Un siglo de estudios de públicos de los museos: Benjamin Gilman, el pionero.





I.                   Presentación

Parece una actividad rutinaria, nada fuera de lo común y por lo mismo, carente de emoción. No hay museo del mundo al que no le interese saber algo del público que lo visita. En realidad cuesta imaginar la existencia de una organización cultural, museos incluidos por cierto, que no realice de alguna forma más o menos consciente, una serie de estrategias para recabar información a propósito del público que acude. Pero hace cien años a casi nadie se le había ocurrido algo así. Mostrar atención por las audiencias era toda una novedad, especialmente si tomamos en cuenta los milenos de historia que acumulan en su espalda las “casas de las musas”.
Lo que ocurre es que en estas últimas décadas hemos sido testigos como los museos –al igual que otras instituciones culturales como las bibliotecas, centros culturales y zoológicos- están viviendo un  desplazamiento de su “centro de gravedad” desde la atención absoluta por la colección que custodian hacia el reconocimiento y valoración progresiva del lugar que ocupan los destinatarios de las acciones del museo en torno al patrimonio que se conserva. La transición se expresa en el renovado interés que en la actualidad despiertan los estudios de público de museos. Una actitud que se apresta a celebrar sus cien años.

El pionero fue Benjamin Gilman (1852-1933), curador del Museo de Finas Artes de Boston, en Estados Unidos a comienzos del siglo pasado. El Museo de Bellas Artes de Boston, Massachusetts, es uno de los museos más importantes de los Estados Unidos y contiene la segunda colección permanente más grande en ese país, tras la del Museo Metropolitano de Arte en Nueva York. Fue creado en el año 1870 y se inauguró en 1876, con una gran parte de sus colecciones tomada de la galería de arte del Ateneo de Boston. 


 http://blog.art21.org/2011/05/16/better-not-bigger-what%E2%80%99s-next-for-art-museums/#.VA4LOPmwa4I


 El trabajo que  Gilman  publicó en 1916 en la revista Scientific Monthley sobre la fatiga de los visitantes de los museos, es hasta donde sabemos una de las investigaciones pioneras en los que posteriormente se conocerían como “estudios sobre visitantes”[i]. 


La Investigación de Público, también conocida como estudios de público, evaluación o investigación de mercado, es una disciplina de la museología que trata de descubrir información sobre los visitantes a las instituciones culturales, tales como la demografía, el comportamiento, la satisfacción, los hábitos de ocio y los resultados del aprendizaje. La investigación de audiencias tiene una larga historia de prácticas en los museos, y hay un gran cuerpo de literatura y metodologías desarrolladas para su uso en una amplia variedad de contextos.
Según lo recuerda Screven (1999),  Gilman fotografió a los visitantes de los museos para demostrar que el cansancio era el resultado de un diseño inadecuado de las vitrinas de exposición. El novel investigador de las audiencias museales llegó a la conclusión que el diseño de las vitrinas debía contemplar los aspectos físicos y psicológicos de los asistentes a las exposiciones para aumentar la atención de los usuarios. La ergonomía entraba también en escena en los museos.


II.                Desarrollo
Los estudios de público intentan objetivar la experiencia simbólica de los interlocutores, destinatarios o beneficiarios de una propuesta artística o servicio cultural. Cada vez que hay interacción entre la institución y sus usuarios se intenta precisar las realidades heterogéneas y complejas relaciones que encierran, así como las formas de apropiación, las preferencias e incluso la construcción de tipologías de uso en relación a un bien cultural, aspecto poco explorado en el contexto del diseño de las políticas culturales. Los estudios de públicos de museos abordan la variedad de comportamientos, actitudes, hábitos culturales y construcciones imaginarias relacionadas con la forma en que las personas usan el tiempo libre y los espacios de recreación e información. Esta definición pone en relieve la dimensión política del campo cultural al observar cómo los sujetos sociales utilizan el tiempo libre, momento o lapso para motivar, impedir, sentir o actuar en su construcción como ciudadanos, consumidores y otras categorías (García Canclini 1989).
En los museos, el aspecto menos conocido de su desempeño es precisamente sus públicos (García Canclini 1987) El asunto es que si un museo puede recolectar información de sus audiencias tal vez pueda entonces tratar de responder la pregunta: ¿Por qué la gente viene a este museo? También debiera servir para averiguar ¿por qué la gente (estudiantes, adultos mayores, etc.) no viene al museo? El conocimiento sobre los públicos puede esclarecer dudas sobre la baja asistencia, o por el contrario, la alta afluencia que impide brindar atención de calidad, impacto comunicacional y educativo de sus exposiciones,  etc. Parece una preocupación natural. Y contemporánea. 


