. La cultura tiene que enfrentarse con nuevos desafíos para preservarse y restablecer su identidad propia, es decir evitar una absorción de la cultura por la comunicación. Por eso tiene que utilizar la comunicación para sus fines proprias, o sea la permanencia de la cultura como entidad a parte, sin idea de promoción o de interés comercial. Eso es uno de los objetivos del ministerio de la cultura hoy día en Francia. Adaptar los medios de producción y de comunicación para promover una cultura moderna. Eso pasa por los medios más utilizados en cuanto de comunicación, o sea la televisión y el Internet. En Francia, tuvo lugar una reforma de la televisión en varias etapas. Primero la digitalización de la televisión, que fue apoyado muy fuertemente por el Estado, permitió el desarrollo de la TNT, la televisión digital y la ampliación de los canales de televisión y entonces una posibilidad de ampliación de la oferta cultural. Este fue más una transformación en la sociedad que una reforma ya que no era dependiente solamente del Estado, no había ninguna ley o textos oficiales para este primero paso en la transformación del medio televisión. En el mismo tiempo, a partir de 2009, con una comisión reflexionando desde 2008, se empezó un proceso de reforma la televisión pública dirigida hacia un mayor acceso a la cultura para los franceses, la supresión de la publicidad y un mayor control por el estado con la nombramiento del dirigente de “France Televisions” por el presidente de la República. Fue un gran desbarajuste en las costumbres de los franceses. Los horarios de difusión cambiaron por la supresión de la publicidad, hasta ahora todavía parcial, o sea después de la ocho solamente, cada canal se volvía a tener una orientación editorial mas especifica, para ampliar la pluralidad del grupo,  y se inició una grande campaña de “teatro en la televisión”, a la hora de prime time. Estas transformaciones para una televisión más diversa y abierta a la cultura, marcaron los cinco últimos años en Francia. Pero en los medios influyentes en nuestra época contemporánea, el mayor desafió se plantea en el ámbito del Internet y de la nueva virtualidad de la cultura.
Así, la “Révolution du numérique” es uno de los ejes mayores de la política cultural en Francia actualmente. Consiste en la creación de servicios innovadores de comunicación vía el medio el más eficiente y moderno de nuestra era, es decir Internet. Así desde el fin del siglo XX, se ha desarrollado varias políticas de digitalización del patrimonio cultural francés como los antiguos manuscritos, planes, pinturas, películas, cantos regionales, o textos. Pero finalmente muy pocos textos. En este ámbito, el poder nacional fue adelantado por las grandes empresas internacionales como Google y su proyecto de digitalización de muy amplia envergadura. Pero es una idea universal, crear un espacio virtual de cultura, accesible a todos, agrupando el conjunto de conocimiento del mundo, un equivalente moderno de la biblioteca de Alexandria. En esta idea Francia colabora mucho en los proyectos europeos cuyo objetivo es la armonización y la difusión de contenidos culturales digitales, como el proyecto Minerva, EMII-DCF y Strabon. Además el acceso a la herramienta virtual fue facilitado por la creación de espacios culturales multimedias (los ECM), en las estructuras socioculturales, completadas por un acceso a Internet disponible en las bibliotecas nacionales. En este ámbito del virtual, Nicolas Sarkozy desplegá los anuncios y las nuevas reformas como la creación del e-G8 en mayo 2011 o de un consejo nacional de la digitalización (Conseil Nacional du Numérique CNN), el 27 de abril 2011. Siempre la cuestión de la cultura en el ámbito virtual se plantea, y algunas medidas se proponen de responder directamente a las preocupaciones alrededor de esta cuestión, como la uniformización de la TVA para los productos  culturales virtuales o materiales, o la ley Hadopi (2009) que crea una alta autoridad para la protección de la propriedad intelectual en Internet, completada por otras leyes (Hadopi 2 en 2009 también, proyecto de Hadopi 3-4 y 5 por Nicolas Sarkozy en 2011-2012). Este control de Internet para proteger la creación cultural y la producción artística, se enfoca sobre todo en la industria del disco, del libro, y  del cinema, luchando contra el descargamiento ilegal. Se tiene que encontrar una solución, un equilibrio entre la libertad y la amplia difusión inducida por el medio que es Internet, y la protección y el respeto de la creación artística, o sea imponer limites y control.
