Museos Vacíos, la polémica

Hay pocas ocasiones en que los museos copan la atención de la opinón pública, al menos de aquella parte de la opinión publicada en las sección editorial de los medios.
Desda hace alguna semanas una interesante polémica se viene dando en el decano de la prensa nacional. Les copio la relación completa de cartas al director de el El Mercurio con el epígrafe MUSEOS VACIOS.

Museo de Biblioteca Nacional de España. Foto del autor


23 de octubre
Santiago cuenta con muchos museos de excelencia, que nada tienen que envidiarles a sus pares extranjeros. La única diferencia está en que los nuestros se encuentran vacíos durante los fines de semana.
El domingo visitamos el Museo Histórico Militar, y a fines de septiembre, el Museo Aeronáutico. Ambos tienen excelentes colecciones, presentadas en forma didáctica y atractiva, pero estaban prácticamente vacíos.
En un país donde se demanda con fuerza, y muchas veces violentamente un mayor acceso a la cultura, sería bueno preguntarse si este es un problema del Estado o parte por la ciudadanía.
Florencia Larraín V.

24 de octubre
Señor Director:
Tiene razón doña Florencia Larraín. Nuestros museos militares podrían tener más público que visite sus colecciones. Afortunadamente, no es un problema de Estado ni de la ciudadanía, sino de algo mucho más simple, su gestión.
Un reciente estudio de Carla Cari, alumna del Máster en Gestión Cultural de la Universidad de Chile, demuestra que dichos museos entregan su administración a miembros de las propias Fuerzas Armadas que carecen de la formación adecuada para atraer audiencias y de los recursos necesarios para divulgar sus colecciones.
Una corporación cultural de derecho privado sin fines de lucro, asociada a cada museo, podría subsanar lo declarado por la lectora y permitir aportes privados tanto al financiamiento como a la gestión profesional de ellos.
Arturo Navarro
Director Ejecutivo
Centro Cultural Estación Mapocho


25 de octubre
Primera cosa: ¡Qué bueno que los ciudadanos intercambiemos puntos de vista en torno a nuestro comportamiento en relación a los museos de Chile y, mejor aún, que usemos "El Mercurio" como medio de encuentro! Ello ya indica que el tema existe, y más relevante aún, ¡que nos importa!
Los hechos: en carta del martes, Florencia Larraín manifiesta que el domingo visitó dos museos (el Histórico Militar y el Aeronáutico) y que le llamó profundamente la atención que tuvieran pocos visitantes. Y se pregunta si ello es responsabilidad del Estado o de la ciudadanía. Al día siguiente, Arturo Navarro (director ejecutivo del Centro Cultural Estación Mapocho) le responde aludiendo que el problema es que ambos museos son administrados por las FF.AA., las que "carecen de la formación adecuada para atraer audiencias". Según él, "una corporación de derecho privado sin fines de lucro, asociada a cada museo, podría subsanar lo declarado por la lectora y permitir aportes privados" para el financiamiento y gestión profesional de ellos.
Comentarios: en la mayoría de los casos, las realidades responden a muchos factores y circunstancias. Aclarado aquello, me parece justo reconocer que ambos museos mencionados realizan un notable y noble trabajo interno y de contacto con la comunidad. Segundo, que en los últimos años en Chile han aumentado significativamente las visitas a los museos (cerca de 370 a lo largo del país) y, claro está, que ello puede aumentar mucho más todavía.
Quizás mucho del volumen de la concurrencia a los museos tenga que ver con la gestión y capacidad de difusión de sus colecciones de parte de cada institución. Pero no es menos cierto que otra parte importante tenga relación con cómo, desde el mundo de la educación, podemos impulsar la conciencia de que los museos son seres plenamente vivos que nos hablan a viva voz de lo que somos, y que por ello mismo conviene (además de estar atento al número de personas que los visitan) que nos preguntemos: ¿cómo son esas experiencias?, ¿dejan aprendizajes significativos?, ¿nos permiten adentrarnos en el espíritu de la época, sus conflictos y personajes?, ¿se generan diálogos fecundos entre los objetos, las obras de arte y nosotros como sujetos observadores?
Cantidad y calidad. Mejor gestión, más interactividad, más difusión, mejores relatos al interior de los museos, guías mejor preparados, museología más de vanguardia, curadores más en línea con las demandas ciudadanas, más impulso de parte de los colegios, muestras más reflexivas, espectadores con capacidad de asombro, voluntad y coraje para mirarnos; en fin, múltiples tareas por delante para que nuestros museos se conviertan en espacios ciudadanos de encuentro y significantes.
MAGDALENA PIÑERA ECHENIQUE
Directora Fundación Futuro