 https://archive.org/stream/jstor-6127/6127#page/n1/mode/2up

Pero para ser justos con la Historia, en estricto rigor debemos mencionar que las primeras aproximaciones a un enfoque investigativo centrado en los asistentes a los museos, más que en las propias colecciones, datan no obstante de comienzos del siglo XX. En efecto, a fines de la segunda década del siglo pasado, la American Association of Museums (AAM) ya estaba realizando encargos para confeccionar los primeros estudios sobre el público de museos, aunque centrados casi exclusivamente en el comportamiento de los visitantes. El trabajo que Benjamin Gilman  publicó en 1916 en la revista Scientific Monthley sobre la fatiga de los visitantes de los museos teniendo como experiencia de campo al museo bostoniano, fue la investigación pionera en lo que posteriormente se conocerían como “estudios sobre visitantes”.

Prestemos un poco de atención a lo que había sido hasta comienzos del siglo XX la evolución de la atención que el museo ha prestado a las audiencias. En todo caso, cuando existió algo parecido ella siempre había surgido como un corolario de su función de puesta en valor de una colección.  En efecto, con el cambio social y político que a partir de la Revolución Francesa determinó la emergencia de las clases medias en el siglo XIX, y la aparición del ocio y las necesidades de formación y educación como una consecuencia de esos cambios, los museos que hasta aquel entonces habían cumplido más que nada una tarea de almacenamiento, debieron comenzar a preocuparse por el público (Alexander & Alexander, 2008; Bazin, Casanova Viamonte, & Massot Gimeno, 1969).

En 1918 Gilman publicó el libro Museum Ideals of Purpose and Method.



Gilman se centró en los problemas físicos experimentados por los visitantes al mirar exhibiciones mal diseñadas que él sintió cumplían con  una prerrogativa estética y conservacionista antes que dirigida hacia los visitantes. Esto tuvo como resultado lo que llamó ''fatiga de museo'' un término que todavía es extensamente utilizado en museos hoy en día. Gilman pasó muchas horas estudiando y fotografiando a visitantes en una serie de posiciones incómodas mientras observaban exhibiciones y vitrinas en museos. La significancia de su trabajo está en las sencillas, pero sensatas recomendaciones que él hizo para el diseño de exposiciones que todavía resuenan hoy. Su trabajo también formó las bases de lo que llegaría a ser un campo rico y prolífico de la práctica de museos (Kelly, 2004).
Vale la pena acotar que Gilman, que había estudiado Psicología en la Universidad Johns Hopkins, se había formado con el reconocido funcionalista  Charles Sanders Peirce, considerado el fundador del pragmatismo y el padre de la semiótica moderna.
Influenciado por los estudios de comportamiento y consecuente con su adscripción al pragmatismo funcionalista, en 1916 Gilman presentó un original estudio sobre los problemas físicos que afectan a los visitantes por las exposiciones mal planteadas  en los museos. 


 http://blogcentroguerrero.org/2007/10/manual-de-uso-del-museo/



Eloísa Pérez Santos (2008) aporta además que es probable que fuera sir Francis Galton  (1822–1911), el eminente explorador e investigador británico considerado el precursor de la Psicología Diferencial, la Estadística y la evaluación de las características psicológicas en todo el mundo, el primero en dedicarse en sus ratos libres, a observar y analizar el comportamiento del público en las salas de exposición de los museos victorianos de su época.