El presidente se presente así como el defensor de la cultura y de sus actores, como es escrito en la constitución francesa, pero en esta época de liberalismo y del todo-económico, no se puede impedir los conflictos con una élite intelectual, una élite cultural que reprueban una cierta mercantilización de la cultura.
Hannah Arendt escribía ya en 1961 : “Pronto seremos en una sociedad que tendrá el monopolio de la cultura para sus propios fines, y para el intercambio mercantil de la industria del ocio.”La cita de esta intelectual alemana puede aparecernos hoy día, como una previsión de lo que iba a pasar, o sea la utilización de la cultura para los fines de la sociedad y sobre todo en un ámbito económico.  En Francia, se puede plantear una primera realidad, la del fin de presidencia de Jacques Chirac. Durante este época, se denuncia un no-intervencionismo del Estado en el ámbito cultural que le ha dejado en una situación muy negativa. En suma de su acción durante los doce años ocupando el poder, se puede notar la declinación de la frecuentación de los teatros y operas, la crisis del libro y del cine, y una televisión publica sometida a los problemas de gestión más que de cualidad. Esta situación se puede explicar por la orientación política dado por el presidente durante estos doce años, o sea, dejar los asuntos culturales en la mano de las empresas. Así fue con la entrada en el mundo del libro de los grandes financieros, como Lagardère, y el problema de la distribución que favorece a las grandes empresas como la FNAC y amenaza al provenir de las pequeñas librerías independientes. Pasó lo mismo con el cinema, su crisis situándose al nivel de la producción y de la distribución también, la amenaza pesando sobre el red de “Arts et Essais”. Sin la intervención del Estado, la cultura fue integrada al mercado y al mundo económico sin ningún control, amenazando una gran parte de los actores de la cultura. Así, fue la época de un fuerte  desarrollo del movimiento de los intermitentes, estos actores del mundo cultural que suelen aguantar con condiciones de trabajo y un estatuto cada vez más precarios. Este movimiento tuvo su punto central con la reacción a la reforma de 2003 del UNEDIC, o sea el seguro de desempleo, que impone varias condiciones a los intermitentes para poder justificar este derecho. Las huelgas que tuvieron lugar en este año, tuvieron por consecuencia la cancelación de varios grandes festivales de verano. Se puede añadir al balance, una disminución de las subvenciones del Estado para las comunes y los espectáculos locales, de menor envergadura, y la decisión muy controvertida de la exportación del museo del Louvre en Dubaï. Esta decisión fue criticada por todo el mundo cultural,. La instalación de un museo que casi define a Francia, que hace parte integrante de su capital cultural, de su identidad, en un país como Dubaï, agrupando los multimillonarios del mundo, no puede solamente guiada por la voluntad de difundir la cultura francesa en el mundo. No tenemos que mistificar la noción de un interés económico en la cultura, como en todas cosas, y no se puede impedir lo completamente. Pero la transformación de la política cultural en Francia ha llegado a poner el interés económico como la primera razón de existencia de la cultura, como su justificación universal y que condiciona hasta su creación por el medio de las subvenciones restringidas a la capacitad del proyecto de generar el dinero.