26 de octubre
En la reciente investigación que he realizado, "Museos de las FF.AA. y de Carabineros: Diagnóstico de su gestión cultural", pude establecer que este tipo de instituciones se encuentran entre las más visitadas del país.
Si bien, no existen datos unificados de todos los museos de Chile, sus cifras son muy superiores a los museos que dependen de la Dibam y que también son estatales. El Museo Histórico y Militar tiene más de 30 mil visitas anuales, el Museo Marítimo Nacional sobre 60 mil, y el Museo Nacional Aeronáutico y del Espacio recibe casi 112 mil personas al año.
La razón para la escasa concurrencia los fines de semana es que el 70% de sus audiencias son estudiantes, que acuden en horario escolar y porque, como señalan las encuestas, las familias no incentivan este tipo de actividades durante su tiempo libre.
Resultó evidente en el estudio que el mayor problema radica en su gestión cultural, la cultura debe incorporar en sus debates al Estado, a la ciudadanía y a quien quiera hacerse parte, pues sus problemáticas nos afectan a todos.

Carla Cari Correa
Gestora cultural

3 de Noviembre
Señor Director:
Llama la atención lo expresado por el señor Arturo Navarro en su carta del 24 de octubre, en relación con la deficiente "administración de museos militares por parte de miembros de las Fuerzas Armadas que carecen de la formación adecuada", más aún si se considera su reconocida experiencia en el ámbito cultural.
Como director del Museo Marítimo Nacional dependiente de la Armada de Chile, debo expresar mi total desacuerdo con lo expuesto en dicha carta, ya que este Centro Histórico Cultural Patrimonial recibe una gran cantidad de público, llegando a acudir en los últimos años sobre las 100 mil personas, situación que se replica en el Museo Monitor Huáscar.
El alto número de visitantes que recibe anualmente estos museos es producto de la gestión que pasa por sus directores y su equipo de profesionales, quienes trabajan día a día para acercar al público al museo, mantener diferentes actividades culturales en el edificio patrimonial y complementar su muestra histórica con otras del ámbito marítimo.
Sólo para señalar algunas acciones recientes, puedo citar: la implementación del proyecto "Ver sin mirar. Accesibilidad para discapacitados visuales"; incorporación de representaciones históricas como complemento a la muestra permanente, y el cambio de denominación a Museo Marítimo Nacional, el primer museo de carácter nacional asentado en regiones.
Finalmente, es necesario recordar que existe hace catorce años la Corporación Patrimonio Marítimo de Chile, que presta apoyo a todos los museos dependientes de la Armada de Chile y que estuvo a cargo de la construcción del Museo Corbeta Esmeralda en Iquique, principal obra patrimonial histórica cultural construida para la celebración del Bicentenario de la nación.
Todo lo anterior se realiza con un esfuerzo enorme de todas sus dotaciones, ya que los recursos de que disponen para este tipo de actividades no están contemplados en el presupuesto de Defensa, y la mayoría de las veces provienen de donaciones privadas.
Cristián del Real Pérez
Contraalmirante IM (r) Director Museo Marítimo Nacional


16 de noviembre

Visitar museos puede ser una práctica frecuente, pero también una actividad ocasional e incluso una experiencia desconocida, como se menciona en las numerosas cartas que tratan el tema.
Las miradas se han centrado más bien en la gestión y difusión de las colecciones. Si se tiene presente que éstas son funciones primordiales de las actividades que debe realizar una institución de este tipo, queda claro que para fortalecer la llegada del público se requiere de un plan de desarrollo que apunte a acercar las audiencias objetivas del museo, adecuando, por ejemplo, la museografía y discurso a ese propósito.
El mayor desafío que hoy se presenta para lograr lo anterior se centra en que ofrecer cultura o muestras científicas se encuentra en competencia con actividades en relación al ocio, en su acepción contemporánea ligada a la recreación y alejada del tiempo dedicado a reflexionar sobre política o la vida como en la antigua Grecia. De manera que el tiempo libre del que disponen las personas significa convertir las visitas a museos en infrecuentes en comparación al consumo cultural de masas.
¿Qué hacer entonces? Seguramente, la respuesta opera a partir de un par de salidas posibles: La primera, apunta a conocer el perfil de nuestros visitantes; estar en contacto con ellos para conocer sus necesidades, comportamiento e intereses culturales y de entretención, tema que ha entrado con fuerza dentro de las actividades museológicas.
La segunda, la formación de públicos jóvenes y el desarrollo de programas específicos para este segmento de visitas, así como un constante evaluar para mejorar las relaciones público-museo y enriquecer su experiencia dentro del museo.
Marisol Richter
Directora Museo de Artes Universidad de los Andes

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