El público como tema de arte en la obra de E. Hooper


El museo Thyssen-Bornemisza de Madrid está presentando una retrospectiva del pintor estadounidense Edward Hopper (Nyack, Nueva York 1882 - Nueva York 1967)




De el ha escrito recientemente el crítico Carlos M. Luis
Hopper fue sin duda el filósofo visual de aquella época, que sin palabras pero con abundancia de imágenes, dejó para la posteridad un aspecto de la alienación que sufrían sus coterráneos. Si los pintores abstractos sembraron en el inconsciente la semilla que habría de florecer en sus respectivas obras, Edward Hopper sacó ese inconsciente a la superficie en un realismo que no hacia concesiones. Durante esa misma época un poeta andaba también buscando un lenguaje apropiado para su poesía meditativa: Wallace Stevens (1879-1965). En uno de sus versos Stevens se refirió a las “demarcaciones fantasmales” que se le aparecían. Esas demarcaciones podemos sorprenderlas en la centena de óleos que Hopper nos ha legado. En los mismos encontramos escenas dentro de cafeterías o bares que han sido reproducidas en anuncios comerciales para diversos productos, que nada tienen que ver con el mensaje de su pintura. Un ícono suyo: House by the Railroad (1925) pasó a figurar como la mansión fantasmal de Psycho, el inquietante filme de Alfred Hitchcock. La fuerza plástica de la pintura de Hopper resultó ser irresistible para los directores y escenógrafos del cine.
Edward Hopper es un caso especial dentro de la pintura contemporánea. Su realismo va mucho más allá, tocando zonas del espíritu colectivo no sólo de su país natal, sino del ser humano en general. La luz con la cual solía bañar su pintura proviene de muy lejos, posiblemente de las especulaciones místicas que llevaron a los maestros medievales a dejar que invadiera las catedrales, de Zurbarán iluminando a sus monjes, o de George La Tour dejando que atravesara las manos de sus personajes. Todas esas luces fueron a parar al dominio de Hopper convirtiéndose en su caso, en un instrumento para acentuar figuras humanas sorprendidas en sus bares, cafeterías, interiores, o mansiones que parecen deshabitadas. ¿Cómo fue que este pintor llegó a concebir ese extraño mundo de personajes desahuciados por la vida? El pintor puede darnos la respuesta en una de sus declaraciones: El gran arte es la expresión externa de la vida interior del artista, y esta vida interior se plasmará en su visión personal del mundo. Ningún tipo de habilidad inventiva puede reemplazar el elemento esencial de la imaginación…
Tuve ocasión de visitar recientemente la muestra en el Thyssen y me impresionó el recurrente tema de personas asistiento a espectáculos que Hooper retrató






Aqui cuelgo dos obras representativas de su trabajo
























Edward-hopper-un-mundo-de-silencio.html

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