Sin embargo el no-intervencionismo bajo la presidencia de Jacques Chirac, fue rápidamente remplazado por un intervencionismo activo de parte de Nicolas Sarkozy. Como en toda su política, se ha encargado de un papel muy activo e la cultura, y eso desde el principio, con la carta de misión dirigida al mundo cultural el 7 julio 2007. Se caracteriza por una practica de la conminación presidencial, que contraste mucho con el lirismo habitual con el que se trata normalmente el mundo cultural. Fue una manera de mostrar la orientación más concreta, más directa con la que va a configurarse las decisiones culturales bajo la presidencia de Nicolas Sarkozy, principalmente dirigidas hacia el ámbito económico. Se introduce nuevos términos como la “exportación de los bienes culturales” o la “política de la industria cultural” que traducen bien esta nueva orientación económica de las polí1ticas culturales en Francia. La cultura se vuelve en un sector económico que debe someterse a las normas de la rentabilidad, y por eso el publico se vuelve a ser un cliente, la comunicación influyendo sobre el para incitarle a la consumo de los bienes culturales que están puestos a su disposición por el Estado o las empresas privadas. Este liberalismo cultural puede amenazar fuertemente la creación artística ya que con este política del numero, ¿ Quien va a tomar el riesgo de financiar obras exigentes que no va necesariamente dirigirse hacia el gran público? El Estado tenía este papel de valorear las obras, dejados por los actores privados, peor ahora este papel se vuelve en favorecer la cultura para la mayoría. Es el tradicional debate de la cultura de una élite en conflicto con la cultura popular. Y en un contexto liberal, es lo popular que gana. Nicolas Sarkozy decía que la cultura debía ser una repuesta a la crisis, o sea entender que la cultura se ve como el medio de reconquistar el mundo popular, darle un ocio que cultiva la ilusión de un bienestar económico y social. Este cambio en la percepción de la cultura en nuestra sociedad fue progresivo pero si ahora vemos al pasado, la ruptura puede aparecer como muy brutal. O puede aparecer como una liberación de la cultura de sus tabús económicos y el medio de encontrar verdaderas soluciones para preservar la cultura, adaptándola al nuevo sistema económico y social, para asegurar su permanencia. Pero eso plantea la cuestión de qué cultura queremos preservar ? El peligro sería dejar al lado ciertos tipos de cultura que no serían considerados como rentables o lucrativos. Y el papel del Estado tendría que ser también eso aun que ahora se conforma en el papel de arbitrario entre las diferentes entidades privadas que se disputan el mercado cultural. Esta política se traduce con leyes sobre el trabajo de los intermitentes o las subvenciones que bajan pero sobre todo es una nueva manera de pensar la cultura, impulsada por un Presidente y un gobierno constituyendo de tecnócratas, que se oponen muy fuertemente a las élites y practican el populismo, en el sentido estricto del término o sea de una relación privilegiada con el pueblo. El resto se debe a la sociedad de consumo actual y al mercado financiero  con que esta ligado. Entonces Francia tiene ahora que encontrar una solución para conservar la riqueza de su identidad cultural y el Estado tendría que tener en este proceso un papel importante, su papel de defensor de la cultura.
Así en Francia, una solución se destacó durante los últimos años. El turismo cultural parece en efecto una buena solución para permitir una rehabilitación de la cultura francesa y su proyección en el mundo entero, su promoción como cultura y no como producto económico. Se trata de “utilizar” la cultura para un fin económico en un sentido, el turismo, pero también profundamente cultural, o sea la difusión de valores y la valorización de un patrimonio nacional. El turismo cultural se ve efectivamente como un consenso particularmente adaptado a Francia. Con un patrimonio cultural tan amplio, tiene una riqueza y recursos casi inagotables aun que ahora según Thierry Baudier, director de la “Maison de la France”, cerrada en mayo 2009, solamente 5% del patrimonio francés es actualmente abierto al publico. Si seguimos con los números,  el ODIT (organismo para la observación y el desarrollo