Fomentar la inversión privada a la cultura


Dejo a su disposición parte de mi intervención titulada EL MAPA DEL MECENAZGO CULTURAL EN IBEROAMERICA, en el Encuentro Iberoamericano de financiación de la cultura, realizado en Lima, Perú en noviembre 2012.



(...)


El mecenazgo moderno de la cultura y las artes se beneficia en muchos países de la existencia de marcos regulatorios amplios con leyes orientadas a la promoción del aporte dinerario empresarial  hacia actividades de interés público y al patrocinio como mecanismo publicitario; cuenta además con una numerosa institucionalidad de promoción de los mismos.  Característica de este modelo es el reconocimiento explícito que se hace al aporte que los mecenas hacen a la cultura, haciéndolos salir del anonimato forzado que las leyes les imponían antaño. No obstante, el Estado sigue siendo un financista importante, pero sometido a criterios de regionalismo y subsidiaridad.

Fuente. El Comercio, Lima, 25 Nov 2012
En julio de 2011, el Parlamento Europeo publicó el estudio Fomentar la inversión privada en el sector cultural, que ya advertía que “la tendencia a exagerar el potencial del apoyo privado como alternativa al apoyo público es controvertida, porque los fondos privados están disminuyendo con rapidez durante el periodo de crisis y muchas conclusiones confirman que existe una correlación positiva entre las funciones del Estado y de la inversión privada en la cultura” (Europeo, 2011). Y ponía como ejemplo al Reino Unido, donde aunque se pretende que la financiación de la cultura sea una “economía de tres pies”, en la que cada fuente aporte un tercio de los ingresos, la financiación pública representa de media el 53% de los presupuesto, los ingresos propios un 33% y la inversión privada un 15 % (Vozmediano, 2012).



Hoy por hoy, y especialmente allí donde la crisis económica ha hecho más urgente asumir que el sector privado –empresas y personas-deben participar más activamente en el financiamiento de las iniciativas culturales y artísticas, el mecenazgo privado a la cultura se vuelve más acuciante. En efecto, tras varios años de “letargo” legislativo para el sector y con una legislación que bordea los cuarenta años de antigüedad, países como Francia y España se han visto en la obligación de tratar de introducirles reformas para hacer aún más atractiva la posibilidad de que las personas y las empresas hagan contribuciones a la cultura. Y está dando resultados.
En Francia el presupuesto de mecenazgo cultural, cuya caída había causado tanta preocupación en 2010, va en franco aumento  superando los 494 millones de euros este año frente a los 380 millones recaudados hace dos años. Prueba patente de la contribución de las empresas en tiempos de crisis: casi un tercio de las compañías francesas están involucradas en alguna forma de patrocinio, unas 40.000 empresas  frente a las 35.000 del 2010 (ADMICAL, 2012).
Durante la presidencia de Nicolas Sarkozy (2007 – 2012), la gran novedad fue la irrupción en el mundo del mecenazgo de las pequeñas y medianas empresas. El 2011, un 32 % de las empresas francesas con menos de 100 empleados se beneficiaban de estímulos fiscales, gracias a sus donaciones y mecenazgo filantrópico. Las PYMES francesas aseguran hoy el 93 % del mecenazgo nacional. El mecenazgo cultural solo es una parte del mecenazgo francés. El deporte, la educación, el medio ambiente, la investigación y la solidaridad internacional son otros terrenos privilegiados por las pequeñas y grandes empresas francesas que se benefician de los estímulos fiscales que permiten realizar actividades de difícil financiación pública (Quiñonero, 2012).

Y eso que Francia siempre ha estado por detrás en términos de filantropía corporativa, especialmente cuando se compara la situación con la de los países anglosajones. Esto se debía principalmente a la falta de incentivos jurídicos y fiscales para el patrocinio. Consciente de este retraso, el gobierno respondió finales de los 80 a través de mejoras en la fiscalidad de patrocinio (ley de julio de 1987 y julio de 1990), pero probablemente eran demasiado tímidos como para provocar un entusiasmo real por parte de las empresas, especialmente las pequeñas y medianas. Decididos a impulsar el patrocinio y fomentar el desarrollo de las fundaciones en el país, los franceses se empeñaron por lograr un sistema legal y fiscal más eficiente de incentivos al mecenazgo.
La ley del 1 de agosto de 2003 sobre el patrocinio, las asociaciones y las fundaciones y luego la Ley de 4 de agosto de 2008 sobre la modernización de la economía contribuyeron decididamente a ese impulso. Pese a todo, en Francia se entiende que el patrocinio es ante todo un acto de filantropía que puede llevarse a cabo sin el uso del incentivo previsto para ello en los impuestos.

La España actual, sumida en una profunda crisis económica, mira el modelo francés con indisimulada atención. Para muchos observadores, el fin de la cultura de la subvención sólo puede ponerse en marcha con una nueva Ley de Mecenazgo que incentive la financiación privada de la cultura, pero también en la educación, la ciencia y el deporte (Calderón, 2012; Cruz Sánchez, 2012; Fernández, 2011). El punto esencial debería ser la desgravación fiscal, que ahora es del 25% del IRPF en las donaciones individuales y del 35% en el Impuesto de Sociedades cuando se trata de empresas. El modelo ideal que se propone sería el que se aplica en Estados Unidos, pero también en Gran Bretaña y Alemania: la desgravación del 100%, aunque al final parece que la nueva Ley de Mecenazgo que se tramita se parezca más al “modelo francés”. En este caso, supone el 66% para personas y el 60% para  las empresas. 