La larga historia de investigación de público (sondeos de opinión) en el sector cultural demuestra el interés que los museos han tenido sobre sus visitantes con el tiempo. Se han realizado estudios desde finales del siglo XIX, con uno de los primeros emprendidos con los visitantes al Museo de Liverpool, en el Reino Unido, hacia el 1880 (Kelly, 2004). Lo que destaca de estos primeros trabajos es que forman los cimientos de la base teórica, los métodos empleados y el uso de la investigación de público en el museo contemporáneo. Benjamin Gilman se centró en los problemas físicos experimentados por los visitantes al mirar exhibiciones mal diseñadas que él sintió cumplían con  una prerrogativa estética y conservacionista antes que dirigida hacia los visitantes. Esto tuvo como resultado lo que llamó ''fatiga de museo'',  un término que todavía es extensamente utilizado en museos hoy en día. Gilman pasó muchas horas estudiando y fotografiando a visitantes en una serie de posiciones incómodas mientras observaban exhibiciones y vitrinas en museos. La significancia de su trabajo está en las sencillas, pero sensatas recomendaciones que él hizo para el diseño de exposiciones que todavía resuenan hoy. Su trabajo también formó las bases de lo que llegaría a ser un campo rico y prolífico de la práctica de museos. Eduardo Robinson y Arthur Melton avanzaron en este primer trabajo a través de la medición de la eficacia de exhibiciones en promover el aprendizaje de visitante. Estos investigadores fueron influidos por movimientos en Estados Unidos en los años veinte y treinta para ver museos como instituciones públicas –lugares para la '"masa"'- antes que para grupos de interés exclusivos. El papel de sondeo de opiniones fue valorado como una manera de demostrar resultados educativos a través de grupos socioeconómicas más amplios: Robinson creyó que los museos ofrecían al público una oportunidad educativa extraordinaria que podría ser conocida sólo si las exhibiciones de los museos y sus programas fueran innovadores. Además, fue esencial evaluar toda innovación hecha, para asegurar que el público se hubiese beneficiado realmente.
Siendo sicólogos, los métodos utilizados por Robinson y Melton a menudo se basaron en conducta, como registrar rutas del visitante y tiempo gastado en el museo, así como estudios experimentales y pruebas educativas (Kelly, 2004).


III CONCLUSIONES
A partir de los trabajos de Gilman una serie de museos y otros especialistas continuaron una senda de estudios dedicados a observar el comportamiento y las características de los visitantes de museos que, con altos y bajos no se ha detenido hasta nuestros días.
En 1925 la Asociación Americana de Museos encargó un estudio sobre el comportamiento de los visitantes a Edward S. Robinson, profesor de Psicología de la Universidad de Yale, que fue publicado en 1928 con el título “The behavior of the museum visitor”.  En los años veinte, Otto Neurath aplicó el primer modelo de metodología orientada a los visitantes en una exposición educativa sobre el cambio social realizada en el Museo Social y Económico de Viena[i]. Edward S. Robinson y Arthur Melton, observaron por su parte entre 1928 y 1931 cuatro aspectos del comportamiento del público de los museos: duración de la visita, número de salas visitadas, número de obras atendidas en cada sala y tiempo de parada en cada obra. Esos datos permitieron reconocer, al decir de Screven (1993:7 y ss), patrones de conducta de acuerdo con la arquitectura, la fatiga del visitante, la disposición de la exposición y las etiquetas explicativas. En 1930, Paul Rea realizó en 75 museos norteamericanos las primeras estadísticas anuales de número de entradas en el marco de una investigación sobre el Análisis del Público (Rea, 1932). Mientras que en 1960 el Milwaukee Public Museum fundó un departamento especial para conducir las evaluaciones de público, siguiendo una línea de trabajo que había abierto dos años antes la Smithsonian Institution.


[i] Para empezar, cada ‘mensaje’ de la exposición fue analizado; a continuación se prepararon los gráficos y otros elementos de la exposición y, por último, se procuró mejorar la calidad mediante pruebas prácticas. Este proceso, denominado método isotype (acrónimo en inglés de ‘sistema internacional de educación pictórica tipográfica’), tenía en cuenta las necesidades de los visitantes y los objetivos de comunicación. A continuación, se adoptaron los diseños que mejor cumplían con esos objetivos, anticipando así lo que más adelante se consideraría un criterio para la planificación y el desarrollo de exposiciones basadas en los estudios de visitantes” (Screven, 1993:8).




[i] La fatiga museal podemos definirla como aquel cansancio que experimenta el visitante cuando asiste a cualquier centro de educación no formal. Este cansancio será tanto físico como mental. García Blanco señala una serie de causas que pueden influir en ella: edad, tiempo de la visita, compañía durante la misma, motivación que invita al visitante a asistir al museo, las expectativas que posee acerca de la exposición, el tipo de museo, tamaño, nivel de instrucción del visitante, entorno social que le acompaña, número de visitantes que concurran al  museo Colino Polo, F., & De la Peña Alonso, P. El cansancio en los museos (pp. 8).

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