del turismo, su adaptación y renovación) nos dice en 2008 que si 80% de los turistas extranjeros vienen a Francia para la imagen cultural que tiene, al final, solamente 17% visitan efectivamente los lugares llamados culturales. Entonces hay una necesidad de abrir la cultura francesa, de hacer revivir el patrimonio francés. Para eso se necesita una nueva vitalidad, un ojo más moderno para que el patrimonio se vuelvo accesible, vivo y atractivo. Con este objetivo se organizan en Francia tres eventos anuales que constituyen ahora un grande atracción para los turistas dentro de Francia pero igual desde a fuera del país. Son la “Armada de Rouen”, una grande fiesta de 4 días, donde se reúnen antiguos barcos para hacer revivir los muelles de la ciudad portuaria , la “Fête des lumières” de Lyon, donde se proyectan sobre los monumentos antiguos de la ciudad, escenas con luces en diciembre, y el tercero es el festival de teatro de Avignon ya mas establecido pero que permite como los tres otros, que los turistas llegan en una ciudad y descubran un ámbito cultural desconocido y sin embargo muy interesante. Permite también a estas ciudades, que no suelen hacer parte de un tour turístico de Francia, de generar una maná financiera importante. Por ejemplo en 2008, “la Armada de Rouen” ha reunido 10 millones de personas y ha generado para la ciudad 30 millones de euros y además el concepto interesa a Rio de Janeiro o también Casablanca y Rabat en Marueco y así pone Rouen en posición de precursor de una ola turística muy interesante. Pero eso necesitaría un esfuerzo de cooperación entre el ministerio de la cultura y el del turismo ya que en nuestros días todavía no hay ninguno departamento  o oficina de turismo en el ministerio de la cultura. Sin embargo se nota algunas medidas en esta dirección como el proyecto “Grand Versailles” para la restauración de este monumento mayor del patrimonio y del turismo francés, con el objetivo de facilitar el acceso, y aumentar la atracción que representa para los turistas extranjeros. Además, la fuerza del turismo cultural es que no se apoya solamente en la cultura si no que permite el desarrollo de un conjunto de elementos económicos como la hostelería, los restaurantes, y el turismo verde, dirigido por el descubrimiento de los paisajes diversos de Francia. Permite realmente un desarrollo turístico del país entero (marca de una decentralización cultural cada vez más avanzada) y la transmisión de las valores de Francia, desde la comida, la manera de vivir, hasta la visita cultural en el sentido propio de monumentos. Situá Francia en una dimensión internacional, que si ya tenía, tiene que fortalecerse para superar la competición internacional que se produce ahora en cuanto a la cultura y al turismo en el mundo.
Por eso también se desarrolla una nueva dimensión de la política cultural en Francia, en un ámbito europeo, y internacional. Desde la creación de la Unión Europa en 1992 con los acuerdos de Maaschtrit, la cooperación entre los diferentes países fue eficiente en varios ámbitos, como la economía, la política o la educación, mediante medidas concertadas como el establecimiento del euro, la cooperación en las diferentes guerras y más recién con las primaveras árabes, y el acuerdo de Bolonia. Ahora esta cooperación se activa en ámbito de la cultura, con un gran plano de acción común a todos los países de la Unión Europea, o sea el plano “Cultura 2007”, eficiente hasta 2013. Este acuerdo incluye un apoyo financiero a los proyectos de cooperación cultural, a los organismos europeos activos en la cultura y a la investigación y la análisis cultural. Esos tres aspectos tienen por objetivos, facilitar la movilidad de los actores culturales y de las obras y productos culturales, y sostener el dialogo intercultural. Esta dimensión traduce también la importancia de una diversidad en cultura, de un dialogo de las culturas entre ellas y eso no se para a las culturas nacionales sino que dentro de un país se puede desarrollar también varias identidades, construyendo una multicultura y en nuestra sociedad actual la convivencia de todas estas culturas y el acceso al mayor público es uno de los desafíos. Una solución para lograr una convivencia y una larga difusión de esta multicultura es la democratización cultural.