El momento es evidentemente delicado, ya que el ajuste ha producido recortes importantes en la financiación estatal de la cultura. El presupuesto de la secretaría de Estado para 2012 es de 624 millones de euros, lo que representa un recorte del 15%, con descensos del 35% en el Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA), del 17% en el Instituto Nacional de Artes Escénicas y Música (INAEM), del 14% en el Reina Sofía y en la Biblioteca Nacional, etc. (hay que tener en cuenta que el gasto del Estado en cultura sólo representa el 16% del total; las comunidades autónomas corren con el 29% y los ayuntamientos, con el 55 %) (Papell, 2012).
El recién reformado Ministerio de Cultura español, ha sido  poco explícito con respecto a sus intenciones, pero por algunas declaraciones de sus personeros se desprende que la futura ley será ambiciosa en lo económico, con tendencia a parecerse al modelo francés. En efecto, en la actualidad, la legislación española de 2002 prevé unas deducciones del 25% en el IRPF y del 35% en el Impuesto de Sociedades; en Francia, los porcentajes son del 60% y del 70% respectivamente. En Francia donde se modificó la legislación en 2002, se pasó de recaudar 150 millones de euros aquel año a los 683 millones de euros en 2011.

En el Reino Unido tanto las empresas como los particulares se pueden desgravar del impuesto de sociedades o de la declaración de la renta las donaciones dirigidas a financiar actividades artísticas, siempre y cuando esas actividades no tengan como objetivo producir ingresos directos al donante. Sin embargo, esas donaciones solo supusieron el 16% del gasto en arte en el año fiscal 2009-2010, con una inversión privada total de 658 millones de libras (795 millones de euros), según la organización Arts & Business. Las diversas Administraciones públicas aportaron el 44% de los fondos, la lotería el 2% y la venta de entradas y productos el 38%. Del total privado, el 55% llegó de donaciones individuales, el 23% de donaciones de empresas y el resto de trusts y fundaciones (García, 2012).
Mientras en Italia las empresas y particulares pueden convertirse en mecenas con grandes ventajas fiscales. Una industria o un banco que decida donar una suma de dinero a un ente público para que se encargue de fomentar la cultura o directamente a un teatro, por ejemplo, deduce por completo la cuota en su declaración de la renta (100%). Si Ferrari invierte un millón de euros en sostener una ópera, supongamos, ese dinero se resta de los ingresos y la firma de coches no pagaría impuesto alguno. Si el patrocinador no es una empresa, sino un particular o una fundación, sus inversiones en cultura cargan con un 19% menos de tasas.
Este sistema funciona desde hace 10 años y se basa en la coordinación entre Hacienda y Cultura. El mecenas presenta su documentación al primer ministerio. El segundo supervisa el resto del proceso. El ministerio de “los bienes culturales” cruza los datos con los del fisco, averigua que la donación haya servido de verdad para financiar actividades culturales y finalmente da el visto bueno para que aquella suma no pese -o pese menos- en la declaración del inversor.
En el  país del Coliseo (restaurado a propósito gracias a la aportación del empresario de zapatos Diego della Valle), la institución más apoyada por agentes privados es el teatro de ópera más importante de Italia la Scala de Milán, que en 2010 recibió 7,8 millones de euros (frente a los cinco millones del año 2009). (García, 2012),
Mientras en Alemania tanto las personas físicas como las empresas pueden deducir de los impuestos hasta un 20% de sus donaciones a instituciones o actividades de utilidad pública. Se incluye a las culturales. En el caso de las empresas, podrán deducir sus donaciones como gastos de publicidad cuando obtengan una contrapartida de este tipo a cambio del patrocinio.
Las instituciones y las actividades culturales se financian sobre todo con dinero público. Según cálculos de la patronal alemana, la financiación privada cubre el 6% de los gastos culturales. En 2010, las instituciones públicas destinaron a cultura 9.600 millones de euros, un 4,1% más que en el año de la Gran Recesión de 2009. Las empresas privadas aportan unos 550 millones de euros anuales a actividades culturales.
Pero no se trata exclusivamente de un fenómeno europeo. Algunas naciones de nuestra región están avanzando en la conformación de regímenes legales específicos de estímulo al mecenazgo y patrocinio empresarial a la cultura. No sin resistencia, pues pese al amplio y extendido consenso existente sobre las evidentes bondades que el financiamiento vía mecenazgo de la empresa y las personas tienen para con el sector cultural, existen voces que se levantan en su contra en nuestra región. Los críticos de la participación privada en el financiamiento de la cultura lo presentan aún como una verdadera amenaza para la creación artística. (...)


 Antoine, C. (2012). El Mapa del mecenazgo en América Latina. Paper presented at the Encuentro Iberoamericano sobre financiación de la cultura. Una responsabilidad compartida entre el sector público y el privado, Lima, Perú. Ponencia retrieved from http://www.casasmuseo.es/index.htm






 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Cambios en la legislación sobre financiamiento privado a la cultura en Chile

Acceso a la cultura: La comunicación en los espacios culturales.

CONVERSATORIO SOBRE EL APORTE DE LA CULTURA EN LA CALIDAD DE VIDA