La democratización cultural es al principio el recuerdo de la voluntad antigua de la época de la Ilustración, o siglo de las luces, de abrir los conocimientos a todos. Así en la sociedad contemporánea se ha desarrollado la idea una democracia de la cultura, dentro de la cual, el acceso a la cultura permitiría reducir la desigualdad, abrir las mientas a la verdad liberta permitida por el saber y reunir los hombres alrededor de esta cultura, creando así una fraternidad cultural humana. En este proceso de democratización cultural, se ha extendido el sentido de cultura, recobrando ahora un sentido más amplio, incluyendo el deporte, la ciencia, como los artes, la lengua, y las culturas denominadas populares. El objetivo es simple : permitir un acceso generalizado a todo tipo de cultura sin distinción, y eso para  alcanzar al público el más amplio. Eso necesita una modernización y revitalización de la cultura, un uso intensivo de la comunicación de masa, y puede ser muy contestado por la cuestión de la cualidad de la cultura representada. Pero de hecho las avanzadas en este dirección son muy grandes. Uno de los mas influyentes proyectos es el Parque de la Villette. Construido entre 1984 y 1997, agrupa una sala de concierto famosa sobre el modelo del Zenith, el conservatorio nacional pero también la ciudad de la ciencia y de la industria (Cité de la Science et de l'Industrie), grandes salas de exposición y los jardines, todo eso en el centro de Paris. Esta oferta multicultural se ha desarrollado mucho en Francia estos últimos años sobre este modelo, creando espacios de cultura en un sentido amplio y donde se encuentra así públicos muy diferentes. Este proceso se liga también con una necesaria modernización para atraer un publico mas joven, imponer una dinámica a la cultura que no puede ser solamente el reflejo de un glorioso pasado. Así por ejemplo el espacio interactivo 3D en tiempo real de la exposición « Hip-Hop, art de rue, art de scène » que tuvo lugar en el museo de las civilizaciones de Europa y Mediterránea en Marseille entre junio y octubre 2005.  Esta exposición es el bueno ejemplo para dos efectos de las políticas de democratización cultural: la amplitud de miras sobre el mundo y las diferentes culturas y civilizaciones, y la abertura a una modernidad necesaria en la cultura. Aún qué esta política puede ser muy disputada, es la imagen de una renovación de la cultura en nuestra sociedad que permite la expresión de una diversidad y la preservación y creación de lugares de cultura. De manera general podemos decir que la cultura, por su carácter pluralista, necesita no una política general, sino mas bien varias políticas que se apoyan sobre la comunicación, que se ligan con el ámbito económico o que se dirige hacia el futuro y la modernidad. Pero no se debe olvidar que la cultura no puede ser un simple producto mercantil, sino un enriquecimiento personal, y la ocasión de representar a una idea de un país, un ideal que queremos mostrar para asegurar el resplandor del Estado.

En suma podemos decir que la política cultural en Francia es una historia de tradición y de modernización, en constante ruptura, para intentar de asumir este patrimonio tan amplio. Los debates son numerosos y las políticas culturales se superponen, orientadas hacia su época, intentando siempre de adaptarse. En efecto Francia siempre ha tenido esta imagen de país de  cultura, sobre todo gracias a su capital París. Todavía ahora, Francia puede enorgullecerse para quedarse al primer rango de la jerarquía de los países los más visitados en el mundo. La cultura puede ser en crisis en Francia, y el objeto de varias polémicas, pero la imagen del país queda intacta. La política cultural en Francia entonces ha logrado la difusión de sus valores, el resplandor de su cultura en un nivel internacional, pero en cuanto a su difusión en su propio territorio, su acceso, y su atractividad, no parece que logró a alcanzar su objetivo. Es que la cultura en Francia se define no tanto en función de un inventario del patrimonio del país, sino más bien como una identidad compleja, plural y  sobre la cual en nuestra época, la política queda impotente.





BIBLIOGRAFIA

Web
-          www.culturecommunication.gouv.fr (sitio del Ministerio)
-          www.culture.gouv.fr
-          www.legifrance.gouv.fr
-          www.mediatheque.cite-musique.fr
-          http://www.tourismeculturel.net
Artículos

-          http://www.monde-diplomatique.fr/carnet/2010-07-20-Politique-culturelle#nb3 Articuló de la revista El mundo diplomático, edición francesa, el 20/07/2010



Trabajo realizado para la asignatura HISTORIA DE LA CULTURA, diciembre 2011.
















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